“España va bien… pero él va peor”
Hay que reconocerle a Santiago Segura que tiene más vidas que su criatura.
Director, actor, productor y, básicamente, el dueño del chiringuito, lleva décadas exprimiendo al personaje nacido en Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), que ya tuvo secuelas como Torrente 2: Misión en Marbella, Torrente 3: El protector, Torrente 4: Lethal Crisis y Torrente 5: Operación Eurovegas.
Entre medias, se nos puso familiar con la saga Padre no hay más que uno, donde demostró que también sabe hacer caja sin necesidad de caspa. Pero en Torrente vuelve a su terreno natural: el barro moral, el chiste grueso y el retrato grotesco de lo peor de nosotros mismos. Y en eso, el tío, hay que admitirlo, es eficaz.
El personaje ya lo conocemos y no ha mejorado con los años (tampoco lo pretendía): zafio, cutre, sin escrúpulos, reaccionario hasta la caricatura… un fósil moral que ni siquiera pertenece a un pasado real, sino a uno inventado que da más miedo que nostalgia.
En esta ocasión, lo meten en política —una decisión que parece lógica: si algo le faltaba a Torrente era un escaño— y lo ficha un partido que recuerda sospechosamente a ciertos discursos actuales. Claro, el mecanismo funciona porque el mensaje simple entra fácil, como la comida rápida: sabes que es malo, pero oye, te lo comes.
La peli funciona a base de chistes, algunos muy efectivos. Te ríes, a veces mucho, pero no tanto por lo que ves sino por lo que reconoces. Hay espejo. Y cuando hay espejo, incomoda un poco… pero también hace gracia. Es ese humor que te deja pensando: “esto me suena demasiado”.
Luego está el desfile. Porque esto ya no es un reparto, es una romería. Desde Gabino Diego, Ramón Langa o Carlos Areces hasta cameos imposibles como Willy Bárcenas, Omar Montes, Florentino Fernández, Bertín Osborne, Jordi Évole, Pablo Motos, Ana Rosa Quintana, Yola Berrocal, Mariano Rajoy o incluso Kevin Spacey (sí, has leído bien). Y la lista sigue hasta el infinito y más allá. La película se convierte en una especie de bingo de famosos: vas tachando caras mientras intentas no perder el hilo… si es que hay hilo.
Y aquí viene el pero. En el último tramo, la película pega un volantazo raro hacia la violencia y el gore que no encaja demasiado bien. Pasa de la sátira burra al festival de casquería sin transición, y eso descoloca. No es que moleste por sí mismo, es que rompe el tono. Y cuando rompes el tono en una comedia, te cargas parte de la gracia. Ahí, personalmente, la peli pierde fuelle.
Aun así, Torrente sigue siendo lo que siempre ha sido: un esperpento. Un muñeco desagradable que, paradójicamente, nos divierte porque señala cosas reales. Un personaje despreciable que funciona precisamente por eso. Y mientras siga llenando salas, Santiago Segura seguirá sacándolo a pasear, como quien saca al perro aunque sepa que va a hacer sus cosas en medio del salón.
Segura tiene ese superpoder: hacer películas que la crítica mira de reojo… y el público paga religiosamente.
Mi puntuación: 5,55/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media
El Heraldo del Henares

