viernes , 20 febrero 2026

‘Noches de amor efímero’, de Paloma Pedrero: “El corazón, ese eterno consejero”

Paloma Pedrero es sin duda una de las voces más personales de la dramaturgia española de entre siglos. Desde su estreno en 1985 de La llamada de Lauren … , no ha dejado de publicar y estrenar dentro y fuera de nuestras fronteras, bien es verdad que lejos de los circuitos comerciales y sin presencia en los Teatros Nacionales. Encuadrada en lo que podríamos denominar realismo poético de corte urbano ha creado un universo teatral intimista, caracterizado por la inmediatez de los conflictos y por su cotidianidad; por la entraña humana de sus personajes y por la mirada femenina -nunca feminista-, comprensiva e indulgente desde la que explora sus conflictos más íntimos, siempre despojada de cualquier resto de victimismo o de sentimentalismo.

Respecto a la tipología de sus personajes con frecuencia encontramos en sus obras seres desarraigados, desclasados, marginales, pero también hombres y mujeres del común sorprendidos en un momento particularmente crítico de su existencia, momentos en que la búsqueda del núcleo de su identidad personal se hace más perentoria, lacerante incluso, porque con frecuencia esa búsqueda choca con la incomprensión del otro, o con su afán de dominio, o porque está en juego su libertad. Todos tienen un denominador común: la soledad y la falta de amor, y un deseo desesperado por encontrar alguien con quien compartir sus anhelos y frustraciones, alguien con quien dar rienda suelta a los afectos reprimidos, alguien con quien mostrarse cómo son en realidad, con absoluta libertad; sin los límites impuestos por el miedo, por la cobardía, por las convenciones sociales o por la hipocresía moral.

Desafortunadamente, el montaje que vimos anoche en el Corral alcalaíno con el título de “Noches de amor efímero” a cargo de Poseidón Teatro no da una idea cabal de ese vasto y fecundo universo creativo de la autora, de la maestría con que urde sus tramas o de la penetración y lucidez con la que discurre por los vericuetos del corazón humano.

Las cuatro piezas breves se agrupan precisamente bajo el lema: “el corazón, ese eterno consejero” (“Voy de mi corazón a mis asuntos”, que diría Miguel Hernández), y vienen a aglutinarse mediante unos comentarios en off totalmente prescindibles que parecen sacados de un consultorio sentimental. Asimismo, el tono bufonesco, jocoso que impone la dirección al desarrollo de la acción, buscando casi desesperadamente extraer la comicidad de las sucesivas escenas termina por fagocitar el dramatismo implícito de algunas situaciones, su vuelo poético o su pizca de lirismo.

Tal es el caso, verbigracia, del final de la última de las piezas, Solos esta noche, en el que Carmen, funcionaria acomodada, tras vencer todos sus miedos y reticencias que le inspira José, un mendigo de deplorable aspecto (¿un fijo discontinuo?) con el que coincide por azar, de madrugada, en una estación del metro en la que éste se ha refugiado para pasar la noche, descubre, acurrucada entre sus brazos poderosos todo el respeto, la comprensión y la ternura que no encuentra en casa. Y lo mismo cabría decir del gozoso y exultante despertar pleno de la sexualidad reprimida de Pilar -protagonista de la primera de las piezas que integran este montaje- una ama de casa madurita, aburrida y sin expectativas, tras pasar por una sesión de masajes en el espá del hotel de lujo donde pasa unos días de vacaciones.

De menor enjundia y ambición son las otras dos piezas que conforman el espectáculo: el breve sketch del “trasplantado” Anselmo Martín que acude a un congreso de cardiólogos para explicar los devastadores efectos psico-fisiológicos que ha experimentado su persona tras recibir el corazón de un donante quinceañero, y la historia de Paloma y Andrés en la que se recurre al tópico del fútbol televisado como agente desestabilizador y disolvente de los vínculos de pareja.

Es de justicia reconocer el trabajo de los dos actores Felipe Andrés y Ana Viguera, derrochan esfuerzo y oficio para incorporar a cuatro personajes de ejecutoria y características psicológicas muy diferentes, pero con un resultado es irregular. Ana Viguera hace un brillante debut licuándose literalmente al contacto de las manos expertas de su masajista, un recital de risitas, gritos, gemidos mientras cuenta /escenifica esa hora gloriosa sobre la camilla del espa, pero luego, en la última de las piezas, quizá por la obligación de marcar el contraste con sus anteriores personajes bordea la línea roja que separa la comicidad genuina del histrionismo. Felipe Andrés lidia con varia fortuna con su lote, tiene un perfil más plano, monocorde casi en sus variaciones tonales, en el ritmo y la cadencia de su fraseo. Ambos consiguieron, en todo caso, granjearse la aquiescencia del público asistente que acompañó con frecuentes carcajadas los momentos más celebrados y les premió con un cerrado aplauso al final de la representación.

                                                           Gordon Craig. 13-II-2026

Ficha técnico artística:

Autora: Paloma Pedrero.

Con: Felipe Andrés y Ana Viguera.

Escenografía: Luis Flor.

Vestuario: Manuela Santos.

Iluminación: Alex Espeso.

Poseidón Teatro.

Dirección: Luis Flor.

Alcalá de Henares. Corral de Comedias. 13 y 14 de febrero de 2026.

Acerca de Gordon Craig

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