Ya puedes ser de izquierdas, de derechas, príncipe o mendigo, tirio, troyano, Montesco o Capuleto, que es conveniente, por el bien de todos, que la izquierda no gane las elecciones.
España decide si quiere convertirse finalmente en un país tercermundista de corte dictatorial, o seguir siendo una democracia occidental, con sus más y sus menos por supuesto.
La izquierda, no la de tipo europeo socialdemócrata, modelo que se ha desechado en nuestro país, sino la marxista convencional, de dogmas caducos y sobre todo hipócrita, puede revalidar el poder y virar, aún más, hacia el totalitarismo.
A través de un agresivo agitprop se diseminan sus mensajes, omnipresentes en la vida del ciudadano al estilo de “1984” de George Orwell, determinando de una manera naíf qué es lo bueno y qué es lo malo.
Lo malo es todo lo que no se identifique con la izquierda, lo bueno, ellos mismos, seres de luz sin tacha. Puro fariseísmo.
Su órgano principal de propaganda es Radio Televisión Española, rebautizada popularmente de modo certero como “Telepedro”.
Una de las argucias dialécticas más extendidas de esta izquierda patria es la de utilizar tácticas para avergonzar, muy rudimentarias, eso sí. Son las famosas “shaming tactics” que dicen los anglosajones. Un buen ejemplo de ello es lo de llamar “fachapobre”, que es una actualización de la trasnochada frase “no hay nada más tonto que un obrero de derechas”, a lo que se puede contestar “la izquierda es un engañabobos”, pues utilizan a la población, muchas veces bienintencionada, como un peón en su juego para que se enriquezca una élite alejada de las tribulaciones del pueblo llano.
Ramón Fernández. Historiador
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