Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
El 1 de septiembre se celebra la X Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. León XIV ha escrito un mensaje titulado “Semillas de paz y esperanza”, en el que nos recuerda que Jesús utiliza la imagen de la semilla para hablar del Reino de Dios y se compara a sí mismo con el grano de trigo que debe morir para dar fruto (cf. Jn 12,24).
El Papa escribe: “La semilla se entrega por completo a la tierra y allí, con la fuerza impetuosa de su don, brota la vida, incluso en los lugares más insospechados, con una sorprendente capacidad de generar futuro”.
León XIV afirma que “el Espíritu de Dios es capaz de transformar el desierto, árido y reseco, en un jardín, lugar de descanso y serenidad” y cita al profeta Isaías: “hasta que sea infundido en nosotros un espíritu desde lo alto. Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque. En el desierto habitará el derecho y la justicia morará en el vergel. La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre. Mi pueblo habitará en un lugar de paz, en moradas seguras, en descansos tranquilos” (Is 32,15-18).
Según estas palabras proféticas, de gran actualidad, la justicia y el derecho parecen arreglar la inhóspita naturaleza del desierto. Nuestra tierra se deteriora en diversas partes del mundo. Además, “la injusticia, la violación del derecho internacional y de los derechos de los pueblos, las desigualdades y la codicia que de ellas se derivan producen deforestación, contaminación y pérdida de biodiversidad”.
Destruir la naturaleza, pisotear la justicia y la paz tienen consecuencias sobre los más pobres, marginados y excluidos. Según el mensaje pontificio, la creación “se transforma en un campo de batalla por el control de los recursos vitales, como lo demuestran las zonas agrícolas que se han vuelto peligrosas debido a las minas, la política de la «tierra arrasada», los conflictos que se desatan en torno a las fuentes de agua, la distribución desigual de las materias primas, que penaliza a las poblaciones más débiles y socava su propia estabilidad social”.
Los textos bíblicos nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo (cf. Gn 2,15). Citando el número 67 de Laudato si`, León XIV explica: “»Labrar» significa cultivar, arar o trabajar, «cuidar» significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar”.
La justicia ambiental no es un concepto abstracto un objetivo lejano, sino una cuestión de justicia social, económica y antropológica”.
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.
Julián Ruiz Martorell, obispo de Sigüenza-Guadalajara
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