Marty Supreme: triunfar cueste lo que cueste… incluso caerte mal.
Ping-pong en los años 50, drama moral y ganas de Oscar.
Joshua Safdie lleva años haciendo ruido con su cine acelerado y de intensidad máxima.
El director
Antes de Marty Supreme ya dejó huella con Good Time y Uncut Gems (ambas con su hermano Benny Safdie), dos pelis que te dejan el corazón en la garganta y sin respiro.
Aquí, en su primer proyecto “grande” sin Benny, mantiene esa cámara casi al límite, ritmo endiablado y personajes extremos, pero con un presupuesto y reparto de estrellas que hacen que lo indie choque con lo mainstream de frente.
Cutrecomentario
Voy el día del estreno con el runrún de premios en la cabeza…
Está nominada a nueve Oscars (incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección para Joshua Safdie y Mejor Actor para Timothée Chalamet) y arrasa en nominaciones por todas partes.
Además ya ha ganado el Globo de Oro al Mejor Actor en comedia o musical para Chalamet y ha tenido presencia fuerte en los BAFTA y sindicatos de guionistas, aunque en algunos casos se quedó en nominación.
La peli está ambientada en los años 50, cuando Estados Unidos aún vivía la euforia de la posguerra y los japoneses estaban marginados de las competiciones internacionales tras la Segunda Guerra Mundial, y por primera vez se celebra un torneo internacional de tenis de mesa (ping-pong) que pone frente a frente a rivales de ambos países (algo que en la peli se explora como rivalidad cultural y deportiva).
El protagonista, Marty Mauser (inspirado libremente en la leyenda del ping-pong Marty Reisman), es un buscavidas del hambre y la ambición: miente, engaña, se mete en líos, traiciona… y aún así te obliga a mirarlo.
Un tipo que, si existiera en persona, te haría desear que hubiera un torneo de ping-pong solo para no cruzártelo nunca.
El tono general es frenético y ruidoso: gritos, montajes rápidos, estrés, carreras y decisiones morales cuestionables que hacen que el espectador se pregunte si está viendo un drama, una comedia negra, o la biografía de un ego con paleta.
Odessa A’zion, por su parte, da vida a otra luchadora imparable; su química con Marty es combustible para el fuego dramático.
En los secundarios, Abel Ferrara se marca un papel tremendo, y cuando aparece en pantalla se come el plano sin pedir permiso.
Y ojo también a Gwyneth Paltrow, que regresa con una presencia elegante y metálica, añadiendo un punto de glamour inesperado a esta montaña rusa de ping-pong y ambición, con presencia física y dramática que sostiene momentos potentes de la historia, algo que realmente levanta el film cuando la energía masculina tóxica amenaza con devorarla.
La historia de fondo —la rivalidad japonesa-americana en el deporte en ese momento histórico— aporta un contexto curioso, aunque no siempre del todo explorado.
Se siente más como una excusa para el duelo de egos que como una reflexión profunda sobre culturas enfrentadas, pero ahí está.
La peli ha recibido comentarios muy contradictorios: algunos medios la alaban por su energía y la actuación de Chalamet, calificándola como una experiencia cinematográfica intensa y memorable; otros critican lo caótico del relato y la forma en que presenta al protagonista como alguien antipático sin redención clara.
¿Me ha gustado? A medias.
Es potente, técnicamente bien hecha y con actuaciones que valen la pena… pero su protagonista da ganas de abrazar una paleta y golpearla contra la pantalla de lo insufrible que puede resultar.
Aun así, entiendo por qué está donde está: ambición, riesgos, historia y premios. Eso vende. Y si lo juntas todo, te queda un cocktail con hielo… y una pelota de ping-pong dentro.
Mi puntuación: 6,55/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media
El Heraldo del Henares

