lunes , 2 noviembre 2026

‘La profanación de don Juan’, de Luis Buñuel, Salvador Dalí y Federico García Lorca: «Un Don Juan irreverente y trasgresor»

El mito de Don Juan es quizá, entre los mitos modernos el que ha concitado más atención e interés entre artistas y estudiosos por desentrañar su esencia. Desde la primera formulación del personaje por Tirso de Molina con su Burlador de Sevilla hasta el Tenorio de Zorrilla no ha dejado de haber revisiones e interpretaciones del mismo, de Moliére a Lord Byron, o desde Freud hasta el doctor Marañón; y no es de extrañar por ello que el grupo de jóvenes artistas de la vanguardia española del círculo de la Residencia de Estudiantes con Luis Buñuel a la cabeza y secundado por figuras como Lorca, Dalí, Bello, Moreno Villa o Maruja Mallo se interesaran por este personaje universal y en particular, por la obra de Zorrilla.

Y es que el montaje que comentamos pretende recrear la experiencia de estos jóvenes creadores, que en el año 1924 se reunieron en la Residencia de Estudiantes para llevar a escena una versión surrealista de la obra del dramaturgo vallisoletano. Dada la escasez de testimonios documentales sobre aquellas memorables jornadas de ensayo no podemos saber a ciencia cierta cuánto de lo que se nos presenta en escena es material original y cuánto es obra del dramaturgista y director del espectáculo Juan Mairena, pero ateniéndonos al brillante resultado del empeño cabe anticiparse a afirmar con toda rotundidad que, como dice el adagio, “se non è vero é ben trobato”, superbamente trovato, diría yo, un trabajo que acierta a crear la atmósfera de franca cordialidad, el tono jocoserio, la Joie de vibre, en suma, que debía impregnar los encuentros de aquellos talentos en plena efervescencia creadora y plenitud vital.

Imagen Copy: Luiscar Cuevas. Teatro Fernán Gómez

Escuetos apuntes de la biografía, andanzas y anécdotas de los protagonistas se intercalan con el ensayo de las escenas cruciales del Tenorio. En esos paréntesis entre escena y escena de las que están ensayando hay lugar para la confidencia, la reflexión sobre la vida en torno o sobre sus preocupaciones de índole personal, artística, filosófica incluso. Son momentos de una entrañable camaradería, con Buñuel rememorando, impresionado por la evocación de la muerte -a cuento de la escena del Comendador-, las apariciones de su padre difunto, o espetándole a bocajarro a Federico que si era maricón (sic); o con emotivos interludios musicales con Lorca al piano improvisando bellísimas romanzas españolas ante un auditorio literalmente boquiabierto. Respecto a las escenas del Tenorio, adaptadas convenientemente, alteradas, más bien, para acomodarlas a la poética surrealista tan cara a  los artífices de experimento, constituyen una verdadera “profanación” del canon en un ejercicio sin precedentes de libertad creadora, dando lugar a cuadros de una belleza plástica y de un impacto visual extraordinario, como la de una doña Inés metamorfoseada en una mantis religiosa en la delirante inversión de papeles del acto IV de la primera parte, o como la fantasmales apariciones de doña Inés difunta en el panteón que ha erigido don Diego para las víctimas de su hijo, y la de don Gonzalo, el invitado de piedra, que viene a reclamar el alma de don Juan al final de la segunda parte.

La trasgresión viene siempre modulada por un irrefrenable sentido del humor, intercalando, entre las solemnes tiradas de versos de los pasajes de más intensa emoción y dramatismo, chistes, bromas, ocurrencias, comentarios salaces o irreverentes que nos inducen a interpretar la escena desde una perspectiva nueva, fresca, rozagante, lejos del envaramiento y la impostación grandilocuente de la sentimentalidad romántica. No sé a quién se le habrá ocurrido implementar el brazo y la mano postizos que aferran la mano de Don Juan para arrastrarlo a los infiernos en pleno clímax de la segunda parte, pero cuando don Gonzalo se retira y vemos que Don Juan se queda con mano y brazo pegados a la suya en forma de exvoto el auditorio no puede sino retorcerse de la risa en su butaca.

El ritmo trepidante de la acción, un vestuario y ambientación acordes con esa nueva poética escénica de corte surrealista,  una espléndida iluminación efectista, una “banda sonora” llena de contrastes y efectos, y un entusiasta y riguroso trabajo de actuación completan las virtudes de este trabajo excepcional. El hecho mismo de tener que recurrir a la recreación de un espectáculo de un siglo atrás, para darle un poco de vidilla a las encorsetadas versiones del Tenorio que por estas fechas inundan nuestros escenarios da una idea del estado manifiestamente mejorable en que se encuentra la escena en el momento presente. Desde luego el montaje se merecería más de las cuatro representaciones que tiene prevista su exhibición para que pudiera llegar a muchos más espectadores.

                                                           Gordon Craig. 29-X-2026.

Imagen Copy: Luiscar Cuevas. Teatro Fernán Gómez

Ficha técnico artística:

Autor: Dramaturgia de Juan Mairena a partir

Con: Manuel Moya, Carlos Algaba, Quique Meléndez,  María Jáimez, Samuel Viyuela González, Sara Moraleda y Rodrigo Sáenz de Heredia.

Diseño de escenografía: Juan Sebastián Domínguez.

Diseño de vestuario: Guadalupe Valero.

Diseño de iluminación: Bea Francos

Música y espacio sonoro: Ignacio García.

Dirección: Juan Mairena.

Madrid. Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa.

29 de octubre de 2026.

Acerca de Gordon Craig

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