martes , 30 junio 2026

‘La vengadora de las mujeres’, de Lope de vega: “El juego de las apariencias”

Cada nueva edición de este festival veraniego que acoge la ciudad complutense -y ya vamos por la vigésimo quinta- testimonia la magnitud y calidad de la dramaturgia española del periodo áureo sacando a la luz nuevas obras que, eclipsadas por brillo de las tildadas por la crítica como obras maestras del género, han permanecido durante años en un segundo plano, acumulando polvo en los estantes de las bibliotecas o, a lo sumo, sobre el escritorio de los eruditos.

Tal es el caso de la pieza que comentamos La venganza de las mujeres, coproducida por la CNTC y el zaragozano Teatro del Temple, una obra para cuya mera localización hay que recurrir a los inventarios especializados, pero cuyo asunto resulta sorprendentemente actual porque, como ocurre con Lope en tantas ocasiones en lo referente a su tratamiento de los personajes femeninos, ofrece una visión de la mujer claramente adelantada a su tiempo.

Imagen de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, CNTC

La protagonista es Laura, princesa de Bohemia, mujer de fuerte personalidad y arraigadas convicciones que ha decidido convertirse en defensora de la igualdad de las mujeres frente a la preeminencia y superioridad masculinas sancionada por la costumbre, ergirse en debeladora de sus propias flaquezas y en protomártir, casi, de la causa femenina, negándose a sí misma, como la pastora Marcela, a contacto alguno con varón que pudiera coartarle la expresión de su libre albedrío. Se opondrá, por tanto, a los deseos de casarla de su hermano Arnaldo dando largas a sus pretendientes y llegando incluso, en su cruzada contra el varón, a fundar una escuela de mujeres en la que instruye a sus pupilas Diana y Lucela en la artes para reconocer y encauzar debidamente sus deseos y en cómo defenderse de la imperiosa llamada de la naturaleza. Naturalmente, como dice el adagio “amor omnia vincit” y Laura termina sucumbiendo a Eros (aunque no abjure de su rol como vengadora de las mujeres) y se enamora loca, perdidamente, ¡y por persona interpuesta! de la persona más inesperada. Así lo confiesa en un vibrante monólogo del segundo acto: “¿Quien me dijera que yo, / aunque es ley de Dios, amara / a mi enemigo y buscara / el veneno que me dio /quien menos lo imagió?”  Monólogo, en el que, extraña invención, expresa el delirante propósito de no exteriorizar su sentimiento: “diligencias puede hacer, / pero no me ha de rendir / porque si un preso sufrir / puede su tormento y negar, / yo sabré amar y callar / y a más no poder morir.”

Obviamente este no es el único de los múltiples embelecos y simulacros tras los que los personajes esconden sus verdaderas intenciones, empezando por las damiselas Diana y Lucela, que se relamen de gusto con la llegada a la corte de pretendientes de tanto postín como son Alejandro, gran duque de Ferrara y Augusto, hijo del rey de Albania, y terminando por Lisandro, el príncipe transilvano, que se comisiona a sí mismo como criado del un supuesto noble español para abrirse paso con subterfugios y engaños hacia el corazón de la desdeñosa Laura.

Imagen de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, CNTC

De corte costumbrista pero con un innegable sesgo moralizante, La venganza de las mujeres es por encima de todo una divertidísima comedia de enredo, un juego sutil en el que se diluye la débil frontera que separa la realidad de las apariencias, lo verdadero de lo fingido. De impecable factura formal, tanto en el verso como en la propia construcción dramática y sin desdeñar el tópico del disfraz para esconder la verdadera identidad y, ocasionalmente, el puro artificio, como es el recurso a cintas de colores para consumar un hechizo o para falsear la identificación de los contendientes en el palenque, la obra ofrece múltiples ocasiones para el regocijo y la carcajada.

Carlos Martín, director del montaje imprime un ritmo trepidante al desarrollo de la acción, diseña una pauta precisa para el movimiento escénico en perfecta sincronía con la banda sonora, que combina subrayados musicales al más puro estilo de las comedias románticas hollywoodienses para las escenas intimistas, con violentos acordes sonoros para las transiciones. Sólo el disparate del vestuario chirría un tanto, con un Otavio vestido de dómine Cabra, un Arnaldo de Abeja Maya o  unos Augusto y Alejandro embutidos en unos trajes de esgrima de colores chillones. Si uno fuera mal pensado podría atribuir estos dislates, no tanto a la intención de acomodar el vestuario al tono de parodia carnavalesca que el director quiere imprimir al montaje, sino a un mero artificio de ayuda para que el espectador pueda diferenciar a los personajes, tal es el inextricable embrollo que el genio de Lope idea para mantener la intriga. Afortunadamente, la fuerza del verso y el potencial tragicómico de las situaciones nos permite hacer abstracción de estas minucias y disfrutar del contenido de las escenas.

Y del trabajo de los actores, que dan muestras de un talento y oficio admirables, particularmente quienes tienen mayores oportunidades de lucimiento, léase José Vicente Moirón en su rotundo Lisandro, lleno de matices para expresar su sabiduría mundana y acomodarse a la situación ante la brava y displicente Laura, una estupenda Lucía de Pé (sobre todo en el acto II) modulando con tino su progresivo cambio de sentimientos y afectos y su lucha consigo misma hasta transformar -en una memorable escena de celos-, su desvío y sus desdenes en ira desatada contra su competidora, Diana (Itziar Miranda), una mosquita muerta falsamente sumisa que lucha hasta el final como gato panza arriba por su parte del botín. Y, en fin, last but not least, Héctor Carballo que lleva hasta límites insospechados el efecto de la parodia en una creación magistral de Julio, el protegido y confidente de Laura, cuya sensatez y probidad se tornan en una auténtica locura al saberse atraído, qué digo atraído, poseído, a consecuencia de un maligno hechizo, por una irreprimible pasión por el duque de Ferrara.

Gordon Craig. 29-VI-2026

Ficha técnico artística:

Autor: Lope de Vega.

Dramaturgia de Alfonso Plou y María López Insausti.

Con: Silvia de Pé, Itziar Miranda, Lorena Berdún, José Vicente Moirón, Héctor Carballo, Gabriel Moreno, Nacho Rubio, Chavi Bruna y Xavi Caudevilla.

Diseño de escenografía: Óscar Sanmartín y Carlos Martín.

Diseño de vestuario: Agustín Petronio.

Iluminación: Felipe Ramos.

Música: David Angulo.

Dirección: Carlos Martín.

XXV edición del Festival Iberoamericano del Siglo de Oro “Clasicos en Alcalá”.

Alcalá de Henares.Teatro Salón Cervantes. 28 de Junio de 2026.

Acerca de Gordon Craig

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