lunes , 25 octubre 2021

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara: ‘Jesucristo no es pasado’

Dios, para mostrar su infinito amor a la humanidad, no ha dudado en hacerse hombre y compartir nuestra condición humana para regalarnos su salvación. Por medio de Jesucristo, su Unigénito, nos atrae hacia sí para que vivamos en su intimidad y para que no actuemos según nuestros criterios, sino desde el cumplimiento de su voluntad.

A partir de la entrada de Jesús en el mundo, de su muerte y resurrección, la fe no puede reducirse a nuestros diálogos sobre Él ni a nuestras reuniones para compartir sus enseñanzas. La fe en el Resucitado nos pide que nos dejemos seducir y arrastrar por sus palabras de vida. Si no queremos sucumbir a la nada, debemos permitir que Cristo toque nuestra mente y transforme nuestro corazón.

Esto quiere decir que no solo hemos de confesar a Jesucristo como Señor y Salvador, sino que hemos de consentir su presencia en nuestra existencia diaria, pues Él ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos (Mt 28, 20). Quien confiesa creer en Jesucristo ha de preguntarse si está dispuesto a conocerle íntimamente y a dejarse guiar por Él en cada instante de la vida.

La pertenencia a un movimiento o a una asociación religiosa puede ayudarnos a crecer y a madurar en la fe, pero no la garantiza. Solamente cuando el Señor se hace presente a nosotros y le permitimos iluminar nuestros pensamientos y orientar nuestras acciones, tendremos fortaleza de espíritu para asumir el desprendimiento, dejarnos asombrar por su amor y permanecer en el servicio a nuestros semejantes.

El Evangelio nos dice que, durante los años de su vida pública, muchos se admiraban de las enseñanzas de Jesús y de los signos que realizaba, pero pocos se dejaban seducir por Él, permaneciendo a su lado en los momentos de incomprensión y sufrimiento. Otros le vieron resucitar muertos, comentar a los profetas y hacer milagros, pero solo confiaron en Él y le siguieron los que se dejaron arrastrar por su condición de Hijo de Dios.

Si la presencia real de Jesucristo en su Palabra, en los sacramentos y en los pobres, no nos mueve a confiar en Él y a descubrirle vivo en medio de nosotros, se debe a que le vemos como un personaje del pasado sin capacidad de actuar en el presente. Esta visión, que contradice las enseñanzas evangélicas y el testimonio de millones de santos, nos incapacita para vivir el presente con sentido y para afrontar el futuro con esperanza.

Atilano Rodriguez

La fe en Jesucristo, muerto y resucitado, exige que nos pongamos ante Él con nuestra pobreza para dejarnos interpelar por su presencia real en medio de nosotros. Cristo no está recluido en el pasado, sino que vive y actúa en el presente para que descubramos la novedad de su presencia y para que encontremos plenitud de sentido a nuestra peregrinación por este mundo. En el nuevo año, no dejemos de buscar su rostro compasivo y misericordioso en medio de las oscuridades del camino.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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