jueves , 14 noviembre 2019
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Un cuento de ayer y de hoy.

          En la noche de los cuentos, un hada ya mayor, me contó que hace mucho tiempo los romanos, que habían conquistado medio mundo, llegaron también a Hispania para conquistarla.

           Cuando llegaban a un país con intención de quedarse, buscaban sitios estratégicos, donde fundaban núcleos importantes que generalmente se convertían en ciudades. Algunas  de ellas han llegado hasta nosotros, como Astorga, Mérida, Tarragona o Zaragoza. Otras, fueron importantes algún tiempo y luego decayeron, como Ampurias, en la comarca gerundense del Alto Ampurdán, Jullóbriga, en el paso de la meseta hacia la Cordillera Cantábrica,  o Segóbriga, en el centro de España.

       El hada me contó que cuando  Jullobriga  se quemó, los romanos poco a poco la olvidaron. Algunos habitantes marcharon de su tierra acompañando a los romanos. Les sirvieron bien como trabajadores libres, o como propiedad de algún romano importante.

        Uno de los que emigraron fue Cayo a quien llamaban «El Montañés».  Viajó hacia el sur, atraído por la fama y la importancia de una ciudad del centro de la península, llamada Segóbriga. Era importante por su riqueza y por sus minas de yeso cristalizado que servía como cristales en las ventanas, para permitir entrar luz y decorar  las casas.

         Las minas de roca yesífera, también llamada espejuelo, se hizo famosa entre los romanos. Se encontraban muy cerca de  Segórbiga. Se podían serrar en láminas, fue llevado hasta Pompeya y  también se encuentran en el Circo Máximo de Roma.

        El Montañés, era joven, atractivo y despierto. Pronto dejó la mina y aprendió el arte de decorar las estancias de las viviendas romanas.  No es extraño que los mismos soldados de las legiones difundieran sus habilidades que llegaron a oídos de uno de los romanos más ricos del imperio, tal vez emparentado con el mismo emperador.

        El  romano acaudalado que vivió en el siglo IV, fascinado por Segóbriga y sus minas, en la provincia de Cuenca, se llevó al joven Cayo a Roma, donde este, quedó impresionado. Visitó los mejores talleres  y conoció a los escultores y artistas más famosos del imperio. La idea del  romano era volver a España y establecerse en un lugar tranquilo, no lejos de Segóbriga, donde construiría una mansión lujosa, de las mejores del imperio.

        Así que de vuelta a España, se trajo con Cayo a algunos maestros y construyó en un municipio apartado la villa más lujosa de Hispania romana. Sin reparar en gastos, mandó traer no solo el yeso cristalino de Segórbiga, sino también mármol de carrara y de otras importantes canteras del imperio y de Grecia, para las estelas más perfectas de los mosaicos de su casa, sus fuentes, sus estatuas, sus vasijas y sus frascos, que en su día asombraron a cuantos las disfrutaron o a quienes las conocieron. De hecho se hizo enlosar  su mansión, con un  salón de 750 metros cuadrados y en él un mosaico figurativo romano -más grande del mundo-, de unos 300 metros cuadrados.  Coincidía su esplendor, con  el gobierno del último emperador del Imperio Romano unificado, Teodosio (379-395). Fue él quien dividió el Imperio entre Oriente y Occidente. Además el emperador era también hispano, de la actual Coca, en Segovia.

          Para hacernos una idea, el conjunto contaba con un patio de columnas monumental, que se abría a 3 terrazas de 25 metros, y con desnivel de 2 metros en cada una. En las inferiores había estanques de 15 por 6 metros, sin paragón hasta entonces.

         Sin que se haya descubierto más que una pequeña parte (¿el 5%?) del total de la villa, de lo dicho se deduce que podríamos estar «ante el mayor conjunto escultórico en mármol de la Hispania romana», según los entendidos.

         Ante mi asombro, el Hada del Maratón de Cuentos de Guadalajara, que es mucho más joven y tiene una escoba, quiso darme un respiro y me dijo:  «sube, no tengas miedo»; «vamos a dar un paseo, porque esta anoche hay Luna. Te voy contando mientras volamos».

         Dejando la N II, nos desviamos desde Guadalajara hacia Cuenca sobrevolando la N 320. Atravesamos el Tajo por el Pantano de Entrepeñas, en Sacedón, luego, en Alcocer, el río Guadiela y  el Pantano de Buendía, (parte de Cuenca y parte de Guadalajara) y siguiendo hacia Cuenca, llegamos muy pronto a Noheda-Villar de Domingo García, con pocas casas y apenas 229 habitantes, (en 2018).

       «Ahí está –dijo el hada-. Si te he traído aquí es que entre lo que te ha dicho el Hada de la Historia, y la actualidad, vamos a atravesar una larga noche. Aquí, no hubo un volcán que arrojara lava como el Vesubio, que dejó sepultada Pompeya, desde el año 79 hasta 1748. Pero aquí, en esa rica mansión, hubo un apagón, no tan brutal, pero de parecidas consecuencias. Guerras, lejanía de los herederos, tormentas, abandono e indiferencia, todo eso fue sepultando la mansión, como las calzadas romanas, y los pueblos que se mueren y terminan sepultados».

        –Pero ¿Cómo  se ha descubierto?

        Como casi siempre, una causalidad.  En 1984 el arado de un agricultor, desenterró un día ciertas piedras losetas, que por su forma, le intrigaron, en la finca de la familia Lledó. Por lo que vieron formaban parte de un mosaico. Eran teselas. Entonces aparecieron los fantasmas.

         -¿Qué fantasmas?

         Los de siempre: el dinero, la propiedad, las leyes y las togas.  En 2005, 21 años después parecía que todo se iba a aclarar. José Luis Lledó Sandoval había comprado el terreno a su hermana. Comunicó el preceptivo descubrimiento al Ministerio de Cultura. Intervino el Ayuntamiento, la Diputación de Cuenca y la Junta de Comunidades. Todos tenían interés. Era un tesoro y…un negocio. Y…no hubo acuerdo.

        Evidentemente eran teselas, que sorprendieron incluso a los arqueólogos. Intrigados querían conocer más para saber si merecía la pena excavar y los posibles límites.  Mandaron traer un georradar. Cuantos más metros de mosaico aparecían el acuerdo parecía más difícil. Se terminó expropiando los terrenos en 2014.

        Hubo un nuevo intento de que  en 2015 la gente  pudiera conocer  el hallazgo de la villa de Noheda-Villar de Domingo García. De hecho la Diputación de Cuenca ofrecía 800.000 euros para sustituir las carpas de las excavaciones, con la construcción de un  edificio en toda regla. Tampoco hubo acuerdo.

        Ahora, 35 años después de su descubrimiento, se pone como excusa el que hay algunos mosaicos que necesitan ser reformados. Sin embargo hay- en otras partes- miles de mosaicos y obras de arte, abiertas al público, aunque estén algo dañadas. Cuando no hay voluntad, hay cuentos. La «cuenca romana de Cuenca», no puede ser una excepción.

       –Y tú, hada amiga, ¿no puedes hacer algo?

        Las hadas no podemos hacer nada, mientras los fantasmas y las brujas sobrevuelen el hallazgo de este yacimiento. El incalculable valor artístico de la villa, no debería ser el problema. El problema, es el valor real y el choque de los egos. El dueño de la finca, expropiado por 7.500 euros, reclama ante el Supremo 49 millones.

       – ¡Qué bien cuentas los cuentos, hada de los cuentos! ¿Puedes decir algo más?

       No. Narciso Ibáñez Serrador, en 1, 2, 3,  decía: «Hasta ahí puedo leer».   Y yo tengo que terminar diciendo: «hasta aquí puedo contar«. 

                             …….

        NOTA: Cualquiera puede entrar en el buscador de Google, tan solo con poner Noheda, o Villar de Domingo García y encontrar fotos. Tal como se ven, o pinchando para ampliarlas se pueden hacer una idea aproximada de lo que «los fantasmas» están ocultando al público. Se trata nada menos que de un patrimonio cultural  español y universal.

José Manuel Belmonte

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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