martes , 13 enero 2026

Carta del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara ‘Adviento con la Inmaculada’

Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.

En Adviento nos acompaña la Bienaventurada Virgen María, fuente viva de esperanza, peregrina en la fe. Su ejemplo nos estimula y confiamos en su intercesión. “La fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el período de Adviento, que es un tiempo de vigilante y confiada espera del Salvador. Mientras salimos al encuentro de Dios que viene, miramos a María que «brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios en camino» (LG 68)” (Benedicto XVI, Ángelus, 8 diciembre 2006).

La Inmaculada Concepción constituye un signo luminoso del amor gratuito de Dios. “No hay, pues, que admirarse de que entre los Santos Padres fuera común llamar a la Madre de Dios toda santa, libre de toda mancha de pecado, como si fuera una criatura nueva, creada y formada por el Espíritu Santo. Enriquecida desde el primer instante de su concepción con una resplandeciente santidad del todo singular” (LG 56).

Jesucristo es el centro de la creación y solamente podemos comprender a la Virgen María partiendo de Cristo. Todo proviene de Él, todo conduce hacia Él y en Él todo se mantiene.

En el prefacio de la solemnidad de la Inmaculada damos gracias a Dios Padre con estas palabras: “Preservaste a la santísima Virgen María de toda mancha original, para preparar en ella, enriquecida con la plenitud de la gracia, la digna morada de tu Hijo (…). Purísima había de ser la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que destinabas entre todos, para tu pueblo, como abogada de gracia y ejemplo de santidad”.

Julián Ruiz Martorell

La Virgen María es la “llena de gracia”. Está llena de Dios, completamente habitada por la presencia de Dios. Por eso fue concebida Inmaculada, preservada del pecado que contamina el corazón, lo cierra, lo vuelve inerte y lo marchita.

El Papa Francisco recordó que esta solemnidad “nos lleva a ese preciso momento en el que la vida de María comenzó a palpitar en el seno de su madre: ya existía el amor santificante de Dios, preservándola del contagio del mal, que es herencia común de la familia humana” (Ángelus, 8 diciembre 2019).

Benedicto XVI, el 8 de diciembre de 2006, en el homenaje a la Inmaculada en la Plaza de España de Roma, afirmó: “Quien fija en ti su mirada, Madre toda santa, no pierde la serenidad, por más duras que sean las pruebas de la vida”.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

Julián Ruiz Martorell, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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