lunes , 21 septiembre 2020

En el Aula Magna: Gran lección de la Vida

      La evolución, desde siempre, ha sido compleja y a veces traumática. Desde que la célula, una maravilla de ingeniería natural, se estabilizó hace 2.500 millones de años, hasta hoy, no se  detiene. Va hacia adelante, aunque  no siempre se la entiende.

       Los seres pluricelulares, entre los que nos encontramos los humanos, para evolucionar y crecer, necesitan adaptarse al entorno en que pueda desarrollarse la especie. Hay que procurar aceptar un equilibrio que no se pude sobrepasar entre: producción, consumo para crecer y desgaste. Es necesario para  vivir y sobrevivir. Si se rompe ese equilibrio, se producen perturbaciones medioambientales, que pueden perjudicar tanto al individuo como a la sociedad.

     La Naturaleza, de la que formamos parte, suele avisar -a su manera-, como buena Madre: aunque los humanos se impongan retos materiales que creen poder alcanzar con la tecnología, hay fronteras que es mejor no traspasar. La Naturaleza ayuda a los seres a ser y vivir. La tecnología ha supuesto una ayuda importante para ser más, vivir mejor y tener poder.

      Sin embargo los avances conseguidos, tienen riesgos visibles: degradación medioambiental y consecuencias nocivas de violencia, corrupción, abuso de poder, injusticias económicas para los individuos y la misma sociedad. Manipulando las células, se pueden manipular individuos. Y eso no es un juego.  Algunos prefieren decir que todo eso ha llevado a  una crisis de valores.

         De una forma u otra la Naturaleza o la Vida, se ha encargado de dar toques de atención, por medio de catástrofes más o menos locales, a veces muy extensas o mundiales. Se producen terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, guerras locales, nacionales, o mundiales, enfermedades generalizadas, pandemias, que diezman la población, porque tal vez nos hemos olvidado de las reglas de la vida y de quienes somos: seres mortales.  Todo tiene un por qué, aunque no acertemos a descubrirlo.

           Como decían nuestros abuelos: «solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena». ¿Recordaban algún acontecimiento, de la pasada guerra, como el de Orihuela?  En todo caso es la Patrona de los artilleros, mineros, bomberos y pirotécnicos. Su historia se remonta al siglo III, en que fue martirizada por Dióscoro.  Cuentan que al regresar éste hacia su casa, se originó una gran tormenta y un rayo cayó sobre él y lo fulminó. De ahí, nació el dicho que se repite hasta nuestros días.

         1.- «Recuerda que eres mortal».

A. Pérez Reverte. Imagen de Victoria Iglesias

          Uno de nuestros más famosos novelistas actuales, Arturo Pérez-Reverte,  curtido en mil batallas reales y narrador de otras tantas, publicaba el 29 de marzo pasado un artículo, con ese título. «Tal vez este tiempo difícil que estamos viviendo nos sirva de lección, aunque no estoy seguro», comenzaba diciendo.

           Como buen conocedor de la historia, nos recuerda dos acontecimientos puntuales. El festejo de la entrada apoteósica en Roma, cuando un general vencedor de alguna guerra, desfilaba en la cuadriga, llevaba a su lado un esclavo que mantenía una corona de oro sobre él y una y otra vez le repetía al oído: «recuerda que eres mortal».

          La otra anécdota que señala el novelista es la de un barco, símbolo de la gloria,  el azar no esperado y el olvido de las eternas leyes: «El Titanic»  

           Nos dice que «cada despertar de nuestra modorra irresponsable, del engaño en que preferimos vivir, nos cuesta los mil y pico muertos del trasatlántico, los cinco mil de unas Torres Gemelas, los cuarenta mil de una Pompeya, los cien mil de un tsunami, los millones de una gran epidemia o una guerra mundial«.

           Tiene la costumbre el escritor, de regalar ese trasatlántico decorativo y con nieve, -que se vende en ciertos comercios-, a algunas personas cuando alcanzan puestos elevados. El mismo tiene uno en su escritorio, como recordatorio.

           «Hoy… hemos decidido vivir como si no tuviéramos que morir nunca. Cual si estuviéramos a salvo, vamos por el mundo fingiendo ser inmortales, y eso nos hace imprevisores…. No se trata de vivir angustiados viendo la existencia como un drama, sino de caminar con naturalidad por un paisaje lleno de cosas hermosas y también de lugares turbios y peligrosos«.

            Recordar la certeza de las palabras  que el esclavo susurra al héroe vencedor, «nos haría mejores de lo que somos».

            Pero, como decía  Pascal: «es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte».  De hecho, las distintas filosofías y  las religiones todas, invitan a pensar en la muerte y descubrir lo que realmente somos.  La muerte física no es el fin del ser humano. Dejar «el coche» en que viajamos es «el paso» al más allá. Ante el dolor y la separación física, ha sido difícil explicar que la vida no se acaba, que «la muerte no existe», que solo es «el tránsito» para vivir en otra dimensión.

          2.- «No sabemos el día ni la hora», pero…han adelantado los relojes.

        No me refiero a la necesidad de adaptarse al horario de verano, que se  cambio la noche del 28 al 29 de marzo. Los relojes de la eurozona se adelantaron una hora: a las 2 serían las 3. Dicen que para ahorrar electricidad.

Reloj de la catedral de Sigüenza

         Tampoco al Reloj del Juicio Final, que los Científicos, que valoran la vulnerabilidad del mundo y que desde el 24 de enero 2020, se encuentra a 100 segundos de la medianoche. A menos de dos minutos del Apocalipsis.

          Esa cercanía del reloj a la media noche, es una alerta para «establecer normas de comportamiento, tanto nacionales como internacionales, que desalienten y penalicen el mal uso de la ciencia«.

           Los científicos atómicos han movido las agujas por la inacción de los gobiernos y una situación de inseguridad internacional más peligrosa que nunca.

           Por «la inseguridad internacional más peligrosa que nunca«, dejaron a 2  minutos,  el Reloj en enero 2020, y pese al virus o la guerra biológica, no se ha vuelto a mover. Pero algunos hablan ya de la III Guerra Mundial, o Guerra del virus chino, que ha provocado la Pandemia).

            El mal uso de la ciencia, y  «los desbarajustes en la gestión» (según Carlos Herrera), con el Planeta paralizado, y una gran parte de la Humanidad confinada en sus casas por la Pandemia del COVID-19, parece que han manipulado el «relojvital» de muchos; ¡Sobre todo de los mayores! «Los ancianos de España, la mejor generación de los españoles vivos, tienen la convicción de que son víctimas de una elección selectiva«, según el citado locutor.

         Podemos pensar que «son cientos de miles los ancianos olvidados en todos los países. Quizá el coronavirus tenga la virtud de poner en el foco este problema”, dice Robinson. Ellos y sus familias, creyeron estar tranquilos y despreocupados. Hasta que unos y otros, y todos, «nos estemos topando de bruces con la muerte».

          Porque, a día de hoy, 4/4/ 2020, según la última y diaria actualización de datos de la Universidad Johns Hopkins confirma el avance del coronavirus en el mundo, que contabiliza 5.741 nuevos fallecimientos de un día  y, 82. 988  nuevos contagios en tan sólo 24 horas.

           Aunque no se ofrecen los fallecimientos por tramos de edad,  a juzgar  por los datos del gobierno en España, «dos de cada tres defunciones son de mayores de 80 años (el 67%); y precisan más aún, el mayor porcentaje se encuentra entre los 70 y más de 80 años, que aglutinan el 87,57% de las defunciones registradas.

          3.- No es el fin del mundo, es el momento de despertar, ayudar y no desfallecer.

         ¡Qué paragógico y próximo y humano: fallecer y desfallece! Ahora nos van a necesitar más que nunca los vivos.  Pese al inmenso dolor, soledad y  el interrogante de quién o qué está detrás del virus, debemos ver el ejemplo y la generosidad de quienes lo han dado todo, o lo están dando (mujeres y hombres heroicos), y con lo mejor que nos quede a cada uno tratar de imitar su altruismo y su amor a la vida. Ese debe ser nuestro homenaje.

Personal sanitario atiende a un paciente de coronavirus en una UCI del hospital de Guadalajara

           Y también, pensar y valorar el sacrificio de los millones de confinados, que han antepuesto su soledad, su sacrificio y renuncia a salir,- para no contagiarse ni contagiar- (hombres, mujeres y niños), que han sido capaces de aplaudir, de cantar, y animar a los de casa y a los demás.   Hay muchos de ellos que con la crisis, perdieron su trabajo, o su negocio, y muchos además han visto partir a algún familiar o amigo, sin poder siquiera darles un abrazo. Con ellos se puede y se debe construir el futuro.  

         Han sucedido muchas cosas buenas. Hemos descubierto, que nadie es más que nadie. Éramos iguales, pero el peligro del virus, nos ha igualado más. Si ayudamos los otros nos ayudan. La misma Naturaleza está agradecida y algo se ha recuperado. La Vida nos llama a despertar, no cometer los mismos errores y construir un Mundo Nuevo y mejor.

          Ha dicho el ministro Manuel Castells: «No es el fin del mundo. Pero es el fin de un mundo. Del mundo en el que habíamos vivido hasta ahora».

         Así que, «cuando todo termine, porque va a terminar, nuestra vida comienza», parodiando las letras L. Encarnación Pimentel. En esa línea finalizo con Mario Benedetti: «Cuando la tormenta pase, y se amansen los caminos, y seamos sobrevivientes, de un naufragio colectivo (…) con el corazón lloroso y el destino bendecido, nos sentiremos dichosos, tan sólo por estar vivos (…) y entonces recordaremos, todo aquello que perdimos y, de una vez aprenderemos, todo lo que no aprendimos (…) cuando la tormenta pase, te pido Dios, apenado, que nos devuelvas mejores, como nos habías soñado”. 

José Manuel Belmonte

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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