viernes , 18 septiembre 2020

La procesión del Cristo del Amor y de La Paz llenó las calles de Guadalajara

Viernes Santo. Concluido el Sermón de las Siete Palabras en la Iglesia de San Ginés, el nerviosismo se masca en el ambiente interior del templo. Penitentes acopiando las cruces, costaleros ajustando las morcillas y fieles colaboradores despejando el espacio para la salida del paso.

Crónica de Andoni Madrid
Fotografía de Cuka Leyre

En el exterior, muchos devotos y curiosos de cualquier confesión esperan con paciencia la salida del Cristo Crucificado en la explanada del templo.

Las puertas de la Iglesia se abren a la hora señalada; la Cruz de guía aparece seguida del estandarte de la Hermandad, libro de reglas, pendón de las Carmelitas mártires, etc. y los penitentes de la Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz con sus inseparables cruces hacen pasillo en espera de la salida del paso.

 

La expectación aumenta cuando sale la imagen del Cristo en la Cruz, sobre un monte de claveles rojos y cuatro hachones de cera, cruzando el dintel de la puerta por 29 costaleros de la Hermandad de rodillas que lo llevarán a lo largo de la estación de penitencia.

Rompen el silencio los primeros aplausos de la concurrencia como premio al esfuerzo de los jóvenes sufridores mientras la Agrupación Musical de la propia Hermandad interpreta la marcha de Granaderos que acompañara el paso con su amplio repertorio de música procesional.

 Al cielo con Él

El capataz Antonio Ramos lanza el grito: “Al Cielo con Él” y la primera “levantá” por el alcalde Antonio Román, da inicio al desfile procesional, camino del encuentro con su madre entre la multitud que se agolpa en las aceras. Dan escolta al Cristo Crucificado seis miembros de la Benemérita al ser hermano honorario el glorioso cuerpo de la Guardia Civil.

Fieles a la cita, varios componentes de la Hermandad homónima salmantina participan en la procesión desde el año 2007.

 Encuentro con Nuestra Señora de la Soledad

Media hora después, en la plaza del Jardinillo repleta de público expectante como es ya tradicional, tuvo lugar el emotivo encuentro con la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad de San Nicolás.

Con exactitud milimétrica por el espacio reducido y sin llegar a rozar sus tronos, Los costaleros de ambos pasos al ritmo de los acordes musicales de la banda, mecían con mimo sus imágenes, ante la emoción de creyentes y la admiración del numeroso público asistente al encuentro.

El silencio y la expectación era máxima en el ambiente, lágrimas de emoción, respeto, saetas, el canto de la salve; en definitiva, se dieron cita todos los ingredientes y los diversos contrastes de la Semana Santa guadalajareña hasta que finalizado el encuentro, los aplausos prolongados premiaron como agradecimiento las bellas escenas vividas.

Concluido el encuentro, uno de los momentos que realzan la Semana Santa guadalajareña, la procesión continuó su recorrido por las calles de la ciudad con parada ante la puerta principal del Asilo de las Hermanitas de Ancianos para volver a la iglesia de San Ginés sobre la hora “nona”, (3 de la tarde), hora que al decir de las escrituras, Cristo exclamó: «Todo ha sido cumplido».

Los abrazos y las lágrimas de emoción entre participantes y familiares culminan la estación de Penitencia con un clavel del Cristo como recuerdo.

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