miércoles , 29 abril 2026

Carta del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara: ‘Pasión por anunciar a Jesucristo’

Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.

Conocemos a muchas personas que viven en situaciones angustiosas, inquietantes, problemáticas. También nos encontramos con personas decepcionadas, carentes de ilusión y de horizonte. Junto a nosotros escuchamos el lamento de quienes ven discurrir los días desde el tedio, el sinsentido y el hastío.

Por otra parte, experimentamos la pasión por anunciar a Jesucristo. Sabemos que el ser humano solamente encuentra respuesta a sus interrogantes más profundos en el Señor. Tenemos muchos motivos para proclamar que es posible vivir de otra manera, que existe un modo diferente de pensar, de sentir y de actuar.

Jesucristo no es un modelo más en el gran surtido de las ofertas que están a nuestro alcance. Jesucristo es el centro de la historia. La Constitución pastoral Gaudium et spes afirma: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (nº 22). Y añade un poco más adelante: “En él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado” (ibid.).

“Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: ¡Abba! ¡Padre! (ibid.).

Julián Ruiz Martorell

Hay circunstancias en las que vivimos una experiencia fuerte y Jesucristo se nos presenta resplandeciente, vivo y vivificante. Entonces quisiéramos tener la potencia de las palabras no desgastadas para poder anunciarle con nuestra vida, nuestro testimonio y nuestro silencio. La pasión por anunciar a Jesucristo nos inunda y nos desborda. Y recordamos lo que escribe san Pablo: “¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9,16).

Estamos llamados a ser testigos del rostro transfigurado de Jesucristo. Nuestra misión consiste en dar a conocer “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida” (1 Jn 1,1).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

Julián Ruiz Martorell, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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