domingo , 16 diciembre 2018
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Miedo da: van a renovar de arriba abajo la oficina

Ha habido ocho viajes programados para los directivos con la finalidad de conocer el funcionamiento de otras empresas, y han bastado solo cinco para comenzar a desmantelar la nuestra. Miedo da. Que no hay día que no haya una nueva sorpresa en pos de la productividad poniendo en práctica lo que en otros países dicen que funciona como la seda. Que empezaron, no sin secretismo, echando las puertas abajo de despachos y salas de reuniones, para que así, todos con todos, juntitos en buena compañía jefes y empleados, se eviten suspicacias personales y, sobre todo, ese cacareo que comienza los lunes con un murmullo y acaba los viernes en crescendo, hablando todos a grito pelado, por la emoción de sentir tan cerca el fin de semana. Que han cogido carrerilla y no paran de tirar paredes y levantar muros, taladro va martillazo viene, cuidándose bien de que no se vea ni se sepa nada, tapándolo todo a cal y canto para que no haya ni una rendija por donde adivinar qué se oculta detrás de tanto misterio.

Pero como los hay con vista de lince, o con un umbral de audición capaz de captar lo inaudible, ya algunos dicen que el plato estrella de la temporada será un aseo con ducha, jacuzzi y sauna, por eso de que venir a trabajar es un deporte de riesgo con tanto atasco, las líneas de metro cortadas y un carril bici que no existe, que es verdad que se suda la gota gorda para llegar a tiempo y entrar a tu hora a fichar, oliendo a choto, aunque muchas veces aquí dentro también atufa bastante.

Las malas lenguas lo que dicen es que toda la culpa viene del viajecito ese que hicieron a Silicon Valley, donde está de moda que los trabajadores se enfrenten a situaciones incómodas para combatir el estrés. Y para eso nada mejor que obligar a los empleados a darse duchas heladas en mitad de la jornada. Que aseguran que con el ritmo cardíaco y la circulación sanguínea a tope, liberando endorfinas, se consigue un aumento considerable de la productividad. Algunos, solo de pensarlo, ya han comenzado a estornudar, preparándose para la neumonía que les caerá este invierno, que de esta dicen que no nos libramos nadie.

Pero lo que nos tememos es cuando la empresa ponga sus ojos en Disneyland. A saber cuántos castillos hinchables nos obligarán a subir disfrazados de Mickey Mouse.

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