jueves , 1 diciembre 2022

Reforestar  para  regenerar  y renacer

Gracias a una amiga belga conocí hace tiempo la impresionante aventura de  Sebastiao Salgado y Lélia Wanick, pareja brasileña emprendedora, que después de recorrer el mundo,  se empeñaron en revertir la situación de su finca en Minas Gerais (Brasil).

Sebastiao había recorrido muchos países haciendo fotoperiodismo para agencias como Gamma, luego Magnum, hasta crear en Paris, su propia agencia Amazonas Images en 1994. Generalmente  trabajaba con fotos en blanco y negro, muy cuidadas.

Con todo ese material, su esposa preparaba los proyectos y ediciones fotográficas para exposiciones y libros de fotos.

Después de ver sus exposiciones, algunos le consideran el mejor fotógrafo de comienzos del siglo XXI.

Aunque tiene la titulación universitaria de economista, su pasión es la fotografía. Desde el Sahel hasta la Antártida, desde guerras como la de Ruanda, y los éxodos voluntarios o forzosos, para huir o mejorar, ha sido incansable. Su mirada documenta la vida, la naturaleza, la ecología y la miseria de hombres y mujeres. A veces le parece ver la historia pasar en segundos ante su cámara y la atrapa.

Entre los numerosos premios recibidos, en junio de 2007, recibió en España, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Luego pudo realizar una exposición antológica sobre sus trabajos, y también  fue premiada.

Sus fotos, en parte, son fruto de un trabajo de aprendizaje y convivencia por los distintos continentes. Esa aventura de documentación de Sebastiao Salgado fue llevada a la Gran Pantalla, con el título La Sal de la tierra, en 2014.  Bien recibida por el público, llegó a ser nominada al Oscar al mejor Documental. De su trabajo fotográfico dice: «es de alguien que escribe o reescribe la historia de la humanidad con luces y sombras,  o simplemente alguien que dibuja con la luz». Para él las personas son La sal de la tierra.

Posiblemente Génesis, es el resultado de ocho años por distintos países, para redescubrir montañas, desiertos, océanos, animales y pueblos que han eludido la impronta de la sociedad moderna. Pudo verse, aquí  en la calle de Córdoba, en 2015.

Los desastres medioambientales, sequía, fuegos, vertidos, deforestación, hambre, etc., mejor «en compañía» que solos, si se busca la eficacia.  Unas veces se palpa al viajar, otras se intuye la mayor crisis a la que la Humanidad se ha tenido que enfrentar,  el cambio climático. Eso requiere actuar con prontitud.

Sebastiao Salgado, después de documentar la  dura y bella realidad de la vida en lugares difíciles, en guerras como el genocidio en Ruanda, atravesaba un momento muy delicado ya que se encontraba exhausto física y emocionalmente. Fue entonces  cuando la pareja decidió volver a su  antigua finca en Btasil.

Aunque tenían su residencia en Paris y la doble nacionalidad brasileña y francesa, la pareja Sebastiao-Léila, decidió visitar -en los 90- la zona familiar en Aimorés, que solía estar cubierta de bosque.  El abuelo había enfermado y sus padres habían regresado a la hacienda familiar donde se había criado. Pero lo que allí encontró no fue el lugar que recordaba de su niñez sino una tierra seca y devastada.

Con la sequía y la deforestación, incontables especies de plantas y animales habían perdido su hábitat.  En el paisaje ni árboles, ni flores, ni pájaros, ni animales había. Habían muerto o se habían ido.

El fotógrafo comentó: «la tierra estaba tan enferma como yo… todo destruido. Solo un 0,5% de la zona tenía aún árboles».

Creo que es importante dar a conocer ese aspecto de su historia y su experiencia. ¿Razones? ¡Por supuesto! Por citar algunas, señalaría tres.

1) Porque desde 1990, según La FAO (Agencia de Naciones Unidas que lidera el esfuerzo internacional para poner fin al hambre), 129 millones de hectáreas de bosque se han perdido para siempre,( el equivalente al tamaño de Sudáfrica).

2) Porque cada año se pierde un área de terreno del tamaño de Panamá (una extensión de 75 517 km²).​ No basta hablar del cambio climático sin hacer nada.

3) Porque en lo que va de año en España, se han arrasado 300.000 hectáreas (por los incendios) .

La deforestación, si la gente se va o faltan ideas, va a más. Lo que hizo la familia Salgado, fue mucho más que cruzarse de brazos. La chispa fue: «Entonces mi esposa Lélia, tuvo la fabulosa idea de replantar el bosque, y eso comenzamos a hacer«.

Planificarlo todo casi desde cero, fue el gran reto. Se necesitan semillas y/o  plantas, dinero, un equipo, una dirección, mucho trabajo y constancia. «Solo hay un ser que transforma el CO2 en oxígeno, y es el árbol. Hay que replantar los bosques con árboles nativos, y recoger las semillas en la misma región en las que las vas a plantar, o no vendrán ciertos animales. Si plantas árboles que no son de la zona, la fauna no viene y hay silencio».

Así que, con preparación universitaria, cansados de viajar, tomaron la decisión que Lélia sugirió: «reforestar». Lo necesitaban todo. Así que, fundaron el Instituto Terrapara formar a un grupo de gente, para recoger semillas autóctonas, cuidarlas, y escoger el lugar adecuado para que pudieran enraizar y florecer al ser plantadas.Al frente del  Instituto Terra quedaba su mujer Lélia.

Imagen del incendio de la Riba en julio de 2005

Estuvieron apoyándose mutuamente desde el principio y con trabajo constante, y paciencia, fueron aumentando el vivero, En ningún libro encontraron cómo replantar una Selva Atlántica. De las 400 especies que se encuentran en la Mata Atlántica plantaron unas 150 y perdieron el 60%. En la segunda plantación perdieron el 40%. No se rindieron. Llegaron a conseguir más de cuatro millones de plántulas de las especies nativas de la Mata Atlántica de Brasil, cultivadas en un vivero creado en la misma propiedad, conocido como Granja Bulcão.  La Granja Bulcão fue declarada Reserva Natural Privada. Con esta experiencia exitosa, el Gobierno creó la figura de Reserva Privada para la Restauración Ambiental (PRER) con el fin de animar a otros ciudadanos a replicar la experiencia.

«En los 10 años siguientes la zona dio un cambio espectacular. En las 2 últimas décadas  se han plantado dos millones y medio de esquejes que han dado lugar a 293 especies vegetales en la zona. El reverdecimiento de la zona ha atraído muchas especies animales: anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Incluso jaguares. Además, no solo han vuelto los animales … también el agua (ya hay más de 1000 fuentes) y por supuesto una gran diversidad de peces.

Hoy día, hay hectáreas que están en proceso de restauración en el Valle del Río Dulce gracias a sus 130 trabajadores, estudiantes y voluntarios. Se han plantado más de 4 millones de árboles en total. Todas estas personas han  salvado una extensión en Brasil equivalente a 600 campos de fútbol gracias a su entusiasmo y su entrega.

Ahora la tierra ya no es de los Salgado sino que es un Parque Nacional que pertenece a todo el mundo«. (https://naturblanch.es/instituto-terra-la-destruccion-de-la-naturaleza-se-puede-revertir/)

Como acabamos de señalar, con el bosque volvieron insectos, aves peces, y añade Sebastíao: «fue un momento muy importante», porque»yo también renací´».

La gente vio crecer poco a poco, apreció el cambio y corrió la voz. Vinieron los periodistas, las televisiones y también los estudiantes llegaron. Por momentos aquello era un Aula Natural, que iba sembrando ideas y deseos de que pudiera hacerse algo parecido en otra parte, de Brasil o del Planeta. El Instituto Terra fue un milagro.

Reforestar, puede llevar a quien lo hace a un momento importante, en el que recobrando la energía, todo y todos, pudieran «renacer».

Me gustaría concluir con dos preguntas: En las 300.000 hectáreas arrasadas por el fuego, en lo que va de año, ¿han elegido al menos algunas de las superficies arrasadas, para arrojar en ellas desde aviones, el helimulching,  es decir, una cama de paja para detener o evitar que las cenizas lleguen a los arroyos y ríos, deteniendo hasta en un 90% la erosión de la zona?

ICONA, con los Ministros de Agricultura, ganadería y medio ambiente, con los Consejeros  autonómicos cercanos responsables y  con habitantes de algún municipio afectado, ¿ha comenzado a pensar en la regeneración de las superficies calcinadas y reforestar, recogiendo semillas o algo parecido a lo que en Brasil hizo la familia Salgado?

Con una respuesta, sabríamos si la sequia y el fuego nos han enseñado algo.

José Manuel Belmonte

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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2 comentarios

  1. ICONA desapareció el 24 de junio de 1995. Las reforestaciones en España son y han sido nefastas. La mayoría de los incendios ocurren en este tipo de bosques artificiales. Los ingenieros forestales cobraban por hectárea repoblada y muchos términos municipales fueron reforestados y vaciados de sus habitantes…Las Cabezadas, Umbralejo, Santotis…y un largo etc. Franquismo puro y duro. Hoy las cosas apenas han variado. Tenemos el ejemplo de Fraguas o los aterrazamientos y reforestaciones de Alcorlo. La mejor actuación forestal…la que no se hace. La Naturaleza es sabia y ella sola se regenera.

    • ICONA durante su tiempo de funcionamiento desempeñó un papel clave en la conservación de los espacios naturales,
      Efectivamente, «Tras la asunción de la mayoría de sus competencias por las distintas comunidades autónomas, fue sustituido en 1991 por la Dirección General de Conservación de la Naturaleza».
      Pero, como dice mi amigo noxeus: «En la evolución natural (perversión) del café para todos. Resulta que en este país los distintos gobiernos autonómicos se pasan la jornada mirando al vecino con el rabillo del ojo. Impera la lógica del «yo como él, pero un poco más» Si él tiene café, yo quiero carajillo. Y luego el vecino de un poco más allá querrá café, copa y puro. España no tiene un proyecto nacional, tiene 17 despropósitos».
      ¡Qué sabia ella y que comprometidos y serios los Directores generales de la Conservación de la Naturaleza y los distintos subordinado entes autonómicos».
      Con lo que llegamos a la conclusión del comentarista, Xavier: «es mejor no hacer nada» y esperar 100 años a que la naturaleza se regenere sola».
      Así nos ahorramos el trabajo de pensar, y DEL iNSTITUTO TERRA y todos los SALGADOS

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