domingo , 6 septiembre 2026
Imagen de archivo del dramaturgo alcarreño, Antonio Buero Vallejo

El ciudadano de a pie pregunta: ‘¿Cómo es posible que en Guadalajara presumamos de Buero Vallejo en los folletos turísticos mientras en las calles y colegios de la ciudad su obra es una completa desconocida para las nuevas generaciones por falta de impulso institucional?’

Este 29 de septiembre se conmemora un nuevo aniversario del nacimiento del dramaturgo alcarreño más universal, Antonio Buero Vallejo (1916), algo que desde fuera se ve sumido de nuevo en la modorra institucional y la indiferencia local.

Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre. Fotografías de Cuka Leyre

Septiembre vuelve a asomarse a Guadalajara con su habitual estrépito de charangas, polvareda taurina y verbena. Es el mes en el que la ciudad entera parece enardecerse por el folclore y las tradiciones de peña. Sin embargo, entre el jolgorio y la resaca de los encierros, el calendario esconde una efeméride fundamental que, un año más, corre el riesgo de pasar de puntillas, sepultada bajo toneladas de indiferencia institucional: el nacimiento de Antonio Buero Vallejo, nuestro dramaturgo más universal, cuyo aniversario se celebra este mes.

Extendemos esta indiferencia institucional tanto a la Junta de Castilla La Mancha, que veríamos si haría lo mismo si el personaje a homenajear fuera toledano o manchego en general, como al Ayuntamiento de Guadalajara, ciudad donde nació el dramaturgo, y que debería ser quien liderara los actos en su memoria.

Nacido en esta tierra alcarreña en septiembre de 1916, Buero no fue un creador cualquiera. Fue el renovador indiscutible del teatro español del siglo XX, el hombre que burló la censura franquista con bisturí intelectual en obras maestras como En la ardiente oscuridad, Historia de una escalera o El concierto de San Ovidio, y el primer autor dramático en ganar el Premio Cervantes. Su figura es un faro de la cultura nacional. Pero en su propia casa, el eco de su legado parece apagarse entre despachos y placas institucionales polvorientas.

Placa en la acera junto al edificio donde nació Antonio Buero Vallejo, en la calle Miguel Fluiters de Guadalajara. Fotografía de Cuka Leyre

Es tristemente célebre la paradoja que vive Guadalajara con sus insignes. Se nombra un teatro municipal con su nombre —el imponente Buero Vallejo—, pero la distancia entre rotular un frontispicio de cemento y mantener viva la llama de su pensamiento, su obra y su magisterio ético es abismal. ¿Qué actos reales, profundos y populares se han organizado en esta efeméride para sacudir el letargo estival y acercar a los jóvenes al autor de Guadalajara? Que nosotros sepamos, a fecha de hoy, muy poco o nada que trascienda del formalismo protocolario de una nota de prensa. Quizá se anuncien más actos, como el año pasado, a finales de septiembre. No lo sabemos.

«La tragedia no es el sufrimiento en sí, sino el sufrimiento estéril que no nos enseña nada.», dijo una vez Antonio Buero Vallejo, un axioma que hoy parece aplicarse perfectamente a, hasta esta fecha, olvido institucional de su propia memoria.

Por eso, este ciudadano de a pie se pregunta que cómo es posible que presumamos de Buero Vallejo en los folletos turísticos mientras en las calles y colegios de Guadalajara su obra es una completa desconocida para las nuevas generaciones.

Esta pregunta, directa y punzante, resume el malestar sordo de quienes consideramos que la cultura en Guadalajara se trata a menudo como un mero escaparate ornamental para cubrir expedientes, en lugar de como una herramienta de identidad y educación colectiva. Mientras otras ciudades miman el patrimonio literario de sus hijos predilectos con festivales monográficos, becas de investigación, rutas teatrales permanentes y cátedras vivas, aquí parecemos conformarnos con recordar al genio mediante una ofrenda institucional discreta y rápida antes de que empiece la música de la siguiente peña.

Casa natal de Antonio Buero Vallejo en la calle Miguel Fluiters de Guadalajara

El 110 aniversario de este septiembre debería haber sido el acicate perfecto para un gran año cultural en torno a su figura: conferencias, debates sobre su compromiso social, montajes teatrales en los barrios y un acercamiento riguroso y moderno a su dramaturgia. En su lugar, nos encontramos con la inercia de siempre, donde la alta cultura local sobrevive a duras penas gracias al esfuerzo titánico de personas que reman a contracorriente.

Buero Vallejo escribió que los hombres no debemos resignarnos ante la injusticia ni ante la ceguera. Por eso, hacemos un llamamiento para que Guadalajara abra los ojos ante su legado, sacuda el polvo de las estanterías y entienda que rendir homenaje a un gigante de las letras no consiste en colgar una pancarta cada equis años, sino en hacer que su palabra siga latiendo, viva e incandescente, en el corazón de sus vecinos. ¿O no?

Acerca de El Heraldo del Henares

Diario digital de Guadalajara y el Corredor del Henares fundado en 2009.

Ver también

El ciudadano de a pie pregunta: ‘¿El Ayuntamiento de Guadalajara y su Policía Local van a garantizar de una vez la vida e integridad física de los vecinos frente a los que convierten las aceras en una pista de carreras a bordo de sus patinetes eléctricos?’

El crecimiento exponencial de los patinetes eléctricos (Vehículos de Movilidad Personal o VMP) en nuestras …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.