viernes , 18 septiembre 2020

Carta de Abelardo Mazo: ‘El castillo de Brihuega no se llama Castillo de Peña Bermeja, sino Castillo de Piedra Bermeja’

Cartas al Director:

Sr. Director: Una vez pasada FITUR 2019, me dispongo a leer los folletos recogidos en el stand donde estaba ubicada la provincia de Guadalajara dentro del de Castilla-La Mancha, así como alguna separata tanto de la prensa editada en papel, como de la prensa digital y, en las guías digitales de la Junta de Comunidades de CLM, en una buena parte leo “el Castillo de Peña Bermeja” de Brihuega, bien, al leer este título mi memoria se traslada al recuerdo de D. Jesús Simón Pardo, (q. e. p. d.) sacerdote y estudioso de temas briocenses, no en vano fue nacido en Brihuega y por lo tanto conocedor de su pueblo y, recuerdo que en alguna ocasión, bueno en muchas cuando leía “El Castillo de Peña Bermeja” decía, pero donde está el color bermejo en la peña, si bermejo viene por la piedra que esta incrustada dentro de la construcción del castillo, véase la leyenda

LA LEYENDA DE LA PIEDRA BERMEJA.- Transcribimos a continuación la leyenda de la piedra bermeja, tal y como la recogió Jesús Simón Pardo en su libro «Estampas Briocenses» en 1987.

Hace muchos años, contaban nuestros abuelos, allá en tiempo de los moros, habí­a en Brihuega un hidalgo llamado D. Alonso de Medina. Era hombre de parcas rentas, pero viví­a muy feliz en su casa solariega junto a su bella hija, la más linda y preciosa doncella nacida jamás en la Alcarria, a la que las crónicas dieron en llamar Elisa.

Dedicaba mucho de su tiempo el hidalgo a narrar, no sin pizca de exageración, en alegres ‘tertulias -las mil batallas en las que su espada habí­a desmochado cabezas de moros, sus piernas escalado castillos o sus manos, arrancado pendones.

Poseí­a D. Alonso junto al Tajuña un huerto donde cultivaba amén de las rosas más bellas de la Alcarria, las más ricas hortalizas de esta vega. Allí­, en un recodo del rio, en un remanso escondido en el que crecí­an robustos chopos y cubrí­an algas y eneas, al abrigo de unas peñas que impedí­an las miradas indiscretas, tení­a la bella Elisa el lugar propicio para refrescar su hermosura en las aguas claras y cristalinas del Tajuña.

Todos los buenos mozos de Brihuega, que eran muchos, estaban prendidos de los encantos de la joven, no menos que los niños admirados de las proezas del hidalgo. Pero he aquí­ que en aquel entonces los moros eran dueños del castillo y su alcalde, llamado Abul, hombre de taimada cabeza, se enamoró de la doncella y quiso conseguir por la fuerza, lo que nunca podrí­a alcanzar de buen grado.

Contaban nuestros abuelos que cuando un dí­a la casta y bella Elisa se disponía a tomar un baño, abalanzose el taimado moro sobre ella, como bestia feroz sobre su presa. Rápidamente respuesta de su sorpresa defendió con uñas y dientes su pureza. El moro Abul, ciego de rabia por el despecho hundió su puñal en el cuerpo hermoso que cayó abatido sobre una piedra que la sangre tiñó de color bermejo. 

El moro Abul al ver la belleza muerta se arrojé al rio y es fama que el diablo se llevo su alma a los infiernos.

EI hidalgo D. Alonso murió de pena y los brihuegos recogieron aquella piedra, teñida con la sangre de la bella, y la pusieron come piedra angular del castillo, que desde entonces se llamó ‘DE LA PIEDRA BERMEJA’.

Se dice que cada 15 de agosto, día de la patrona de Brihuega, la Virgen de la Peña, la piedra adquiere un color rojizo más intenso.

Por lo tanto solo pido que repasen los folletos, los corrijan para que los nuevos aparezcan como Piedra Bermeja, así como los extraordinarios o separatas de la prensa dedicada a Brihuega para que no vuelva aparecer más Peña Bermeja, sino PIEDRA BERMEJA.

Estos errores confunden al personal y con el tiempo cambia de nombre y desaparece la leyenda que nuestros mayores nos la legaron y transmitieron de generación en generación.

Abelardo Mazo Arteaga, Brihuega

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