viernes , 18 septiembre 2020

El Cartel de Semana Santa 2018. Arte, música e historia.

Momento de la presentación del cartel (Imagen de J.M. Belmonte)

El Cartel de la Semana Santa 2018, fue presentado por la Junta de Cofradías y Hermandades de Guadalajara, el pasado día 17 de febrero, en un solemne acto que tuvo lugar en el Salón de actos del Colegio Salesiano de Guadalajara.

El evento fue presentado por el secretario de la Junta D. Antonio Ramos y contó con la presencia de D. José González, Presidente de la Junta, D. Agustín Bugeda, Vicario General de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara, D. Jaime Carnicero, Vicealcalde del Excmo. Ayto de Guadalajara y D. Juan Pedro Sánchez Yebra, Diputado de Promoción Social de la Excma. Diputación de Guadalajara.

Tomó la palabra D. José González para resaltar la importancia del acto, como apertura del tiempo que dará paso a la Semana Santa de Guadalajara 2018. Se espera que, como cada año, sea para vivir un tiempo intenso tanto interiormente como de fervor popular. El Vicario General de la Diócesis, ahondaba en la misma idea, además de la oración y el perdón.

También intervino el Vicealcalde, quien manifestó la intención del Ayuntamiento de continuar colaborando con la Junta de Cofradías para el buen desarrollo  y el esplendor de la Semana Santa de nuestra ciudad.

Por último D. Raúl Blanco, Hermano Mayor de la Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz, procedió a presentar al autor del Cartel, D. Salvador González Salado, reconocido diseñador gráfico, que ha sido llamado para realizar trabajos especiales en muchos lugares de España y que ha recibido en 2017 el Premio Extraordinario en Enseñanzas Artísticas Profesionales en Comunicación Gráfica y Audiovisual en Castilla la Mancha.

El autor desveló su obra y procedió a explicar su composición, sobre el Santísimo Cristo del Amor y de la Paz.

Y para  cerrar el acto, tuvo lugar un CONCIERTO a cargo de la Agrupación Musical Santa Marta y Sagrada Cena, de León.  El público siguió con interés la actuación de la agrupación leonesa, con sus trajes muy vistosos y elegantes, y un repertorio variado, en clave de Semana Santa.  Finalizó el acto, con unas palabras de agradecimiento a la agrupación leonesa y con el detalle de intercambio de regalos.

                  La Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz.

         Como pincelada histórica, recordar que La Hermandad se fundó en el año 1962 con 52 hermanos y en la actualidad superan los 300, de todas las edades.

         La talla del Cristo al que debería rendir culto la Hermandad ya había sido encargada en 1961 por D. Julián García García para la parroquia. No podía ser otra que un Crucificado basado en la talla del Cristo de Benalaque, perteneciente al extinto convento dominico. 

Entonces, D. Julián se ocupó del diseño de los hábitos: la túnica blanca, capuchón, manguitos y cíngulos rojos; y símbolos del AMOR y de la PAZ. Como el Santísimo Cristo del Amor y de la Paz, se encuentra en la parroquia de  San Ginés, la Hermandad tiene allí su Sede. Desde allí procesiona. Ha sido modificada la antigua Cruz cuadrada, por una arbórea, y se ha ido adaptando, según la salida del paso: sobre ruedas o a hombros de costaleros.

Los hermanos adquieren la obligación de acompañar a la imagen en los desfiles procesionales y demás actos programados.   Acompañan también, al entierro y funeral  cuando fallece algún hermano. La Hermandad manda celebrar dos misas por cada hermano que fallezca y un funeral al año por todos los hermanos difuntos.

Ayudan solidariamente en sus necesidades a los hermanos que lo soliciten  y atienden al ornato y decoro de la imagen.

La parroquia de San Ginés

Fachada de la iglesia de San Ginés (Imagen de Cuka Leyre)

          Fue quemada durante la guerra civil del año 36 al 39.  Quedó restaurada para el año 1956. Pero su historia arranca cuatro siglos antes.

A principios del siglo XVI, en 1502 el Papa Alejandro VI otorga bula a Pedro Hurtado de Mendoza y su segunda esposa, para fundar un convento de dominicos en Venalac o Benalaque (vena de agua) a orilla del Henares, entre Cabanillas del Campo y Guadalajara.

Allí se erigió un convento de Santo Domingo de Venalac o Benalaque.  Para su iglesia encargaron la talla de un Cristo, que pronto fue conocido como Cristo de Benalaque.  En ese convento tomó el hábito, en 1520, Fray Bartolomé de Carranza.  Pero debido a la insalubridad del lugar pronto se tomo la iniciativa de su traslado a Guadalajara.

De hecho en 1556 los frailes se instalaron en una casa del Arrabal de Santa Catalina, en las afueras de Guadalajara. El citado fraile, (que llegaría a ser un gran teólogo, muy influyente durante la Reforma católica tanto en Trento como en la restauración católica de Inglaterra bajo María I Tudor, llamado por Felipe II a los Países Bajos,  allí mismo fue nombrado Arzobispo de Toledo), gracias a la cesión del Concejo de la Ciudad gestiona la construcción del nuevo convento en Guadalajara, junto a las casas.

La iglesia actual fue pues, antaño, la del convento de Santo Domingo de la Cruz, ya desaparecido. Su construcción comenzó en 1561. Por varias razones la obra se detuvo en 1566, de modo que el edificio actual es aproximadamente la mitad del que se había proyectado. En la enorme fachada de piedra, la portada queda enmarcada por dos grandes contrafuertes, que se prolongan en espadañas. Sobre el rosetón central figuraba el escudo de la orden de Santo Domingo. De hecho, dentro de su austera sobriedad, recuerda someramente la de san Pablo de Valladolid. Y la Plaza colindante lleva el nombre del Santo de Caleruega.

A la iglesia, trasladaron también, lógicamente, el Santísimo Cristo de Benalaque.

El convento creció según cuentan, «gracias a la ejemplaridad de los frailes, y la enseñanza de las humanidades que comenzaron a enseñar«.  En una sociedad convulsa, por las guerras propias en tierras lejanas, por tensiones católicas y reformas protestantes, ni la fe ni el gobierno eran fáciles. «Los poderes del miedo, como los caminos de Dios, son inescrutables».

El abogado navarro Martín Azpilicueta, describe el trasfondo de corrupción social. Según «las pretensiones de varios… afectos al Rey, era fácil intuir que pronto aparecerían en escena la codicia de los unos y  la envidia de los otros con el propósito de conseguir nuevas prebendas (eclesiásticas o políticas, eso era lo de menos) que compensaran el alardeado malestar de quienes se habían sentido defraudados en el último reparto de encomiendas, sinecuras y canonjías».  Se urdieron tramas acusatorias, «en las que se mezclaban sospechas de carácter dogmático, acusaciones anónimas y equívocos malintencionados». Se puso en evidencia la falta de ética pero también de las virtudes cristianas.

Fray Bartolomé de Carranza, que había puesto en marcha el proyecto de convento con la iglesia en Guadalajara, y tanto había hecho por la ortodoxia y por la fe, fue apresado por la Inquisición.  El que entrara de novicio, con 16 años en Benalaque, llegando a ser nombrado para la Sede Primada de España, fue encarcelado sin acusación precisa. La causa de su detención fue que su nombre salió a relucir en los interrogatorios de los luteranos de Valladolid. Lo cierto es que Bartolomé de Carranza cayó en desgracia, y fue encarcelado primero en España donde se prolongó el proceso 1559-1567 y luego en Roma 1567-1576. Preso los 17 últimos años de su vida. Aunque hasta dos Papas, Pio V y Gregorio XIII, lo declararon inocente. Sufrió tanto, que murió en Roma, el 2 de mayo de 1576, lejos de su diócesis. En 1993, sus restos fueron exhumados y trasladados a la catedral de Toledo.

La suerte de Carranza precipitó la reducción del Proyecto y terminación de la iglesia del convento de Santo Domingo de Guadalajara.

          Del Cristo de Benalaque al Cristo del Amor y de la Paz

Talla del Cristo del Amor y de la Paz (Imagen de José Manuel Belmonte)

Don Julián, el párroco de San Ginés, citado más arriba, sabiendo de la devoción de  los guadalajareños al Cristo de Benalaque, propuso una consulta popular para darle nombre al Cristo. La votación fue mayoritaria pero doble: para unos «Cristo del Amor «, para otros » Cristo de la Paz». Por lo que  se decidió unir las dos. Quedó  para siempre Cristo del Amor y de la Paz.

La talla del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz fue realizada en los Talleres Granda de Madrid, en madera de pino y de gran realismo en base al texto del evangelista, cuando ya «todo estaba cumplido»(según Jn 27,30), Jesús » inclinó la cabeza, entregó el espíritu».

Ese preciso instante en que inclinó la cabeza, los ojos caídos, y la boca levemente abierta, es el que recoge la talla. El momento preciso en que Jesús acaba de expirar. Es el rostro que vemos en la imagen del Santísimo Cristo del Amor y de Paz. Momento eterno y siempre nuevo, del amor total, del perdón y de la paz.

José Manuel Belmonte.

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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