Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
El Año Jubilar se orienta hacia las últimas celebraciones antes de su clausura el 28 de diciembre en las diócesis y el 6 de enero en Roma. La esperanza está siendo la clave de orientación y el sentido de su contenido.
El Adviento, tiempo de gracia que comenzamos a vivir desde este domingo, se caracteriza especialmente por la esperanza. Tomamos conciencia, una vez más, de que no solamente esperamos algo (un cielo nuevo y una tierra nueva), sino que vivimos en expectación permanente orientando nuestra vida hacia el Señor que llega, porque Él es nuestra esperanza. Esperar no es aguantar, sino caminar en dirección hacia el Esperado, que se aproxima, se acerca, adviene en el tiempo y en el espacio.
La clave cronológica la define el tiempo delimitado por cuatro domingos. Pero el espacio se ensancha porque conmemoramos la venida histórica de Jesús en la humildad de Belén, aguardamos su retorno definitivo al final de la historia y, entre estos dos polos, experimentamos su continua presencia en la palabra proclamada, en los sacramentos celebrados, en la Iglesia peregrina y en los pobres, con los que Cristo se identifica.
En este Adviento Jubilar conocemos el perímetro, el contorno, y también el contenido. Adviento es tiempo y experiencia, son semanas, días y horas que se distinguen por su textura, sus sabores, sus colores y la luz tamizada y expansiva que crece hasta hacerse esplendente, porque es resplandor que expresa a Jesucristo, que es la auténtica y definitiva luz del mundo.
Conjugamos el verbo esperar en primera persona del singular, con nuestros peculiares rasgos y circunstancias, y también lo hacemos en primera persona del plural, porque somos un pueblo en camino que sale al encuentro del Señor que viene. El “nosotros” expectante acentúa la dimensión eclesial de nuestra espera. Esperar no es solamente aguardar, ni resistir, ni dejar pasar el tiempo, sino vivir el tiempo en toda su intensidad y descubrir su centro en Cristo vivo: “Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor” (Sal 27[26],14).
Se trata de una espera confiada, activa, alegre, expectante, en camino, que sabe reconocer signos de la presencia del Señor, porque no esperamos a un ausente, sino que reconocemos a Alguien que se pone a caminar a nuestro lado, como escribe san Lucas en la narración de los dos discípulos que se dirigían a Emaús: “Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,15).
¡Santo y feliz Adviento!
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.
Julián Ruiz Martorell, obispo de Sigüenza-Guadalajara
NOTA DE LA REDACCIÓN: EL HERALDO DEL HENARES acepta el envío de cartas y artículos de opinión para ser publicados en el diario, sin que comparta necesariamente el contenido de las opiniones ajenas, que son responsabilidad única de su autor, por lo que las mismas no son corregidas ni apostilladas.
EL HERALDO DEL HENARES se reserva la posibilidad de rechazar dichos textos cuando no cumplan unos requisitos mínimos de respeto a los demás lectores o contravengan las leyes vigentes.
El Heraldo del Henares
