martes , 16 octubre 2018
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Cuando te llaman de Recursos Humanos un viernes…

No hay mucho que decir un lunes a las ocho de la mañana esperando a que den las cinco para marcharse, aunque todos sabemos que nunca será a en punto, sino que tendremos que arañar varios minutos, más bien alguna que otra hora, para justificar nuestro buen hacer en la empresa.

Hoy, como un día más de un nuevo mes que comienza, somos más conscientes que nunca de que estamos en la cuerda floja, y de que en cualquier momento, que probablemente caerá en viernes, uno o varios de nosotros seremos invitados a no volver más.

Por muchos años que lleves, por muchos sacrificios que hayas hecho por llegar a cumplir plazos, por muchos encargos a los que te hayas enfrentado y hayas conseguido sacar adelante, si hay un momento que se tuerce el camino y no hay feeling con tus superiores, te dirán que no has cumplido objetivos, que no te has sabido adaptar a los proyectos, que eres díscolo y mal hablado, poco profesional a estas alturas, y te despedirán con cajas destempladas.

Tú, con la conciencia y la cabeza muy altas, ellos con la sensación de que se han quitado una mosca cojonera. Los demás, compungidos con la noticia, que no ha sido la primera en los últimos meses ni será la última en los venideros, nos vamos tristes y resignados a ahogar la incertidumbre con las cervezas del fin de semana, sabiendo que cualquiera puede estar en el punto de mira, y que solo nos queda, por conciencia, trabajar con el ahínco con que lo hacemos, sin pensar quién será el próximo.

Antes aún nos gastábamos bromas, diciendo que cuando nos llamaran de Recursos Humanos diríamos que estábamos en el baño, y que, ¡ah, se siente!, corría turno, atrapando al más incauto que pillaran en la silla. Pero ahora, tal y como están las cosas, se nos han quitado las ganas de chascarrillos, porque algunos nos dicen, los que más saben, que vamos a llorar, y mucho.

Y aunque hace tiempo que no nos llega la camisa al cuello, temerosos de ser los próximos, siempre con la cantinela de que viene el lobo, que viene el lobo, de lo que sí estamos seguros es de que esta vez parece que viene de verdad, con los colmillos muy afilados y un hambre voraz. Desde nuestro puesto escuchamos cómo afilan los cuchillos, y os puedo asegurar que no, no es un sonido nada agradable.

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