martes , 16 octubre 2018
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Despertar la paz es despertarse

La paz es un estado, que aúna voluntad y justicia. Todo en uno. Es dinámica siempre. Es búsqueda, es trabajo y además gozo. Es la forma de crecer como humanos, con interior sosiego y derramando tranquilidad hacia afuera. Es todo lo contrario de agitación, provocación o guerra.

Cuando las imágenes de las cadenas de televisión, producen asombro o intranquilidad en los hogares, también alteran a las personas. Cuando quien debiera hacer una llamada al respeto, a la educación y a la solidaridad, no lo hace se produce un vacío de autoridad y liderazgo. Cuando algunas personas y/o colectivos exigen derechos a gritos o por la fuerza, sin tener en cuenta a los demás, hay peligro para la convivencia.

Es el momento de “despertarse y despertar la paz”. Me refiero a la paz que empieza en uno mismo, en el corazón humano y sale hacia fuera como del manantial de la convivencia. Es una paz no impuesta. Pero conviene saber que cualquier alteración exterior, cualquier imagen violenta, cualquier grito, voz alterada o bronca, perturba la paz interior, como  una piedra arrojada a la tranquilidad del agua, o al corazón de un niño.

Los medios de comunicación y las redes sociales pueden repetir noticias e imágenes creyendo que nada nos altera. Sus empresas o sus dueños mandan. Lo que transmiten puede ser verdad o no, o no siempre, pero siempre servirán a sus propios intereses, con una ideología y una ética propias, que puede no ser la del vecino,  ni coincidir con la del oyente.

Se supone que se dirigen a personas adultas y formadas, pero la realidad es plural y se tiene poco en cuenta. Hay también jóvenes y niños, sin capacidad para desarrollar argumentos y, en general, en estas primeras etapas de la vida, la influencia tiene mucha importancia, porque se aprende, especialmente, por imitación de lo que ven, en casa y en la calle.

Lo que unos y otros nos están metiendo en casa, por la derecha o por la izquierda, puede educar o envenenar. La sutil propaganda del buenismo, del pensamiento único, del Club Bildeberg, que inocula en vena ante la injusticia, la invasión, y la falta de respeto, no es paz, es anestesia.

Tampoco debe olvidarse que, en casa, somos nosotros quienes conectamos o desconectamos la Tv, porque tenemos el mando a distancia, sobre lo que vemos y consumimos.

El “mando” que manejamos desde el salón de casa, no es menor, pero está muy devaluado. “Poner la tele” ya casi es automático; mientras que “quitarla o apagarla”, requiere autoridad, explicaciones y razones e incluso consenso. Esto último, es un buen ejercicio, pero no deja de ser minoritario, porque además de argumentos y autoridad tiene que proceder del amor.  Como decía Edith Stein: “No aceptes como verdad nada que esté falto de amor. Y no aceptes como amor nada que esté falto de verdad”.

Esto mismo, podría decirse de internet y las redes sociales, pero quienes están “enganchados” son individuos, -con más o menos personalidad- pero bastante influenciables por cualquier comentario.

         Para educar en la convivencia: autoridad, respeto y ley.

El respeto al orden establecido y en especial al sistema de justicia y sus decisiones es un requisito básico de un sistema que se basa en la pacífica convivencia y sometimiento a la ley, y en especial, a las consecuencias de su incumplimiento.

        El principio de legalidad o primacía de la ley es un principio fundamental, conforme al cual todo ejercicio de un poder público, así como ciertos actos de los ciudadanos, deben realizarse acorde a la ley vigente y no a la voluntad de las personas. Si no nos creemos esto, el sistema democrático basado en la igualdad de derechos y deberes, así como el respeto a la dignidad de las personas, está abocado al fracaso, y lo que es peor, dirigidos a una inevitable implosión del sistema“, escribía el Magistrado Enrique López, el 30 de julio de 2018.

Pienso que el juez, se dirigía tanto a los nativos como a los inmigrantes, turistas y visitantes del país, puesto que últimamente el respeto a la autoridad, el respeto a la ley, la convivencia, la historia y las tradiciones parece haber saltado por los aires o estar “dirigidos a una inevitable implosión del sistema“. Es una advertencia muy grave.

Curiosamente las noticias que nos llegan ponen su punto de mira en la calle, las alteraciones de la convivencia, los beligerantes, y la persecución y desamparo que están sufriendo los jueces mismos, como Llarena y su mujer, en Cataluña.

Por eso el Magistrado al parecer, apunta bastante más alto. Señala a  quienes consienten, se inhiben, o desde el puesto político-social que ocupan no trabajan por la paz o la torpedean: “el problema se produce cuando desde ámbitos de responsabilidad pública se trasmite a la ciudadanía que cumplir con la ley depende del ámbito de libertad de cada uno, y especialmente de su entorno ideológico, donde algunos pueden hacer lo que les dé la gana siempre que lo hagan en el ejercicio de alguna especial sensibilidad políticamente correcta“.

En Democracia, el poder Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial deben de estar separados. “La esencia de la democracia liberal consiste precisamente en eso: ningún poder puede ser autorreferencial, sino que tiene que estar sujeto al control y la revisión de otros” (señalaba el Editorial de El País, el 4 de agosto).

El pacifismo es no esconderse  y decir la verdad.  Pero, la valentía es un acto  positivo, que indica bondad, y algo de humildad e independencia. No suele estar al alcance de los egos.  Desde luego es más que oponerse  a la guerra. Quienes hacen la paz, no dejan todo para septiembre, ni van soltando la última posverdad, que es la “mentira emotiva”, que distorsiona deliberadamente la realidad con el fin de crear o modelar la opinión pública, o apaciguarla mientras interesa.

En 2 meses han sucedido  En España muchas cosas pero ¿qué se ha hecho? ¿Cómo lo ven desde fuera y desde dentro?

Respecto a lo primero,  la revista británica “The Economist” considera que sería “sabio” que se convocaran elecciones anticipadas en España, porque el país “no puede permitirse dos años más sin hacer nada“, dada la minoría parlamentaria del Gobierno. 

Respecto a lo segundo, sabemos que se puede vivir de o con los presupuestos que no fueron aprobados por el gobierno actual, pero … “No hay mayor confesión de incompetencia que desviar la responsabilidad (huelga de taxistas y la inmigración) hacia quien ya no ejerce el poder”, en  “El infierno es el otro, P. G. Cuartango, 2 de agosto.

Podría resumirse todo lo anterior, como hace el magistralmente Enrique López: “Causa desaliento ver como los que están obligados a responder están de vacaciones“.

Así que paz y paciencia.  “Sin la voluntad firme de imponer la ley a quienes la violan, es imposible la paz” (H. Tertsch). Aprovechen el verano, porque a la vuelta, habrá más preguntas que respuestas. Es posible que haya memoria interesada (se ha anunciado) para no dejar el pasado en paz y distraer. Pero todos nos vamos a encontrar con un baño de realismo tanto en política, como en economía, que puede poner en jaque la convivencia. Los “ismos” están ahí y son una amenaza: “egoísmos”, “independentismos”, “populismos” etc. Nada se hace sin justicia, sin autoridad, y sin voluntad de paz.

Como dijo Antonio Gala “la paz sin justicia es una paz volátil, efímera, que no conduce sino a otra guerra, porque lo que produce es resentimiento“.

Sólo los que buscan la paz, hacen la paz, llevan la paz pueden ser llamados “hijos de Dios”, hijos del amor. Necesitamos serlo todos: los que estamos, los que llegan y los que están en camino. Unos y otros debemos y tenemos, con respeto, que ser capaces de convivir en paz, construyendo un futuro, mejor para todos.

Las mafias existen, Europa existe, los limites existen. Por eso los principios de la convivencia deberían ser explicados a todos, por el Gobierno, antes de la vuelta, o de la rentrée, según dicen los franceses. Eso ayudaría a pensar, a despertar la paz y despertarse, antes de que sea tarde.

José Manuel Belmonte.

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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