Amor es más laberinto constituye una muestra consumada del teatro novohispano de la época áurea. Se trata de una divertidísima comedia de enredo con trasfondo mitológico al más puro estilo de Lope que explota hasta límites insospechados todos los recursos escénicos desarrollados por el Fénix y su larga lista de seguidores
El hijo de Minos, rey de Creta, ha muerto a manos de los atenienses dejando en el pecho de su padre un dolor insufrible y un vehemente deseo de venganza. Sometida Atenas a los rigores de Minos ha aceptado la entrega anual de siete doncellas y siete mancebos elegidos al azar para ofrecérselos como alimento a Minotauro, la fiera que habita en las entrañas del Laberinto. En esta ocasión, la adversa suerte ha querido que Teseo, príncipe heredero ateniense, forme parte del ominoso tributo. Cuando es presentado ante la corte para recibir su veredicto las infantas Fedra y Ariadna se quedan prendadas de su presencia, nobleza y gallardía.
Para entonces, las princesas son pretendidas por Baco, príncipe tebano y Lidoro, príncipe de Epiro, con lo que el conflicto de afectos y lealtades entre las jóvenes, Teseo y los pretendientes está servido. Como es de todos conocido, mediante un ingenioso ardid ideado por Ariadna, Teseo consigue engañar al monstruo y darle muerte para reaparecer en escena y asistir a las más intrincadas y laberínticas añagazas ideadas por las princesas -ambas enamoradas de Teseo- para, en connivencia con las criadas, sortear la vigilancia paterna, burlar a sus pretendientes y ganarse el corazón del héroe ateniense.
De trama alambicada donde las haya, donde la hondura del concepto rivaliza con la excelencia del verbo, sin abjurar de los principios básicos de la poética barroca que la ocasión exige el prestigioso director cubano Abel González Melo y responsable también de la versión, se las ingenia para dar al montaje un patente y loable halo de modernidad al que coadyuvan en igual medida la sencillez y funcionalidad del vestuario y la escenografía, el estudiado movimiento escénico para aprovechar las peculiaridades de espacio del corral de comedias así como la naturalidad y donaire -cabría decir- con la que los actores y actrices incorporan el verso inspirado, elegante, encendido de Sor Juana Inés de la Cruz y Fray Juan de Guevara, autores del texto. Y es que en una época en la que tanto se maltrata e incluso se prostituye el lenguaje, es todo un lujo poder disfrutar aunque sólo sea por un rato de este prodigio de versificación de rutilantes fulgores y augustas sonoridades trufados de ingeniosos juegos de palabras, lujosas metáforas, violentas antítesis, paralelismos, retruécanos, y en fin, de toda suerte de perfecciones de las que se adorna esta hermosa lengua de ambos mundos.
Abel González Melo dirige con acierto a un conjunto heterogéneo de actores mejicanos y españoles entregados y entusiastas, y con sobrada preparación y pericia para satisfacer las necesidades del texto, una trama laberíntica llena de sorpresas, malentendidos y sutileza, y un desarrollo de la acción dramática de tono alternativamente solemne o festivo en la que se intercalan canciones, danzas y tonadas con acompañamiento instrumental en directo. Determinadas en la ejecución de su proyecto de conquista, joviales, discretas, maestras en el disimulo, vehementes en la expresión de sus anhelos y con un punto de insobornable rebeldía femenina, Ariadna y Fedra (espléndidas Harriet Vázquez y Raquel Villarejo Hervás) son la verdaderas protagonistas de la pieza, manejando a su antojo, con ayuda de sus respectivas criadas Cintia y Laura (Jahel Palmero e Irene Garmendia), a los nobles que las cortejan, los figurones Baco (Alberto Fonseca) y Lidoro (Gonzalo Lasso) y al propioTeseo (Leo Ledesma) que no necesita demasiados halagos ni muestras de afecto para caer rendido a los pies de Fedra. Dicho lo cual, cabría matizar que no puede hablarse, sensu stricto, de protagonismo, puesto que el conjunto de los personajes funciona como un todo armónico en frecuentes escenas corales, y desempeñando cada cual el papel asignado en el férreo organigrama establecido en la escena barroca, con el rey en la cúspide representado el poder y la majestad y en lo más bajo de la escala la figura del gracioso representada en esta ocasión, magníficamente, hay que decirlo, por Antonio Dueñas y Óscar Ulises Cancino como Racimo y Atún, criados respectivamente de de Baco y Teseo.
Sin paliativos, un espléndido trabajo digno pórtico de entrada a esta vigésimo quinta edición de los Clásicos en Alcalá que fue aplaudida con entusiasmo por el público asistente.
Gordon Craig. 14-VI-2026
Ficha técnico artística:
Autores: Sor Juana Inés de la Cruz y Fray Juan de Guevara.
Con: Óscar Ulises Cancino, Aimée Despaigne, Antonio Dueñas, Alberto Fonseca, Irene Garmendia, Gonzalo Lasso, Leo Ledesma, Lía, Jahel Palmero, Alberto Rosas,Harriet Vázquez y Raquel Villarejo Hervás.
Espacio escéniico y utillería: Javier Chavarría.
Vestuario y máscaras: Karla Daniela.
Iluminación: María Uruñuela.
Coreografía: Almudena Rubiato.
Versión y Dirección: Abel González Melo.
Coproducción internacional de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) de México y la Fundación Teatro de La Abadía.
XXV edición del Festival Iberoamericano del Siglo de Oro “Clasicos en Alcalá”.
Alcalá de Henares. Corral de Comedias. 13 y 14 de febrero de 2026.
El Heraldo del Henares

