jueves , 10 septiembre 2026

Carta del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara; ‘Semana Santa y santificadora’

Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.

Entramos de lleno en los días clave de nuestra vida cristiana. Todo el año litúrgico confluye en estas jornadas y desde ellas, en sucesivas oleadas, se prolonga la acción de la gracia.

Los cristianos tenemos una gran responsabilidad y una preciosa oportunidad para dar testimonio de lo que vivimos, celebramos y oramos. Hay muchas miradas expectantes que nos observan con atención, duda y curiosidad. Hay muchos interrogantes que desean encontrar respuesta. Hay mucho sufrimiento que desea hallar sentido. Hay mucha soledad que requiere compañía.

Celebramos los misterios centrales de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro único Señor. La liturgia, vivida con devoción y sosiego, y en clave de participación activa, se convierte en manantial de vida y esperanza. Y los templos abren sus puertas para que la celebración se prolongue por las calles y plazas como expresión cuajada de sentido, experiencia y sentimiento. Los espacios públicos se convierten en libros abiertos, narraciones vivas de fe, amor y esperanza. Hay muchas personas que han experimentado un encuentro decisivo con el Señor, tanto en las semanas preparatorias de Cuaresma como a lo largo de los días de Semana Santa, y también durante el tiempo de Pascua.

De estos días santos irradia un inmenso caudal de vida. Contemplamos a Jesús desde su entrada triunfal en Jerusalén, pasando por los momentos decisivos de la institución del sacerdocio y de la eucaristía, a través de las dramáticas descripciones de sus sufrimientos y de la libre entrega de su vida, hasta el silencio de su sepultura, el gozoso anuncio de su resurrección, que cambia el ritmo de la historia, sus vivientes y vivificantes encuentros como Resucitado y el gozoso testimonio de su permanente presencia, que resuena en la historia hasta la actualidad y apunta hacia el futuro.

Julián Ruiz Martorell

De nosotros depende que nuestro testimonio resulte creíble y transformador. Cuando nuestros corazones están habitados por la presencia de Jesucristo, vencedor del mal y de la muerte; cuando nuestra mirada refleja la luz del Resucitado; cuando nuestra vida transmite, a través de obras, palabras y alegría, la acción del Espíritu Santo y Santificador, muchas personas pueden encontrar cercanía, acompañamiento y apoyo.

El mundo necesita, y espera de nosotros, un destello, un reflejo, una expresión vital de lo que nos mueve desde dentro porque conmueve nuestras entrañas.

¡Feliz Santa y Santificadora Semana!

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

Julián Ruiz Martorell, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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