Kane Parsons llega al largometraje después de convertirse en un fenómeno de internet gracias a su serie de cortos The Backrooms, una de las piezas más populares del llamado “analog horror”.
Con apenas veinte años, este director estadounidense ha pasado de crear laberintos digitales en YouTube a dirigir una producción de A24.
Y lo cierto es que mantiene intacta la misma obsesión: provocar miedo con espacios vacíos, luces fluorescentes y la sensación permanente de que algo no encaja.
Comentario
Absolutamente sorprendente.
Durante buena parte del metraje parece que la película se recrea demasiado en sus escenarios y en su atmósfera. Incluso hay momentos en los que uno empieza a sospechar que el aburrimiento está esperando detrás de la siguiente esquina. Pero entonces llega el tramo final y todo cobra una fuerza enorme.
La gran virtud de Backrooms es también su principal problema: no entendemos qué demonios está pasando. Pero no porque el guion quiera hacerse el listo, sino porque los propios personajes tampoco tienen ni idea. Nosotros caminamos tan perdidos como ellos por ese inmenso laberinto amarillo donde la lógica parece haber pedido una excedencia.
Ni siquiera ese científico que aparece investigando el fenómeno parece acercarse a una explicación convincente. Y quizá ahí reside buena parte de la gracia. No hay respuestas claras. Solo una pesadilla que se va volviendo cada vez más real, más asfixiante y más incómoda.
Lo más fascinante es la sencillez de la propuesta. No hacen falta monstruos imposibles ni escenarios barrocos. Bastan habitaciones aparentemente corrientes, pasillos interminables, puertas que no deberían estar ahí y la constante sensación de que detrás de la próxima esquina aguarda algo desagradable.
Ese caos permanente impregna toda la película. Caos y miedo a lo desconocido. A lo que hay detrás de una puerta. Detrás de un agujero. Detrás de una pared.
Chiwetel Ejiofor está magnífico como ese hombre destrozado por un divorcio traumático que le ha dejado sin rumbo ni estabilidad. Y Renate Reinsve, estupenda como siempre, compone un personaje marcado por una infancia atravesada por la enfermedad mental de su madre. Son heridas que aparecen poco a poco, a través de pequeñas pinceladas, y que terminan dando profundidad emocional a una historia que podría haberse quedado en un simple ejercicio de terror conceptual.
El resultado es una experiencia agotadora, turbadora y profundamente bizarra.
Una película que remueve por dentro sin que uno sepa explicar muy bien por qué.
Y a veces eso es mucho más inquietante que cualquier respuesta.
Mi puntuación: 7,67/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media
El Heraldo del Henares

