Hay citas que en España no se negocian. Días señalados y soñados en los que todo se detiene, las agendas se vacían y la atención se concentra en único punto. Y esta noche será uno de esos días. La plaza de toros de Guadalajara se convertirá en un improvisado templo futbolero para seguir una final histórica que paralizará y, esperamos, alegrará, al país.
Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre. Fotografías de Cuka Leyre
El plan, en esencia, es sencillo y atractivo: pantalla gigante, ambiente colectivo y la oportunidad de vivir el fútbol como lo que es, un fenómeno compartido.
Durante estos días previos, la expectación ha crecido. Se hablaba de reencuentros, de ambiente, de una noche distinta en la que la rutina quedará aparcada durante noventa minutos. La plaza, aspira a ser el punto de encuentro donde celebrar el resultado.
Pero más allá de las pantallas y la logística del evento, el estado general del espacio ha dejado bastante que desear: zonas descuidadas, signos evidentes de falta de mantenimiento y una imagen que dista mucho de lo que cabría esperar de un lugar llamado a ser protagonista. El contraste entre lo que se anuncia y lo que se encuentra es difícil de ignorar
La pregunta de este ciudadano es inevitable: ¿Quién es el responsable del estado actual del recinto? ¿El Ayuntamiento, la empresa gestora, o esa difusa zona gris administrativa en la que todo se diluye y nadie responde? Porque impulsar eventos puntuales puede ser positivo, pero hacerlo sobre una base deteriorada transmite una sensación clara de improvisación
Por todo ello, añadimos, si hay recursos y voluntad para instalar pantallas y atraer al público a este evento histórico y ya inolvidable, ¿por qué no los hay para mantener el espacio en condiciones dignas el resto del año?
Guadalajara vivirá, como toda España, una gran noche de fútbol.
Pero también es hora de reflexionar sobre cómo cuida-o descuida- sus propios espacios. ¿O no?
El Heraldo del Henares
