La Feria del Libro de Guadalajara llegó el domingo pasado a su fin tras varios días de actividad en el parque de la Concordia, con una programación que ha combinado presentaciones, firmas de autores, charlas, recitales, cuentacuentos y talleres para niños y adultos.
Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre. Fotografía de Cuka Leyre
La cita, organizada por el Ayuntamiento de Guadalajara, ha reunido a librerías, editoriales y escritores en torno a una oferta pensada para todo tipo de público, que el equipo de gobierno ha querido presentar como uno de los grandes escaparates culturales de la ciudad.
En sus comunicados, se habla de “uno de los grandes eventos culturales”, de “un programa pensado para todos los públicos“ y de una “oportunidad para reforzar el vínculo entre Guadalajara y el libro”. La Feria, en esa lectura, sirve de vitrina para mostrar una cara distinta de la ciudad, más abierta, más cercana y más cultural.
Pero más allá de los discursos oficiales, en el ambiente de la calle se percibe una pregunta incómoda: ¿por qué la cultura literaria en Guadalajara parece vivir casi siempre de actos puntuales, cuando lo que haría falta es una política continuada, seria y con ambición?
Por eso, este ciudadano de a pie se pregunta si el Ayuntamiento de Guadalajara apuesta de verdad por la literatura y por la vida cultural o si, una vez más, se limita a poner en marcha un decorado amable durante unos días para después volver a la rutina de siempre.
No basta con organizar una feria vistosa, con casetas bien dispuestas y un cartel de actividades aparentemente sólido, si luego faltan campañas estables de fomento de la lectura, apoyo sostenido a las librerías de barrio, líneas de ayudas reales para editoriales y autores locales, y una programación literaria más variada y visible durante el resto del año… ¿o no?
Bibliotecas municipales convertidas en centro culturales, encuentros con autores, talleres de escritura creativa y actividades infantiles, creación de clubes presenciales y virtuales de lectura, bibliotecas al aire libre, implementación de BiblioRíos, Bibliopiscinas o quioscos de libros en parques durante el verano, o el famoso Bookcrossing, -pequeñas bibliotecas de intercambio en plazas, paradas de autobús o centros de salud-, y cuentacuentos callejeros, pueden ser iniciativas interesantes para fomentar la vida cultural de nuestra ciudad.
Porque queremos que Guadalajara sea una ciudad de lectura, de libros y de vida cultural intensa, y no “una ciudad que tiene Feria del Libro” porque siempre la ha tenido.
Por eso, no permitamos que la cultura literaria se trate como un capítulo secundario en la vida municipal de nuestra ciudad, cuando debiera ser un eje central de la misma, porque una ciudad que tiene cultura literaria de verdad “no se viste” una semana al año para la foto de prensa, se mantiene educada, viva y con ideas todo el año
El Heraldo del Henares

