miércoles , 23 septiembre 2020

Sacerdote y pedagogo a contracorriente: POVEDA (Pablo Moreno, 2016)

Pablo Moreno es un director, productor y guionista español un tanto atípico ahí donde los haya pero no por ello resulta ser menos interesante cinematográficamente hablando. Su trayectoria fílmica comienza en Ciudad Rodrigo (Salamanca) al abrigo de las murallas de esta bella ciudad histórica y monumental y bajo los auspicios de la Diócesis de la citada ciudad y comarca mirobrigenses: momento en el que crea (junto a otros amigos) la productora “Contracorriente Producciones”.

Su trayectoria cinematográfica, ya incluso desde sus primeros inicios amateurs y semiprofesionales, ha sido consecuente y coherente a la hora de encauzar y abordar sus proyectos fílmicos de temática histórico-religiosa católica. Ahí están algunos de sus primeros largometrajes de bajo coste (entre otros dos más anteriores) titulados, por ejemplo, Pablo de Tarso, el último viaje (Pablo Moreno, 2009) o el ya más profesional y con mayor presupuesto de nombre Un Dios Prohibido (Pablo Moreno, 2012). Éste último filme narra el martirio y asesinato de cincuenta y un religiosos claretianos españoles en Barbastro, Huesca (sólo sobrevivieron en aquel momento dos claretianos argentinos) entre el 20 de julio y el 15 de agosto del año 1936, a los pocos días del comienzo de la guerra civil española 1.

Y así, hasta hoy en día, la técnica cinematográfica de Moreno ha ido depurándose poco a poco hasta alcanzar la profesionalidad que imprime el oficio de cineasta. Ahí está el caso de la película que ahora ocupa el trasunto de este artículo que es la titulada Poveda (Pablo Moreno, 2016) la cual narra, en clave biográfica, la vida y obra de San Pedro Poveda (1874 – 1936): sacerdote y educador mártir (canonizado por el Papa San Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003) que creara, en los años de la segunda década del siglo XX, el embrión de una primigenia fundación de academias educativas constituidas por mujeres (normalmente maestras ya tituladas) cuyo objetivo sería el de formar a futuras estudiantes de Magisterio desde una óptica y perspectiva cristianas para su futura integración en la sociedad y en el sistema educativo español de la época. Este movimiento pedagógico desembocaría, posteriormente, en la creación de la denominada Institución Teresiana (Pedro Poveda se sintió inspirado espiritualmente por la obra literaria de Santa Teresa de Jesús) por parte del citado religioso (al cual interpreta el actor Raúl Escudero).

Poveda, en su construcción narrativa y estilística cinematográfica, emparenta con la posterior película del citado director titulada  Luz de Soledad (Pablo Moreno, 2016) en el sentido de que ambos títulos nos cuentan la vida y obra de los personajes protagonistas (San Pedro Poveda y Santa Soledad Torres Acosta, respectivamente) mediante la existencia de uno o varios personajes dramáticos de carácter secundario que interpelan al protagonista principal de la película, en el primer caso (tal como sucede en Poveda) o bien a través de algún otro personaje de reparto que es inquirido por uno o varios actores secundarios (es el caso de Luz de Soledad) con el fin de ir narrando sucesivamente la biografía del personaje principal. Es éste un recurso literario y dramático clásico que ha sido utilizado en numerosas ocasiones en la literatura, el cine, el teatro…; pero, a pesar de su presunta sencillez y efectividad narrativa, hay que saber utilizarlo con sumo tacto y con cierta y sutil habilidad para que esta construcción dramática (y cinematográfica) no “chirríe” demasiado.

Este tipo de narración cinematográfica conduce en ambas películas a la continua utilización de flashbacks hacia el pasado existencial del (o de la) protagonista y obliga al director (y/o guionista: en el caso de Poveda los guionistas son Pedro Delgado y el propio Pablo Moreno) a pergeñar y a engarzar con cierta habilidad los tiempos presentes con los tiempos pasados o viceversa de tal forma que la citada transición temporal cinematográfica se haga en el momento preciso en que el diálogo o los diálogos de los actores intervinientes lo posibiliten. Éste es, quizás, el aspecto cinematográfico más interesante de Poveda. Otros aspectos del filme también valiosos son, sin duda, la planificación secuencial de la película y su estimable fotografía; ésta última obra de Rubén D. Ortega.

La obra cinematográfica comienza, precisamente, en el tiempo “actual” de los primeros días del inicio de la guerra civil cuando el sacerdote Pedro Poveda es apresado por un grupo de milicianos republicanos. Desde este primer momento narrativo uno de esos milicianos (interpretado por el actor Miguel Berlanga) entrará en contacto con Poveda (con modos  hostiles y no cargados de buenas intenciones, precisamente, hacia su persona) para después entablar un tenso diálogo con el apresado… Una foto antigua en blanco y negro caída al suelo desde el interior de las páginas de un breviario del religioso será el recurso narrativo y fílmico que transportará al Padre Poveda a narrar, mediante flashbacks recurrentes, sus inicios pastorales y educativos en las míseras cuevas de Guadix (Granada) repletas de hambre, miseria y analfabetismo. Y, por supuesto, con un oyente y copartícipe de excepción: su propio guardián republicano.

Esta primera parte de Poveda ambientada en la primera década del siglo XX en las cuevas de Guadix y que ocupa, prácticamente, la primera hora de metraje del filme está bien narrada y planificada cinematográficamente y tiene, de algún modo u otro, un cierto aire bucólico de sugerencia, evocación y romanticismo de ese mísero pasado histórico, social y político. De ahí saldrá el origen de la citada foto contenida en el citado breviario donde Poveda aparece retratado junto a varios habitantes de las cuevas (el poder evocador de la mirada fotográfica de un tiempo ya pasado que ya fue y ya nunca más podrá volver a ser)… junto a un niño, Antonio, que luego ya adulto intentará salvar la vida del religioso tras su apresamiento por los citados milicianos.

Sin duda, hay que destacar la buena y más que convincente actuación del actor Raúl Escudero (este actor también interviene en un papel menor en Luz de Soledad) que impregna a su personaje de ciertas cualidades y valores como son la tenacidad, el coraje, el ánimo, el esfuerzo, la caridad, el idealismo, la generosidad, la humildad… y, por supuesto, la obediencia a sus superiores eclesiásticos.

En cualquier caso, el relato literario de Poveda no puede calificarse de ser puramente hagiográfico porque el filme no sólo muestra únicamente las cualidades humanas positivas de su protagonista sino que también recoge algunas de sus pequeñas debilidades de carácter e, incluso, algunos roces habidos con el personaje de Pepita Segovia (a la cual da vida la actriz Elena Furiase, hija de la cantante Lolita): maestra y futura directora de la institución educativa iniciada por Pedro Poveda. Por otro lado, la película también recoge las desavenencias, las envidias y las soberbias que su personalidad y su trabajo religioso, social y educativo desencadenan en la jerarquía eclesiástica del municipio de Guadix.

Elena Furiase (que interpreta a Pepita Segovia tal como ya se ha reseñado) parece ser la verdadera musa inspiradora de la filmografía del director Pablo Moreno. Ella ha intervenido también en papeles relevantes en Un Dios prohibido, en Poveda y, por último, en Luz de Soledad… La promoción social y laboral de la mujer en el campo de la enseñanza está plenamente representada en el personaje de Pepita Segovia: una mujer que, tras algunas dudas personales (e, incluso, vocacionales) decidirá continuar adelante en la tarea que el Padre Poveda le ha encomendado: la consolidación y dirección de ese movimiento educativo que, posteriormente, sería conocido como la Institución Teresiana.

Al hilo del estreno de Pablo de Tarso, el último viaje en el año 2009 Pablo Moreno manifestaba lo siguiente: “ considero que mi cine es un cine trascendental y me encanta que mis trabajos no sean vacíos, sino que conlleven una trascendencia independientemente del credo del espectador. Una película con valores en un mundo en crisis es una buena aportación”  2… Y podríamos aplicar este mismo análisis a Poveda: ésta película habla de valores; de valores como la reconciliación entre los seres humanos enfrentados por la guerra, de la bondad y de la generosidad, de la caridad, del altruismo; de la promoción social, educativa y profesional de la mujer, del diálogo con los que piensan opuestamente (ahí están las razones que alega Pedro Poveda en la película a un profesor universitario en relación a los intransigentes postulados educativos de la Institución Libre de Enseñanza), de la solidaridad, de la amistad, del perdón… de la vida y del hombre… En suma, de todo lo divino y de todo lo humano.

Notas:

1 A tal efecto, y en relación a la citada comunidad de religiosos claretianos de Barbastro, Huesca, véase el libro escrito por los dos claretianos argentinos supervivientes: HALL, Pablo y PARUSSINI, Atilio; cmff.: “Nosotros somos testigos. Peregrinación a Roma”, Madrid, Publicaciones Claretianas, 1992.

2 Entrevista al director Pablo Moreno recogida en el periódico La Opinión de Zamora y publicada en la página web www.radioluzvirtual.com con fecha de 30 de noviembre de 2009.

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