En su largo periplo por toda España, recorriendo todos y cada uno de los festivales de cine que se organizan cada año, el crítico de cine de EL HERALDO DEL HENARES, Ramón Bernadó, viaja esta vez hasta Tarifa (Cádiz) y Tánger (Marruecos), para cubrir por primera vez para este diario el Festival de Cine que estas bellas ciudades celebran cada año.
Por este motivo, entre el 22 y el 30 de mayo, Bernadó irá publicando las críticas de aquellas películas y eventos varios a los que día a día acuda como enviado especial de EL HERALDO DEL HENARES.

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An open field (Mediometraje Documental) – 2025 – Teboho Edkins – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026
El director sudafricano Teboho Edkins lleva años moviéndose entre el documental observacional y las películas que exploran las heridas invisibles de las comunidades rurales africanas.
En su filmografía destacan trabajos como The Wound, Days of Cannibalism o Sorcery, Mayhem & Crystal Balls, piezas donde mezcla lo íntimo, lo político y lo antropológico sin necesidad de ponerse estupendo con voz en off de documental de La 2 a las tres de la mañana.
En An Open Field vuelve a ese territorio emocional donde el cine sirve más para intentar entender una pérdida que para resolverla. Y ya se sabe: el duelo no entiende de finales felices ni de manuales de autoayuda con tacitas de Mr. Wonderful.
El mediometraje ha pasado por diversos festivales especializados en cine documental y no precisamente por casualidad. La propuesta tiene esa mezcla de verdad emocional y mirada respetuosa que suele gustar en certámenes donde todavía se valora el cine que no parece un anuncio de perfume.
En el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger encaja perfectamente dentro de esa línea de cine africano íntimo, humano y pegado a la tierra.
Y claro, aquí no hay thriller, ni giros sorpresa, ni un Jason Statham pilotando el avión accidentado mientras reparte puñetazos. Lo que hay es algo bastante más duro: un padre y un hijo —el propio director— intentando rememorar la muerte del otro hijo y hermano en un accidente aéreo. Así, sin anestesia emocional. Visitando el lugar donde el avión se estrelló y quedó reducido a chatarra y recuerdos imposibles de ordenar.
Lo interesante del documental es que no convierte el dolor en espectáculo lacrimógeno de televisión de sobremesa. Más bien lo contempla. Lo acompaña. Lo deja respirar.
Los habitantes de la zona conmemoran cada año aquella tragedia y esa ceremonia colectiva acaba funcionando como una especie de abrazo silencioso hacia las víctimas y hacia quienes siguen vivos intentando entender cómo demonios se continúa adelante después de algo así.
La película tiene momentos de una sencillez devastadora. Gente caminando por un terreno abierto, hablando poco, mirando mucho. Porque hay duelos que no se pueden explicar con discursos grandilocuentes ni con frases de taza de desayuno. A veces solo queda volver al lugar donde todo ocurrió y aceptar que las cicatrices también forman parte del paisaje.
Y ahí aparece el gran hallazgo del mediometraje: cómo transforma un espacio físico en un espacio emocional. Ese campo abierto del título acaba siendo una especie de cementerio sin lápidas, un lugar donde el recuerdo sigue flotando en el aire como si el accidente hubiese ocurrido ayer mismo.
No es una película fácil ni especialmente complaciente. Tampoco pretende serlo. Pero tiene una honestidad emocional muy poco habitual en tiempos donde hasta el sufrimiento parece editado para TikTok. Aquí el dolor es lento, incómodo y profundamente humano. Y precisamente por eso funciona.
Mi puntuación: 7,55/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Coeur bleu (Corto) – 2025 – Samuel Suffren – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026
Samuel Suffren es un cineasta y productor haitiano, nacido en 1992. Su filmografía reciente incluye los cortos Agwe, Des rêves en bateaux papiers y Cœur bleu, que forman una trilogía sobre la ausencia, la emigración y ese dolor tan caribeño —y tan universal— de quien se marcha y de quien se queda esperando.
Cœur bleu fue seleccionado en la Quincena de Cineastas de Cannes 2025 y es una producción de Haití y Francia, de unos 15 minutos. (Quinzaine des cinéastes)
En cuanto a premios y recorrido, Cœur bleu tuvo estreno mundial en la Quincena de Cineastas de Cannes 2025 y también aparece en circuitos internacionales como el Festival du Nouveau Cinéma. No es poca cosa: Cannes no suele abrir la puerta porque sí, salvo que seas muy bueno o lleves una baguette bajo el brazo. (Quinzaine des cinéastes)
En Cœur bleu vemos a unos padres haitianos, Marianne y Pétion, preocupados porque no tienen noticias de su hijo, que se ha marchado a Estados Unidos persiguiendo el famoso sueño americano. Ese sueño que, visto desde lejos, parece una autopista dorada, y de cerca a veces se parece más a una llamada que no llega nunca.
El teléfono se convierte en el gran símbolo del corto. Está ahí como una promesa, como una amenaza, como un altar doméstico. Uno mira ese aparato y casi espera que empiece a sudar de la tensión. Porque aquí el silencio no es ausencia de sonido: es un personaje más, y bastante puñetero.
Lo que empieza como un relato realista, casi cotidiano, va derivando poco a poco hacia una especie de ensoñación, donde la realidad y el sueño se mezclan de forma difusa.
Samuel Suffren no necesita subrayar demasiado. Deja que la espera se vaya espesando, como cuando uno mira el móvil cada treinta segundos aunque sabe perfectamente que no ha sonado.
Cœur bleu es un corto breve, delicado e interesante, que habla de la emigración desde el lado menos turístico: el de los que se quedan. Los padres no cruzan fronteras, pero viven atrapados en otra clase de exilio: el de la incertidumbre.
Un corto pequeño, sí, pero con un corazón azul bastante más grande de lo que aparenta.
Mi puntuación: 6,54/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Gardiennes de nuit (Corto) – 2025 – Nina Khada – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026
Nina Khada es una cineasta franco-argelina nacida en Francia y afincada en Marsella. Trabaja entre el documental y la ficción, y suele asumir varias tareas: dirección, guion, montaje, cámara y producción, vamos, que solo le falta vender palomitas en la puerta. Entre sus trabajos destacan Fatima y Je me suis mordue la langue, donde ya abordaba memoria familiar, identidad y raíces argelinas. (Internationales Frauen Film Fest)
Gardiennes de nuit —también conocida internacionalmente como Night Watchers— es un corto de ficción dirigido y escrito por Nina Khada.
Algunas fuentes lo fechan como 2024 y otras como 2025; el FCAT lo programa como 2025. Tiene una duración aproximada de 23-25 minutos y cuenta con Sonia Faïdi, Samir El Hakim, Fatiha Soltane, Mouni Boualem y Iyad Mekideche. (Unifrance)
En Gardiennes de nuit conocemos a Nora, una joven de veinte años que vive en Marsella y que viaja a Argelia acompañando el cuerpo de su abuela fallecida. Y ahí, de golpe, se encuentra con un mundo que supuestamente también es el suyo, pero que le resulta tan ajeno como intentar entender una factura de la luz sin haber bebido antes.
Nora llega con una mirada francesa, joven, urbana, probablemente educada en otra idea de la libertad y de la familia. Pero al aterrizar en Argelia descubre que las costumbres mandan más que ella. Y el golpe definitivo llega cuando le dicen que las mujeres no pueden asistir al entierro, porque el funeral queda reservado a los hombres.
Ahí el corto se vuelve interesantísimo. No solo habla del duelo, sino también del choque entre pertenecer y no pertenecer. Nora es de allí y no es de allí. Tiene raíces, pero no códigos. Tiene sangre familiar, pero no manual de instrucciones. Y claro, cuando el dolor ya viene cargado de por sí, encontrarse además con una tradición que la aparta del ritual funerario es como si encima te cobraran suplemento por sufrir.
La película está contada desde su mirada enfadada, desconcertada, casi encerrada entre las paredes de la casa familiar, donde vela el cuerpo de su abuela mientras los hombres ocupan el espacio público del funeral. Ese silencio impuesto pesa muchísimo.
Gardiennes de nuit es un corto pequeño, sobrio y potente, que plantea una pregunta enorme: ¿qué pasa cuando vuelves al lugar de tus raíces y descubres que tus raíces también pueden pinchar?
Interesantísimo.
Mi puntuación: 8,75/10.
Ficha técnica en este enlace.
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God sleepson sundays (Corto) – 2026 – Naishe Nyamubaya – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026
Naishe Nyamubaya es un director egipcio-zimbabuense que creció en una granja aislada de Zimbabue y empezó a escribir historias a los siete años. Tras dar sus primeros pasos en los platós de televisión como cámara y tramoyista, Naishe terminó sus estudios de dirección cinematográfica en Sudáfrica en 2021. Ha participado en numerosos talleres de desarrollo, como el TIFF Filmmaker Lab o el taller de la Cinéfondation de Cannes. En 2019, dirigió dos cortometrajes, Mum I Need Oil for My Car y Taming Kara, seleccionados en varios festivales internacionales. Actualmente está desarrollando su primer largometraje, Chimbo cheBere (La canción de las hienas), en Zimbabue.
God Sleeps on Sundays enfrenta dos formas de entender el mundo. Y no precisamente de manera tranquila tomando té y hablando de espiritualidad mientras suena música relajante de YouTube.
Por un lado está este pastor cristiano empeñado en construir una iglesia en un terreno rural que le ha cedido el Estado. El problema es que en ese terreno vive Chirongoma, una anciana chamana, una vieja bruja según algunos, que no piensa abandonar su pequeña cabaña ni aunque le lleven excavadoras, biblias y coros góspel a pleno rendimiento.
Y ahí empieza el choque. Tradición ancestral frente a fanatismo religioso moderno. Sabiduría popular frente a obsesión personal. Porque lo interesante es que este pastor no actúa exactamente movido por la fe pura y luminosa. Más bien parece un hombre herido, resentido y medio castigado por su propia iglesia después de ciertos problemas en la ciudad. Lo han mandado al entorno rural un poco como quien manda al cuñado pesado a vigilar una obra en agosto.
El personaje quiere levantar esa iglesia a toda costa porque necesita demostrar algo. A los demás y probablemente también a sí mismo. Pero claro, cuando uno entra en modo fanático absoluto, deja de escuchar, deja de mirar y termina tomando decisiones que le empujan directamente hacia la desgracia.
Mientras tanto, Chirongoma utiliza sus conocimientos, su presencia y hasta cierta ironía silenciosa para resistirse. El corto juega muy bien con esa ambigüedad entre magia real, superstición o simplemente el peso psicológico de las creencias. Y funciona estupendamente.
La película tiene momentos muy dramáticos, incluso duros, pero también pequeños toques de humor bastante inteligentes. Porque el fanatismo, visto desde fuera, muchas veces tiene algo profundamente ridículo. Da miedo, sí, pero también produce esa sensación de “madre mía, cómo está el patio”.
Un corto interesante, inquietante y bastante más complejo de lo que aparenta al principio. De esos que parecen sencillos y luego se quedan rondando la cabeza mientras uno vuelve caminando del cine buscando cobertura y pensando que quizá las viejas chamanas sabían más de la vida que muchos gurús modernos con micrófono inalámbrico.
Mi puntuación: 7,65/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Taxi moto (Corto) – 2026 – Gaël Kamilindi – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026
Gaël Kamilindi es actor y cineasta ruandés-francés. Estudió en el Conservatoire National Supérieur d’Art Dramatique de París y forma parte de la Comédie-Française.
Como director ha firmado el corto Les Resquilleurs y el documental Didy, codirigido con François-Xavier Destors. Taxi Moto es una coproducción franco-suiza de 2026, de unos 20 minutos. (swissfilms)
Taxi Moto se estrenó mundialmente en la Berlinale 2026, dentro de Berlinale Shorts, y ganó el Teddy Award al mejor cortometraje, premio dedicado al cine LGTBIQ+. (berlinale.de)
En Taxi Moto, un director ve cómo se suspende el rodaje de su película: una historia de amor entre dos hombres. Y, en ese limbo raro donde uno no sabe si llorar, pelearse con producción o pedir una caña, aparece otro chico africano y surge algo parecido al amor.
El corto juega con inteligencia a mezclar cine y vida. Dos hombres hablan, se miran, dudan, se desean y van construyendo una reflexión muy potente: ¿se puede mostrar un beso entre dos chicos en el cine africano?
Esa es la gran pregunta. Y la película no la responde con pancartas ni discursos de comité cultural, sino con una delicadeza muy bonita.
Taxi Moto habla de censura, deseo y resistencia íntima. Y lo hace con una suavidad que pincha más de lo que parece.
Hay que verla entera para encontrar la respuesta. Y merece la pena.
Mi puntuación: 7,66/10.
Ficha técnica en este enlace.
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The bird´s placebo (Corto Animación) – 2025 – Rami Jarboui – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026
The Bird’s Placebo está realizada con rotoscopia y animación 3D. La rotoscopia consiste, básicamente, en filmar imágenes reales y luego dibujar o animar encima, fotograma a fotograma, para conservar gestos, movimientos y una textura muy física.
La técnica se ha usado en largometrajes como Waking Life y Una mirada a la oscuridad, ambas de Richard Linklater. Ojo: Vals con Bashir se suele citar a veces, pero no es rotoscopia pura, aunque visualmente pueda parecerlo. (WIRED)
Rami Jarboui es un cineasta tunecino nacido en 1990. Estudió Multimedia/animación en el ISAMM de Túnez y su corto Soup ganó el Gran Premio Internacional del Mobile Film Festival de París en 2017.
También dirigió Eidos y Straight Backward. The Bird’s Placebo es su primer corto de animación. (Cine Africano)
The Bird’s Placebo es un corto tunecino de animación de 2025, de unos 20 minutos, escrito y dirigido por Rami Jarboui. Fue seleccionado en Sundance 2026, Clermont-Ferrand 2026, Cairo 2025 y las Jornadas Cinematográficas de Cartago 2025, entre otros festivales. (Festival de Sundance)
The Bird’s Placebo me ha parecido sensacional.
Estamos en un barrio marginal de Túnez, con Yahya, un adolescente en silla de ruedas, con las dos piernas amputadas, cuidado por su madre y con el padre en prisión. Dicho así parece el arranque de un drama social de los de salir del cine pidiendo tila doble. Pero no. El corto tiene otra cosa. Tiene herida, sí, pero también vuelo.
El gran acierto es mezclar ese realismo duro, casi de calle polvorienta y vida cuesta arriba, con un elemento de cuento: un pájaro que le regalan a Yahya y que él, al principio, quiere vender. Negocio antes que poesía, que también hay que comer. Pero pronto descubre que ese animal tiene algo mágico: a través de las lágrimas puede comprender las penas de quienes le rodean.
Y ahí el corto levanta el vuelo. Literal y emocionalmente.
El pájaro se convierte en guía, metáfora, placebo y quizá también en consuelo. No cura la desgracia —porque eso sería trampa de guion barata—, pero permite mirarla de otra manera. Y eso, en cine, cuando está bien hecho, vale oro.
The Bird’s Placebo habla de la discapacidad, de la pobreza, de la migración, del deseo de escapar y de la relación rota entre un padre y un hijo. Pero lo hace sin sermonear, sin ponerse estupendo y sin convertir el sufrimiento en postal miserabilista. Aquí hay imaginación, belleza y una tristeza luminosa, que es una cosa muy rara y muy difícil de conseguir.
La rotoscopia le da además una textura fascinante: los cuerpos parecen reales y soñados al mismo tiempo. Como si el barrio existiera, pero también estuviera siendo recordado desde otro plano.
Es un corto embriagador, de esos que te agarran por la mirada y luego, sin hacer mucho ruido, te dejan tocado.
Un pequeño gran descubrimiento del FCAT 2026. De esos cortos que demuestran que la animación no es un género menor ni una cosa para vender muñequitos: es cine con alas.
Mi puntuación: 8,77/10.
Ficha técnica en este enlace.
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On the hill (Documental) – 2025 – Belhassen Handous – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026
Hay películas que son como una taza de té viendo llover y otras que son como entrar en una cuadra con olor a humedad, tristeza y pienso caducado. On the Hill pertenece claramente al segundo grupo.
El documental está dirigido por Belhassen Handous, cineasta tunecino del que no existe todavía demasiada información internacional disponible, algo bastante habitual en muchos autores que circulan por festivales especializados antes de dar el salto a una distribución más amplia.
Aquí demuestra una mirada muy observacional, casi entomológica, con una cámara que no juzga, pero tampoco aparta la vista cuando las cosas se ponen incómodas.
La película apuesta por un estilo directo, sin grandes artificios formales, dejando que la decadencia física y emocional de sus personajes vaya ocupando la pantalla como una humedad que sube por la pared.
Respecto a premios y nominaciones, On the Hill ha formado parte de la programación del Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger, donde además contó con la presencia de Belhassen Handous, que presentó la película y participó posteriormente en un coloquio muy animado con el público.
No constan por ahora grandes premios internacionales asociados al documental, aunque es precisamente el tipo de obra pequeña y rugosa que suele encontrar recorrido en circuitos especializados de cine documental y festivales de autor.
Y vamos al asunto.
Porque lo que cuenta On the Hill no deja de ser el derrumbe de un sueño colonial romántico venido abajo a golpe de realidad, suciedad y deterioro cognitivo.
La protagonista es Gisela Bergman, una alemana instalada desde hace décadas en Túnez que vive de su pensión alemana mientras mantiene la fantasía de esa vida idealizada entre caballos árabes, naturaleza y turismo europeo.
Una especie de versión senil y devastada de Memorias de África. Pero aquí no hay música de John Barry, ni atardeceres hermosos, ni Robert Redford lavando el pelo a Meryl Streep entre jirafas.
Aquí hay perros famélicos.
Caballos a los que se les marcan todas las costillas.
Suciedad.
Desorden.
Soledad.
Y una mujer consumiéndose lentamente mientras su proyecto vital se desmorona delante de la cámara.
El documental tiene algo tremendamente incómodo porque desmonta esa visión urbanita y romántica del campo entendida como refugio espiritual para almas sensibles con sombrero de paja. El campo real no es eso. El campo real es una empresa salvaje donde hay que sobrevivir, pagar maquinaria que cuesta un riñón y medio hígado, rellenar papeles infernales para obtener ayudas y levantarse cuando todavía no han puesto ni las calles ni las gallinas.
La película muestra precisamente el choque entre esa fantasía europea de “volver a la naturaleza” y la brutalidad de la vida rural cuando ya no hay dinero, ni fuerza física, ni cabeza para sostener el sueño.
Y lo más duro es que Belhassen Handous no manipula demasiado. Coloca la cámara delante y deja que el deterioro ocurra. Sin música lacrimógena. Sin discursos. Sin intentar convertir a nadie en héroe ni en villano. Solo mostrando cómo una ilusión acaba pudriéndose lentamente.
La parte final, con esos dos trabajadores intentando sacar adelante la granja, añade además otra lectura interesante: la historia ya no es solo la decadencia de Gisela Bergman, sino la de todo un modelo de relación colonial con África y el Magreb. Esa idea europea de apropiarse del paisaje exótico para convertirlo en una fantasía personal termina aquí convertida en un escenario casi fantasmal.
Y la verdad, pocas veces una película sobre caballos deja con tantas ganas de ducharse al salir del cine.
Mi puntuación: 7,55/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Más comentarios sobre este festival:
‘Memory of Princess Mumbi’, 2025, de Damien Hauser – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026 (I)
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Muchos besos y muchas gracias.
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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media
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