miércoles , 29 septiembre 2021

De 2020, lo mejor con diferencia, los abuelos

     Después de médicos, sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad, cocineros, voluntarios, distribuidores locales, comarcales, nacionales o internacionales, al final de un año tan difícil para todos, en la mayoría de las familias quedaba un hueco y un deseo, un recuerdo y una esperanza de que alguien se acordara de los abuelos.

     No nos bastaban los homenajes públicos a los ausentes, ni siquiera las palabras de agradecimiento de ciertas autoridades, ni los whatsapp o las video-llamadas de  familiares o de amigos. Se agradece todo…

     Pero no es lo mismo decirlo que verlo, que dejar que toda España viera a los abuelos, para convencerse. Ellos, no solo en la familia, también en la sociedad son imprescindibles. Su alegría, su paciencia, su humor, su forma de ser, su camaradería y su trabajo e incluso su deseo de aprender, han sido una lección de vida.

      ¡Quien ha vivido mucho, mucho sabe! A veces, se olvida. Saben estar, y decir lo que piensan  que no siempre es fácil, pero sin herir.  Y a su edad, tienen anchas las espaldas para aceptar, encajar y soportar la vida como viene o como se presenta.

Imagen de la Agencia Open Comunicación

       Todo un acierto, que TVE programara,  MastreChef abuelos justo en Navidad. No ha sido un descubrimiento, sino un gozo, apreciar la mesura, la prudencia, la visión serena de las cosas, la aceptación prudente de la inocencia o el torbellino de los niños-nietos. En una palabra, hemos podido apreciar y sentir el seny, sabio y acogedor que tiene esperanza y es alegre. Saber lo que es correcto, lo que es justo o conveniente, sin imponer criterios, ni autoridad, solo dar tiempo al tiempo para que la  verdad se haga y dejar la huella del ejemplo en el corazón de alguien, para mostrar el camino. Un abrazo, un beso, una mirada comprensiva o tierna, iluminan el corazón de todos y llega a las mentes más inquietas, disipa los miedos a los tristes y transmite paz. ¡Qué maravilla!     

       Ellos, en general, han sufrido este año 2020 como nadie, porque muchos nos han dejado y otros, en residencias o en sus casas, por culpa del virus, han quedado aislados, sin ver en muchos casos a sus hijos, ni recibir siquiera el abrazo y el cariño de sus nietos.

      Millones de personas han podido ver, gracias al programa citado del día 25, que los valientes (hombres y mujeres) que lucharon en su día, para sacar adelante una familia, sin tener apenas medios, no intentaron llenarse los bolsillos, sino dejar una semilla en el corazón de otros, empezando por los suyos. Ese era su gran sueño y es ya su mejor herencia.

Un abuelo toma de la mano a su nieto. Imagen de la CAM

     Televisión española, hizo a la vez un homenaje y un recuerdo, pero fue mucho más, porque de algún modo, todos nos vimos implicados, y disfrutamos con la humanidad de los mayores (no actores), las travesuras de los pequeños aspirantes, y del encuentro sorpresivo con algunos de los suyos, que no veían desde hacía mucho debido a la pandemia.

    Coincido con Esther Mucientes, en que «lo bueno que ha traído consigo la pandemia del coronavirus es que nos hemos dado cuenta de lo importante que son estas generaciones, de lo mucho que las necesitamos, de todo lo que les queda por dar, por vivir. Y todo eso se vio anoche en MasterChef Abuelos. Fue tan sumamente especial que por mucho que tuviera la misma dinámica que otros MasterChef, lo que hicieron ellos anoche nada tiene que ver con MasterChef. Sí, claro que cocinaron; claro que pasaron las correspondientes pruebas; claro que hubo una ganadora; claro que hubo valoraciones. Sin embargo, todo eso ellos lo hicieron suyo, tan suyo que todo fue distinto«.

      Y Mucientes concluye: «Lo que vimos anoche no es normal, es excepcional. Y precisamente es excepcional porque ellos han vivido lo que nosotros no. Es lo que se puede llamar su experiencia vital, una experiencia vital que les ha hecho únicos, que les ha hecho que sean de lo más necesario en nuestras vidas, en las de sus nietos, en las de los jóvenes, en las de cualquiera«.

      Tal vez el inmenso dolor de los abuelos, es que a pesar de su trabajo y de su sacrificio, «alguien» no ha hecho bien las cosas, porque sus nietos no pueden emanciparse y, el 90% de los jóvenes, no tiene ingresos suficientes para vivir solos.

       Sin pretenderlo, simplemente dejándoles a su aire, -ser-como-son,-hablar-y-actuar-, pusieron de manifiesto, las terribles soledades y los pequeños o grandes dramas vividos, hijos que  viven a su costa, nietos que llaman a la abuela «al pasar por su acera, por si les invita a comer», aunque vivan  en la otra punta de la ciudad.  Los abuelos, con más de 60 y hasta de 75, 78 y 86, con un aspecto y una energía  envidiables, se han metido en el bolsillo a los telespectadores. Pero… unos concursantes competitivos, que disfrutan, se esfuerzan y respetan.

        Anoche, en el programa a los abuelos «no se escuchó ni una palabra más alta que la otra, ni un mal gesto, ni una falta de respeto, ni un ápice de maldad. Claro que se decían a la cara y sin pelos en la lengua lo que les parecía en cada momento». Aunque hubo una ganadora, ¡triunfaron todos!

       Hasta la abuela Loles León,  que sustituía a un miembro del Jurado habitual, puso, con simpatía y naturalidad, un toque personal lleno de frescura y de saber estar con los abuelos, los comensales y los jueces. No le vino grande el papel, más que cumplir con creces, fue una más.

       Los abuelos que estuvieron ahí el día 25 de diciembre, aunque cada uno fue invitado a ser él mismo, representaban a todos los abuelos, nos recordaban a los nuestros y lo han hecho muy bien. Deseamos que sigan siendo los pilares de la sociedad en que vivimos porque les necesitamos, tanto sus familias como los demás ciudadanos.

       ¡Gracias, y ojalá nos duren mucho!

       ¡Enhorabuena y Feliz año 2021!

        José Manuel Belmonte

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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