domingo , 26 julio 2026
Imagen de Cuka Leyre

El ciudadano de a pie pregunta: ‘¿Qué ha pasado para que hace años detuviéramos el tiempo intercambiando y contemplando sellos en la plaza Mayor de Guadalajara y hoy ni nos paramos ante los dos puestos que aún perviven?

En Guadalajara, hubo una época en la que el tiempo cabía entre las páginas de un álbum de sellos. Las tardes se alargaban sin ruido, con la luz entrando oblicua por la ventana, mientras unas manos, jóvenes entonces, pasaban con cuidado hojas finas, casi transparentes, donde descansaban pequeños fragmentos de mundo.

Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre. Fotografías de Cuka Leyre

Cada sello era una promesa. Un país lejano, un tren que nunca veríamos, un rostro solemne de otra época. En las papelerías del centro, entre cuadernos y tinteros, se vendían sobres con esa emoción callada de lo desconocido.

Antiguamente, la plaza Mayor, los domingos, se convertía en un pequeño mercado de ilusiones: allí, en bancos de piedra o apoyados en cualquier rincón, numerosos aficionados se intercambiaban sellos con una seriedad que hoy parecería insólita. No había prisa, sólo miradas atentas, álbumes abiertos y ese lenguaje silencioso de quien sabe que está negociando algo muy valioso. Los sellos no eran un trámite, eran la antesala de una historia. Había algo profundamente humano en ese gesto de despegar con vapor una esquina de papel para guardarla como un tesoro

Hoy, esos álbumes descansan en silencio, olvidados en estanterías o en cajas que ya nadie abre. Tan solo dos pequeños puestos los ofrecen cada sábado a los transeúntes, que cada vez menos se paran a contemplar estas estampillas de la historia.

Imagen de Cuka Leyre

Y es en medio de este olvido, donde el ciudadano de a pie se pregunta si en ese camino hemos dejado atrás es algo más que una afición, porque al perder el hábito de mirar despacio también hemos perdido una forma de sentir.

Porque tal vez no eran solo sellos. Tal vez eran una manera de detener el tiempo, de tocar el mundo sin movernos del sitio. Y eso, en una ciudad como Guadalajara, también era una forma de felicidad, ¿o no?

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