De título tan ambiguo como ambicioso este espectáculo monologal incorpora, junto elementos de cosecha propia, una variopinta selección textos ajenos: relatos, fábulas, poemas, citas, canciones y fragmentos de obras teatrales, a través de los cuales se nos viene a proponer una reflexión compartida sobre una no menos heterogénea amalgama de cuestiones fundamentales para el ser humano como el amor, la libertad, los sueños, el azar, el paso del tiempo, la construcción de la identidad o la búsqueda de la felicidad.
Al parecer la selección del material al que el espectáculo pretende conferir forma dramática proviene de la propia experiencia vital y artística de los creadores en ámbitos tan diferentes como el pensamiento, el arte o la literatura. Hablamos de Hassane Kouyaté, actor vinculado a la compañía de Peter Brook y profundo conocedor del folclore africano, del joven músico y actor Víctor Lucas que acompaña la actuación con música en vivo y de Santiago Sánchez, actor, director y alma mater de la compañía L’Om Imprevís, de larga trayectoria y acreditada solvencia; actor/narrador, en este caso, bajo la dirección del propio Hassane Kouyaté.
Se trata de textos de Eduardo Galeano, Pepe Múgica, Cervantes, Shakespeare, Hierro, Pavlosky, Calderón, Chejov o Lorca; músicas tan dispares como las de Tchaikovsky o Serrat, todo ello entreverado con relatos de la tradición oral africana, elementos que adquieren diversos grados de protagonismo en función de las necesidades del guión y que configuran una débil trama argumental que se habría ido destilando a lo largo de un proceso de creación colectiva, proceso no cerrado y a cuya realización definitiva debería de colaborar, en cada función, el público asistente a la representación.
La propuesta, una invitación al espectador a participar en una experiencia compartida, a abstraerse del tráfago de la vida cotidiana y abrir un paréntesis de calma y sosiego que nos permita “mirar hacia dentro”, encomiable de suyo, no acaba de fructificar del todo. Los compases iniciales, con la poética evocación del origen “el vacío insensible y ciego se llenó de pensamientos, que explotaron y formaron palabras (…) que decidieron nombrar a los seres (…) hombre/mujer, que se unieron junto al fuego, que se amaron (…)”. La apología de la sobriedad, el valor de la pequeñas cosas; el azar del nacimiento y el enigma que encierra la pregunta leit motiv del espectáculo: ¿de dónde venimos?; este comienzo, atrapa nuestra atención, seducidos en gran medida por las dotes para la narración oral de Santiago Sánchez.
Pero pronto esas expectativas resultan defraudadas. El hilo narrativo se torna más y más errático, la atención se dispersa y el interés deviene cansancio y aburrimiento, hijos de la reiteración. El anecdotario no consigue escapar al tópico que llega a su máxima expresión en la burda parodia del niño a quien el cura no consigue explicarle lo que es el alma ni en qué consiste la virginidad de María. Y la ingenuidad del niño, su preocupación por la suerte de los “desalmados” conejitos del carpintero viene a ser una acertada metáfora de esa suerte de de desnaturalización o banalización de la gran pregunta con la que se abría el espectáculo. Ya para entonces es tarde para enderezar la caída en picado de la gráfica que representa la curva de nuestro interés y ya no valen las apelaciones al uso de la máscara del palurdo bufón para quien la vida es una milonga (perdón, es como ¡una zanahoria!), ni la nariz de payaso, ni las inanes consideraciones sobre el tiempo, ni siquiera echar mano del magnífico segundo monólogo del Segismundo calderoniano.
En todo caso, Santiago Sánchez, que se presenta como un hábil contador de historias, ha tenido más fortuna que el protagonista de uno de sus cuentos en el que se evocaba precisamente a un contador de “historias para cambiar el mundo” que fue perdiendo progresivamente su auditorio hasta quedarse sólo y que al ser preguntado por un niño que por qué seguía haciéndolo respondió: “si no puedo cambiar el mundo, al menos conseguiré que el mundo no me cambie a mí”. En este caso el auditorio perseveró hasta el final y le rindió un más que cortés aplauso.
Gordon Craig, 21-I-2026
Ficha técnico artística:
Creación de Hassane Kouyaté y Santiago Sánchez.
Con: Santiago Sánchez.
Escenografía: Dino Ibáñez.
Vestuario: Gabriela Salaberri..
Iluminación: Félix Garma.
Música en directo: Víctor Lucas.
Dirección: Hassane Kouyaté.
Madrid. Teatros del Canal Español. Hasta el 25 de enero de 2026.
El Heraldo del Henares
