miércoles , 19 diciembre 2018
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Teléfonos de alta gama para los jefes, antiguallas inservibles para las secretarias

Hay ocho teléfonos última generación para los directivos y otros cinco de baratillo para las asistentes, con los consiguientes problemas de prestaciones para ellas que no para ellos, que poco o nada hacen ni necesitan, mientras sus secretarias se las ven y se las desean con tales antiguallas para poder llevar la agenda, los pedidos, los cambios de vuelos, las entregas de informes y las llamadas a dos o a tres países en horas intempestivas.

Que por más que, sufridoras, piden y justifican con ejemplos por qué necesitan no solo un buen móvil sino una buena tarifa, los que lucen galones, que no méritos, son los que mandan y defienden, sin derecho a réplica, que lo primero en la empresa son las jerarquías, que no las necesidades.

Y es por eso que hay sillas incomodísimas para los que estamos más de ocho horas sentados frente a la pantalla, y sillones ergonómicos para los que menos plantan sus posaderas pero más cobran, además de disfrutar de una buena calefacción en el despacho, insonoro y bien aislado, mientras los demás nos pelamos de frío, por tanta rendija mal sellada, tanto pasillo con las puertas que no cierran y tanto tabique ahora lo quito ahora lo pongo, al mejor estilo del mago Pop, que según corra el aire, unas veces nos quieren ver a todas horas y otras nos esconden, no les vayamos a pegar lo que no tienen o a enterarnos de lo que no quieren.

Así que lo de los teléfonos es un suma y sigue, que a muchos, incluso, ya nos han amenazado con quitárnoslos de la mesa, no sea que su caché baje si disponemos todos de los mismos privilegios.

Y mientras los más altos en el organigrama presumen en las reuniones de los innumerables gigas que no usan, sus secretarias van como almas en pena rebuscando entre los compañeros los megas que les sobran, como si con esas migajas no se notaran las carencias en recursos, que no económicos.

Que para tirar el dinero a espuertas ya se valen ellos solos, haciendo contratos con indemnizaciones millonarias a los que luego echan antes de que tomen posesión de su cargo, mientras racanean los servicios de internet, naufragando antes que navegando, salvaguardados con flotadores comprados en los chinos, que eso de los sistemas antivirus les suena a no sé se sabe qué campaña de vacunación de los de Sanidad.

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