viernes , 30 octubre 2020

¿Por qué siempre despiden a los que dejan en evidencia la mediocridad de los jefes?

Hay ocho razones por las que hacía mucho que no escribía este artículo, y cinco poderosos argumentos para volver a hacerlo.

Porque estos últimos meses hemos estado tan ocupados, sin poder levantar el culo de la silla y con los ojos fijos en la pantalla del ordenador, sacando trabajo a destajo, sin vacaciones, sin fines de semana, sintiéndonos exprimidos como naranjas apenas ya sin zumo, apurando la cáscara hasta quedarnos sin aliento, con la impresión de que nada de nuestro esfuerzo les parecía suficiente, con la consigna de que si queríamos seguir recibiendo nuestra nómina, teníamos que trabajar más, mucho más; mejor, mucho mejor, y a ser posible sin pensar en esos compañeros que poco a poco van desapareciendo de nuestro lado, con el argumento de que por estructura empresarial sobran.

Qué curioso, además, que sean siempre los que no están los que más destacaban, los que sacaban las castañas del fuego, los que, por desgracia, hacían patente y ponían en evidencia la mediocridad de los que tenían por encima; compañeros que, solo con la voluntad de ser buenos profesionales, dejaban, sin pretenderlo, a los de arriba en cueros.

Y mientras, impotentes ante tanta injusticia y tanta desfachatez que nos lleva a la deriva, nos van narcotizando con palabras vacías, abanderando unos valores que, por desgracia, se quedan solo en la fachada.

Y ya que no se les cae a ellos, a nosotros sí se nos cae la cara de vergüenza, tristes, desanimados, compungidos.

Y en su empeño de hacernos pasar por mascotas que mueven el rabito satisfechas con una golosina, nos embaucan en estas fechas con el espíritu navideño del amor, las sorpresas, la felicidad.

Y nos hacen mirar para otro lado mientras nos embaucan con regalos, comilonas, serpentinas y roscón, poniéndonos música por los pasillos y enviándonos pajes disfrazados de Papá Noel repartiendo angelitos y papeletas para un sorteo.

Las malas lenguas dicen que el primer premio es una buena patada en las posaderas con un si te he visto no me acuerdo. Y el segundo, que se van a jugar nuestro finiquito a un todo o nada mientras descorchan el champán en la copa de Navidad.

Acerca de Julia San Miguel

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