Las campanas suenan distintas el Domingo de Ramos. No es solo el bronce lo que vibra, sino una memoria colectiva que despierta con el olor a incienso, el rumor de los pasos y ese murmullo tembloroso de las palmas agitándose al viento. Es el día en que la ciudad vuelve a latir en otra cadencia: la de la fe, la tradición y la emoción contenida.
Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre. Fotografías de Cuka Leyre
Y hoy, Guadalajara ha vivido eso en una de las celebraciones más populares de su Semana Santa con la procesión del Domingo de Ramos, conocida popularmente como la Borriquilla.
Miles de vecinos y visitantes se han congregado en las inmediaciones de la iglesia de San Ginés y resto de recorrido, para conmemorar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, en un acto que marca el inicio oficial de la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Regional desde 1999.

La procesión salió a las 11:15 horas de la iglesia de San Ginés, tras la bendición de palmas y ramos de olivo, símbolos de vida y victoria, y recorrió la Carrera y plaza de Bejanque hasta llegar a la iglesia de san Francisco (El Fuerte), acompañada por representaciones de casi todas las cofradías de la ciudad.
La Banda de Cornetas y Tambores Nuestro Padre Jesús Nazareno y Banda de Tambores de la Cofradía de la Pasión del Señor pusieron la nota musical solemne, lo que elevó la emoción colectiva del paso religioso.

Para muchos, el Domingo de Ramos no es solo una fecha en el calendario litúrgico; es un punto de encuentro entre lo cotidiano y lo trascendente. Es la entrada en Jerusalén, sí, pero también la entrada en ese mes del año en que el alma parece querer reconciliarse con lo sagrado. ¿O no?
Y así, entre ramas, oraciones y miradas al cielo, empieza una semana que no sólo cuenta una historia, sino que invita a sentirla. La Semana Santa comienza, y con ella ese leve temblor del alma que sólo la fe puede explicar.

Pero entre el fervor y la rutina, surge una pregunta que este ciudadano de a pie se hace hoy: ¿vivimos estas celebraciones por auténtica fe o por costumbre social, por ese deseo de no romper con la tradición heredada de padres a hijos?
Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que el Domingo de Ramos sigue siendo, año tras año, una cita ineludible con la identidad y el fervor colectivo de nuestra ciudad y una fiesta de paz y esperanza en la tradición cristiana.
El Heraldo del Henares