viernes , 6 noviembre 2026
Calle Mayor de Guadalajara engalanada durante la celebración del Maratón de Cuentos 2026. Fotografía de Cuka Leyre

El ciudadano de a pie pregunta: ‘¿El cuento para quién ha sido más rentable, para algunos o para la ciudad de Guadalajara?’

Guadalajara está celebrando este fin de semana su Maratón de los Cuentos. Funciona. Siempre funciona. Llena, luce y se aplaude. Nadie lo discute. El problema es lo que viene después: el silencio.

Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre. Fotografías de Cuka Leyre

Porque, cuando se apagan los micrófonos, vuelve la misma pregunta incómoda que ya ni se disimula: ¿de verdad esto es todo? Durante años, la izquierda local, con Blanca Calvo ‘como figura cultural de referencia’, desde IU hasta su cómoda convivencia con el PSOE, ha convertido este evento en su gran aval. Su carta ganadora. Su respuesta automática a cualquier crítica

¿Gestión cultural? El Maratón

¿Balance político? El Maratón

¿Proyecto de ciudad?  Otra vez el Maratón

Un recurso político recurrente, casi imprescindible, que ha acabado beneficiando trayectorias personales más que proyectos de ciudad, y donde PSOE e IU han mantenido el guion sin sobresaltos, conservando el símbolo, repitiendo el mensaje y confiando en que el ‘cuento siga funcionando’… Y funciona, vaya si funciona.

Maratón de Cuentos de Guadalajara 2026. Fotografía de Cuka Leyre

Mientras tanto, la ciudad real sigue fuera del foco, esperando algo más que una historia bien contada una vez al año. Pero eso no sale en la foto.

Y en medio de este escenario perfectamente iluminado, el ciudadano de a pie se pregunta: ¿Cuántos años se puede vivir de un solo cuento sin escribir nada nuevo? La respuesta, visto lo visto, es clara, todos los que haga falta.

Porque aquí el mérito ya no está en crear, sino en rentabilizar. En estirar el relato hasta convertirlo en coartada permanente, en hacer de un evento cultural no solo un orgullo colectivo, sino también un salvavidas político… ¿O no?

Maratón de Cuentos 2026. Fotografía de Cuka Leyre

Y es entonces cuando la ironía se vuelve más incomoda. Porque si todo gira siempre en torno al mismo logro, si todo acaba justificándose con la misma historia, alguno empieza a preguntarse, no sin mala intención, si el cuento ha sido más rentable para algunos que para la propia ciudad.

Preguntas que no se hacen en el escenario, claro. Allí todo encaja, todo fluye, todo aplaude. Fuera cada vez menos.

Guadalajara disfruta del Maratón. Y hace bien, pero cuando termine, seguirá quedando lo importante: comprobar si, más allá de este cuento, hay algo más que contar, o si en realidad, nunca lo hubo.

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Un comentario

  1. Estaba pensando en eso. Cada año lo mismo y lo mismo. Cuentos woke hablando de las mujeres, el clima, la inclusión y en contra de valores tradicionales. Ideología de colores pagada con nuestros impuestos. Y seamos sinceros…la mayoría de los cuentos son un rollazo.

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