En Junio de 1946, Camilo José Cela llegó a la estación de Guadalajara con una mochila ligera y una mirada afilada. Aquella caminata de diez días daría vida a Viaje a la Alcarria, una de las obras cumbres de la literatura de viajes y el mejor escaparate que jamás ha tenido nuestra provincia
Ochenta años después, las letras del Nobel siguen resonando con fuerza, pero este señalado 80 aniversario ha abierto un debate sobre la memoria cultural y el turismo en la capital alcarreña.
Mientras el corazón rural de la comarca vive la efeméride como un auténtica fiesta de su identidad, el despliegue institucional ha tenido un carácter puramente provincial. La Diputación de Guadalajara, junto a diversos colectivos culturales locales, ha presentado un programa conmemorativo bajo el título “80 años de Viaje a la Alcarria”, que llevará recitales, música y teatro a municipios de la ruta, como Torija, Brihuega, Cifuentes y Pastrana.

El contraste, por omisión, se encuentra en la propia capital. A pesar de ser el auténtico kilómetro cero de su andadura-el lugar donde Cela pernoctó, paseó y tomó sus primeras e indispensables notas de campo-, la implicación del consistorio municipal ha brillado por su total ausencia. El Ayuntamiento no ha promovido ningún gran homenaje, ruta urbana o campaña institucional para conmemorar este aniversario en sus calles. Tan solo una colaboración, junto con otras instituciones, con una carrera organizada por el club Maratón de Guadalajara y que tenía su salida en el Palacio del Infantado.
Ante esta falta de iniciativa, el ciudadano de a pie se pregunta: ¿Cómo es posible que la ciudad que sirve de puerta de entrada a la ruta literaria más universal de nuestra tierra deje pasar un 80 aniversario en completo olvido, perdiendo una oportunidad de oro para reivindicar nuestro propio patrimonio cultural?

Porque, para este ciudadano en concreto, resulta inexplicable que el Ayuntamiento capitalino despache con un silencio absoluto el aniversario de la obra que situó nuestra tierra en el mapa literario mundial.
Esta alarmante desidia institucional no es solo una oportunidad turística perdida, sino un preocupante síntoma de miopía cultural por parte de quienes gestionan el patrimonio cultural de los guadalajareños
Pero a pesar del vacío institucional que se respira en los despachos de la capital, el alma de La Alcarria descrita en el libro sigue viva en cada rincón del mapa, protegida por el orgullo de sus vecinos. ¿O no?
El Heraldo del Henares