En una emergencia, la diferencia entre el caos y una respuesta eficaz está en el método, la coordinación y el respeto al criterio técnico. Cuando llega una crisis de suministros básicos esta tiene la capacidad de paralizar una sociedad en cuestión de horas. Solo, por ejemplo, cuando el agua deja de salir por el grifo se revela, sin filtros ni propaganda, cómo funciona realmente un Ayuntamiento y los políticos responsables.
Ante el corte de abastecimiento de agua prolongado que vivimos el martes pasado en Guadalajara y en municipios de alrededor pudimos comprobar en nuestras carnes cómo funcionó el nuestro, el de Guadalajara y su capacidad de reacción. Esa capacidad no es una opción técnica, es una responsabilidad y una obligación moral. El silencio de las tuberías no fue el único que obtuvimos, también el de falta de información clara, detallada y continua sobre plazos y previsiones. Ese silencio revela una verdad muy incómoda.
En un corte de agua, los gobiernos locales operan bajo una presión extrema. Primero, está la responsabilidad institucional: dar una respuesta eficaz y transparente. En una crisis de este tipo, la rendición de cuentas es vital. Los ayuntamientos deben coordinarse con las empresas suministradoras, las confederaciones hidrográficas, las mancomunidades y las autoridades sanitarias, pero sobre todo, deben comunicar con claridad. La Ley 17/2015 establece el derecho a la información en emergencias; el ciudadano no puede ser el último en saber cuándo volverá el servicio.
Durante estos episodios, el comportamiento de la gente suele ser ejemplar y resiliente, mientras los ayuntamientos se ven obligados a comunicar con todos los recursos que tienen a su alcance, que no son pocos, para calmar la incertidumbre y para estar cercanos a ellos atendiendo sus necesidades con un compromiso ético fuerte y veraz; y para ello hay que elaborar un plan de emergencia y posteriormente un informe postcrisis para no repetir errores de comunicación y de logística principalmente, pero la inercia política suele diluir la urgencia y estos asuntos en cuanto el suministro se restablece. Los ayuntamientos deben de mostrar una buena combinación de suficiencia técnica y compromiso ético cuando el problema ya está encima.
Con el restablecimiento del flujo de agua no termina la labor municipal. En segundo lugar la verdadera tarea es construir sistemas más robustos y concienciar a la población, aprendiendo de cada avería o periodo de escasez. No se trata solo de arreglar la rotura, sino de reponer la confianza de la comunidad en un sistema que debe ser infalible. Hacemos lo que podemos, pero la realidad de unas infraestructuras obsoletas es abrumadora. La próxima crisis de suministro no avisará; nuestra obligación es que no nos encuentre, otra vez, con las manos vacías y los grifos secos.
Lo que vivimos estos días no es solo una avería; es el resultado de una falta de previsión alarmante y una gestión que parece haber sido sobrepasada por los acontecimientos. Mientras el Ayuntamiento de Guadalajara se limitó a enviar avisos genéricos, a pocos kilómetros tuvimos ejemplos de cómo se gestiona un servicio esencial con seriedad y eficiencia. Los ciudadanos pagamos por una gestión eficiente, no por excusas. Es inaceptable que en una capital de provincia se tarde tanto en cargar unos depósitos que claramente son insuficientes para la población actual. La falta de información detallada y continua, sumada a la ausencia de un dispositivo de abastecimiento alternativo (cisternas) digno, demuestra que el Ayuntamiento de Guadalajara no tiene un plan de emergencia a la altura de sus vecinos.
No puede ser que Cabanillas nos adelante en capacidad de almacenamiento por falta de previsión en la capital. No puede ser que nos falte transparencia e información minuto a minuto sobre la calidad del agua y la presión. Los ciudadanos no podemos ser los últimos de la fila mientras los municipios vecinos demuestran que, con voluntad, inversión y trabajo, el impacto del corte se pudo haber evitado o, al menos, mitigado con dignidad. Guadalajara merece una gestión de primera, no un servicio de tercera.
Antonio de Miguel Antón, exconcejal del Ayuntamiento de Guadalajara
NOTA DE LA REDACCIÓN: EL HERALDO DEL HENARES acepta el envío de cartas y artículos de opinión para ser publicados en el diario, sin que comparta necesariamente el contenido de las opiniones ajenas, que son responsabilidad única de su autor, por lo que las mismas no son corregidas ni apostilladas.
EL HERALDO DEL HENARES se reserva la posibilidad de rechazar dichos textos cuando no cumplan unos requisitos mínimos de respeto a los demás lectores o contravengan las leyes vigentes.
El Heraldo del Henares



Muy de acuerdo con la exposición de don Antonio de Miguel, aquí se ve la preparación de esos planes de emergencias de los que oímos hablar previo a las fiestas cada año y a alguna que otra procesión religiosa que además de contar con miembros engalanados de ayuntamientos, policías y G.Civil y hasta de Protección Civil en las mismas llevan por delante en cruces y por detrás ambulancias y vehículos todo terreno por si…pasa algo.
Quiero llamar la atención sobre un detalle, salía un responsable de la mancomunidad afirmando que tenían serios problemas entre otras cosas porque la llave reventada tenía más de 50 años… sin reposición ni mantenimiento, es de suponer que habrá otras tantas en parecidas si no exactas condiciones, dicho está para quien lo entienda.
Por cierto esto a los romanos no les pasaba y tengamos en cuenta que los romanos jamás acumulaban agua, por eso solían abastecerse en paralelo de varios manantiales, que llegados a su destino podían entrelazarse a conveniencia que una ciudad romana en cualquier parte del imperio se quedará sin agua un día o dos supondría que la cabeza del responsable rodará de inmediato y es que para ciertas cosas los romanos eran muy eficaces.
Abastecerse desde varios puntos o en paralelo de forma que si una suministradora falla tengamos otra útil, o ahora con la facilidad de potabilizar agua en cabeza tener siempre depositos en movimiento y de reserva continua que aseguren al menos dos días de uso normal o varios días de uso restringido a los vecinos avisando ¡¡¡ hay agua pero debemos usarla con moderación , no solo los vecinos si no las empresas, por ejemplo ya saben la cantidad de agua potable que necesita una cervecera por litro de cerveza fabricado, ¿alguien a oído las quejas de la Mahou por tener que parar la producción?, pues imaginen por qué.