lunes , 21 septiembre 2020

Los muertos…¡están vivos!

         No voy a hablar de huesos, ni de muertos. Tampoco de Halloween y el carnaval que se ha montado en noviembre con su fiesta, aunque esté ya muy próxima. Tampoco de la obra de de Zorrilla, ni siquiera la representación, que por aquí se hace de… «El Tenorio Mendocino«.

          Me interesa la vida. En todo caso,  ni la farsa ni los disfraces aportan algo nuevo. Respeto esas «formas de teatro» y a quienes disfrutan con ellas, en una época convulsa y una sociedad que pone patas arriba la convivencia. ¡Allá cada cual con sus ideas, sus sentimientos, sus valores y sus votos! Es posible que la manipulación de la educación, haya terminado contaminando lo mejor de cada uno: la humanidad y la consciencia.

         Cada uno, con el paso de los días, va adquiriendo una experiencia propia.  Y la mayoría hemos aprendido al menos 3 cosas  útiles y claras: 1) que solo el cariño atrae;  2) que el odio aleja; y 3) que no vamos a estar aquí siempre.  Teniendo eso en cuenta, se puede crecer como persona, convivir socialmente, saber dónde vamos y  ser felices.

         Teniendo, esas 3 ideas claras, se puede entender la cultura de la vida, la esperanza y la paz.

         1.-  No vamos a estar siempre  aquí, pero la muerte no existe.

          Ha pesado tanto el legado cultural que se viene trasmitiendo de padres a hijos desde la antigüedad, que esta afirmación parece absurda. Las creencias religiosas que han reforzado las distintas  religiones hasta hoy, han convertido la muerte en un pilar, o en un tabú. Y también por tradición,  se dice tabú,  a «lo prohibido».

         Así que vamos a ser claros. Esconder la verdad o esconderse, para intentar escapar de la responsabilidad o del destino, es un engaño. Afrontar las cosas como son es de mentes abiertas y con valor. Según el escritor  John le Carré, «el coraje moral»  es algo que va faltando y mucho, a ambos lados del Atlántico.

Panteón funerario privado en el cementerio de Guadalajara

       Al hecho o la realidad de la caducidad del componente corporeomental en el que estamos encarnados, muchos le siguen llamando, hoy en día, «muerte». Es dejar de vivir aquí y ahora. Es una verdad que se ha impuesto en nuestra cultura y tiene su importancia. El gran Steve Jobs dijo algo que hay que tener en cuenta:«Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo no quiere morir para ir allí. Y, sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así es como debe ser, porque la muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo». 

          Dicho lo cual, lo importante es que no todo acaba ahí. «La muerte no es el final», es el himno con el que las Fuerzas Armadas homenajea a los caídos. Quiere decir, que algunos, -tal vez demasiados-, no saben que lo que llamamos  «muerte», no existe. Es una ficción. Y según el diccionario, es un hecho o un suceso, fingido o inventado. Por supuesto esa «ficción» se va transmitiendo y aceptando porque implica emocionalmente  a las personas, a los espectadores que no se van.

       Pero, los que se fueron, ¡están vivos! «Lo» que enterramos, cuando alguien «transita» y nos deja, son cenizas, polvo, despojos, es decir, «el coche» que conducían, para moverse e ir de acá para allá. Ellos no eran «eso», aunque «eso» nos sirviera para verles, conversar y abrazarles, pero no era lo esencial. «Eso», cumple años y tiene fecha de caducidad. Algunos quisieran volver a los años pasados, pintan el coche o embalsaman para que parezcan jóvenes.

        La Vida que nos anima es lo importante. Esa Vida con mayúsculas, engloba e incluye «la vida y la muerte». Nuestra naturaleza es fuente de energía, sabiduría, serenidad, creatividad y amor. Es divina y eterna. Nuestra auténtica realidad es «multidimensional»  Por eso nuestra naturaleza es también humana, mortal, encarnada, temporal, como es palpable, pero no es todo.  Conocernos, no es rechazar nada sino aceptarlo todo. Conocer una, ayuda a conocer la otra. Y valorarlas como se merecen y respetarlas, ayuda  a disfrutar cada instante de nuestra existencia. Los eufemismos muerte, deceso, defunción, fallecimiento, óbito, expiración, perecimiento, fenecimiento, cesación  indican un efecto terminal que resulta de la extinción del proceso terrenal de  un ser vivo físico. En nuestro caso un ser humano vivo.

        ¿Muere la oruga cuando se convierte en mariposa? ¿Es «el paso»  para  descubrir el potencial que permanecía oculto y le permite volar en libertad?

       El tránsito, llegará cuando tenga que llegar. Con él nada finaliza porque al ser humano «eterno» da un paso hacia la transformación y entrar en otra dimensión. Entonces, puede verlo -contemplarlo- todo en otra luz y otra percepción de la realidad, tanto del más allá como del más acá. Sin miedo y sin temor.

      2.- Hay vida, más allá de la vida.

       ¡Eso es lo importante! No es un engaño. Es una verdad que muchos han podido comprobarHay un congreso sobre el tema los días 26 y 27 de octubre. Es ya la XII edición en Albacete, a las que habría que sumar las tres primeras ediciones celebradas en Hellín.http://www.vidadespuesdelavida.es/

       Llegado a  este punto, me viene  a la memoria un recuerdo. Hace unos días escuchaba en el programa matinal  de  Carlos Herrera que una señora había tenido un accidente y fue llevada al hospital, en Sevilla.

     Contó, que tuvo un accidente brutal, y quedó mal herida, con politraumatismo potencialmente letal, con pérdida de conocimiento etc. Desconozco la fecha del accidente -si la dijo- porque yo iba conduciendo, pero dijo: «alguien debió avisar a la ambulancia. Escuché que alguien, a mi lado comentó, «esa» esta tan grave que no se va a recuperar, así que vamos a atender a los otros. Cuando terminaron de atender a los otros heridos, me metieron en la ambulancia y me llevaron al hospital. Allí me pusieron en una camilla y llevaron al quirófano. Estaba, inconsciente, pero podía «ver a los médicos y enfermeras que movían la cabeza y no daban nada por mí: «No es posible que se recupere». Mientras, yo estaba flotando por encima de la sala, y estaba tranquila. De pronto una luz se iba acercando hasta envolverme. Pude ver a mi padre y a mi madre y también a mis dos maridos. Hablamos sin palabras. No sé cuanto duró. Yo percibía todo con mucha paz.  Lo que sí sé es que poco a poco la luz se fue retirando y me dijeron que volviera. Al cabo de algunos días comencé a despertar y recuperar la consciencia. Mi familia y algunos amigos estaban junto a mi cama. Cuando pude recuperarme, comenté lo sucedido a los míos. Puedo decir hoy lo que sentí en esa experiencia. Desde entonces no tengo miedo a la muerte«.

Tablilla funeraria para ‘iluminar’ a los difuntos del municipio alcarreño de Escalera

        Los seres queridos fallecidos son ya incorpóreos. Son energía, consciencia, amor y luz. Tienen la forma reconocible de los seres que amamos. No se ven con los ojos.  Son percepciones extrasensoriales, pero reales e indudables. El conocimiento por los «lazos de amor», que dos seres perciben o se comunican, incluso en la distancia, puede darnos una idea. Allá llevamos el estado consciencial que teníamos justo antes del tránsito, en el que está,  por supuesto «todo lo que hemos dado«, y que desata, libera y clarifica.

        La sevillana no es un caso único. Solo en EE.UU hay más de 2 millones de personas que han vivido y contado experiencias cercanas a la muerte (ECM). También en España existen personas que han tenido estas experiencias. A alguna de ellas las he conocido personalmente. De su experiencia y de lo que han recogido en sus escritos  sobre otras personas que han pasado por ahí, se puede aprender, si se quiere. Transcribo lo que dice una  de esas personas:

        «Un mayor conocimiento acerca de la «muerte» nos impulsa a vivir mejor, libres de miedos y con plena confianza en la Vida. De hecho, al finalizar nuestra encarnación no morimos, sino que efectuamos el tránsito a otro plano de existencia, donde seguimos teniendo experiencias. No hay motivos para preocuparse en relación con el tránsito y, mucho menos para verlo como algo aterrador» (El tránsito, de E. Carrillo).

       Precisamente la semana que viene se celebra el «día de los difuntos». Muchas personas suelen acudir a los cementerios a llevar flores y rezar ante los restos de sus  seres queridos.

Cementerio municipal de Guadalajara

       Algunos poetas puntualizaban también: «No son los muertos los que en dulce calma/ la paz disfrutan de su tumba fría;/ muertos son los que tienen muerta el alma/y viven todavía«. En un mundo, tan complejo otros se atrevían a precisar que hay «hombres que en el Mundo viven, y hombres que viven en el Mundo, muertos«.

      Me gustaría que, en la medida de lo posible, quienes lo deseen puedan disfrutar estos días de «Despedidas«, que en algunos países lleva el título de  «Violines en el Cielo«,  también conocida por su título en inglés Departures. Es una película japonesa de 2008 dirigida por Yojiro Takita. Hermosa banda sonora del maestro Joe Hisashi.  Fue ganador de un Premio Óscar en 2008 como mejor película de habla no inglesa. V.O.S. Castellano.

       Lo adjunto en partes, porque facilita el verla cómo y cuando se desee.

«Violines en el Cielo» 1.-

«Violines en el Cielo» 2.-

«Violines en el Cielo» 3.-

«Violines en el Cielo» 4.-

«Violines en el Cielo» 5.-

«Violines en el Cielo» 6.-

«Violines en el Cielo» 7.-

«Violines en el Cielo» 8.-

«Violines en el Cielo» 9.-

«Violines en el Cielo» 10.-

«Violines en el Cielo» 11.-

«Violines en el Cielo» 12.-.-

«Violines en el Cielo» 13.-

«Violines en el Cielo» 14.-

José Manuel Belmonte

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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