martes , 29 noviembre 2022

7 de noviembre de 1867 – 2022,  homenaje a Marie Curie

Son 155 años de un rayo de esperanza.

El 7 de  noviembre  de 1867, nació en Varsovia,  María  Sklodoswka, más conocida como Marie Curie.  

Esta valiente luchadora Necesitó salir de su país (ocupado entonces por el imperio ruso) para inscribirse en la Universidad, ya que en Polonia no podía inscribirse,  por ser mujer.

Estudió clandestinamente en la «universidad flotante» de su país. Pero ella quería graduarse e investigar. Por eso tuvo que emigrar. En el siglo XIX la mujer era difícilmente aceptada, social y académicamente en paridad de derechos con los varones.

A los 24 años, en 1891, viajó con su hermana a París, donde con muchas penurias pudo salir adelante (estudiaba de día y daba clases por la noche).  

En 1893 recibió su licenciatura en Física y comenzó a trabajar en un laboratorio industrial del profesor Lippmann. Así pudo culminar sus estudios y llevar a cabo sus trabajos científicos.

Compartía la inquietud científica con Pierre Curie y se casaron en 1895. Trabajaban casi sin descanso, porque les apasionaban los fenómenos de la radiación que emitían ciertos elementos.

Justamente en 1895  Wilheim descubrió los rayos X. Al año siguiente, Antoine Henri Bacquerel, descubrió que el uranio emitía radiaciones. Pierre Curie, utilizó técnicas piezoeléctricas. Marie, pudo medir las radiaciones de  un mineral que contiene uranio como es la Pechblenda. Comprobó que las radiaciones eran más intensas que el uranio, con lo que podían contener algún otro elemento desconocido. Pudo describir los elementos que emiten radiaciones cuando se descomponen sus núcleos.

Aconsejada por Pierre, Marie escoge la radiactividad como tema para su tesis. (Marie es la primera  en utilizar el término radiactividad). Descubre que los residuos de la petchblenda (un mineral de uranio) emiten más radiactividad que el propio uranio. Sospecha que este mineral contiene un elemento radiactivo desconocido. Después de larga investigación descubre que serían necesarias 8 toneladas de petchblenda para 1g de cloruro de radio puro.

En 1898 el matrimonio, Pierre y Marie Curie,  anunció el descubrimiento de dos nuevos elementos: el «radio» y el «polonio» nombre que le dieron por ser ella polaca. El estudio de la radiactividad le llevo a hacer los primeros ensayos para el tratamiento de algunas enfermedades.

En marzo de 1902, la Academia de Ciencias de Francia apoyó financieramente la investigación con el radio, con un  préstamo de 20 000 francos a Marie Curie

El 25 de junio de 1903, Marie Curie defendió su Tesis Doctoral Investigaciones sobre las sustancias radiactivas, dirigida por Becquerel ante un tribunal presidido por Lippmann. Obtuvo el Doctorado cum Laude.

A final de ese mes, los Curie fueron invitados por  La Real institución de Gran Bretaña para dar una conferencia sobre la radiactividad. Pero…los británicos no permitieron a Marie Curie intervenir, por ser mujer. Solo pudo hacerlo Pierre. Al año siguiente, la disertación de Marie Curie se tradujo a cinco idiomas y fue reimpresa diecisiete veces.

Comenzó a desarrollarse una nueva industria basada en el elemento radio, pero como los Curie no habían patentado el invento, quedaron excluidos de las posibles y previsibles, ganancias.

A finales de 1903, fue otorgado el Nobel de Física a Antoine Henri Becquerel, Pierre Curie y Marie Curie.

Cada destinatario recibe una medalla, un diploma y un premio económico que ha variado a lo largo de los años, en una ceremonia que se celebra  el 10 de  diciembre.

Parece que hubo cierta reticencia en otorgar a Marie el premio Nobel. Al enterarse Pierre, consciente del trabajo de su mujer, amenazó con rechazar el premio a él concedido,  y que no iría a recogerlo, si era excluida Marie. Conscientes los otorgantes del Nobel del posible rechazo, y la repercusión negativa para el Nobel y para su país, terminaron con la polémica misógina de la exclusión a la mujer.

El 19 de abril de 1906, fallece Pierre Curie atropellado por un coche de caballos.

El trabajo con elementos radiactivos, era y es, potencialmente peligroso. Manejarlo en tubos de ensayo no concede gran protección personal. Como ella misma dijo: «dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender».

 Pero el riesgo de investigar y manejar esos elementos existe,  como confirmó el Dr. Tobé, años más tarde:  «La enfermedad que se la ha llevado es una anemia perniciosa aplásica de curso rápido, febril. La médula ósea no ha reaccionado, probablemente porque estaba alterada por una gran acumulación de rayos».

En 1909 se produce otro hecho importante. Conscientes de que los Curie habían desarrollado sus investigaciones en condiciones muy precarias y penosas, la «Université de Paris« y el  «Institut Pasteur» decidieron construir un laboratorio para Marie:«Institut du Radium».

 En 1911 le fue concedido el premio Nobel en Química. Incansable, continúa sus investigaciones hasta obtener radio en forma metálica.

Se comprobó que las emanaciones de radio, parecían acelerar la curación de ciertas heridas.

En 1914  estalla la Primera Guerra mundial. Marie, una mujer comprometida además de científica, le haabía sido concedida la nacionalidad francesa y fue voluntaria al frente, para para ayudar, con su  «petite Curie», un mini-vehículo equipado con material radiológico móvil. Formó a su hija Irene de 18 años como enfermera para que pudiera ir a los hospitales de campaña a hacer radiografías.  Era muy arriesgado, ir a la guerra y más llevar a su hija al frente para manejar y ayudar sanitariamente con las radiografías.

Al concluir la guerra, en 1921 hizo una gira dando conferencias por Estados Unidos, que habían organizado una gran colecta para comprar para ella 1 gramo de Radio, en Pittsburgh.

En 1929 sus admiradoras estadounidenses le regalan otro gramo de radio que Marie donó a la Universidad de Varsovia. ¡Nunca se olvidó de su país!

(Nota: su hija y el marido, Joliot, recibieron, en 1935, el premio Nobel en Física por el descubrimiento de  la radiactividad artificial).

En 1995,  sus restos fueron trasladados al Panteón de Hombres Ilustres por méritos propios, junto a setenta hombres. No hay en la República Francesa mayor honor. Los restos de Marie y su esposo, Pierre Curie, pasaron  a ese  Panteón de París, donde los grandes hombres, reciben el reconocimiento de la Patria.

Ni la historia ni la vida se detienen.

La vida es muy sabia y va acercando a donde tenemos que ir. Parece que lo importante es estar siempre dispuestos a aprender.

Lo digo porque no hace mucho escribí sobre «el lazo rosa», para animar a pacientes con posible cáncer de mama; además por tener familiares y amigas en tratamiento; y también, porque en la última revisión me diagnosticaron cáncer de próstata.

Curiosamente, sin haber elegido la clínica GenesisCare en Guadalajara, me  fue asignada.  Siendo un centro pequeño y cercano no deja de sorprenderme. Es un Centro especializado en tratamientos de Oncología Radioterápica y de referencia para el área sanitaria de Guadalajara. Está concertado con el Servicio de Salud de Castilla La Mancha (SESCAM).

Presta atención a pacientes del sistema público, pacientes privados y de las distintas compañías aseguradoras.

Desde el principio, en este centro, me encontré con Marie Curie y su  famoso rayo, al sentarme en un despacho.La imagen que encabeza este escrito es de allí. Así que a punto de concluir las sesiones de radioterapia asignadas, cada día me convenzo más de que, como diría Pierre Curie: «il faut faire de la vie un rêve et faire d´un rêve une réalité» (Hay que hacer de la vida un sueño y de un sueño una realidad).

¿Por qué no puede ser un sueño que 155 años después, el legado de la familia Curie, siga salvando vidas’

De una forma o de otra, hay mucha gente atrapada y esperanzada en ese rayo, según lo que estamos viendo y nos cuentan, tanto en los tiempos de espera como en los pueblos alejados, que tienen más difícil los desplazamientos.

José Manuel Belmonte

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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