Guadalajara se llena estos días de color, música y bullicio durante estas Ferias y Fiestas de septiembre, con grandes cifras de participación, conciertos multitudinarios y despliegues de limpieza exprés . Durante 10 días, parece que la ciudad se evade de todos sus problemas, del día a día del resto del año.
Por Andoni Madrid y Cuka Leyre. Fotografías de Cuka Leyre
Por eso, en estas fechas, es bueno recordar, para que nuestros responsables municipales lo apunten en sus agendas a partir del 21 de septiembre, que en la ciudad hay mucho por hacer, además de celebrar ferias y fiestas.
Por ejemplo, los barrios históricos de Guadalajara siguen sumido en un preocupante abandono y en la más absoluta desidia institucional. El consistorio parece olvidar que una ciudad no se compone únicamente de recintos feriales y grandes avenidas engalanadas una semana al año, sino de cientos de calles residenciales que soportan a diario el paso del tiempo sin recibir un mínimo mantenimiento.
El mejor ejemplo de esta miopía política lo encontramos sin ir más lejos en calles como las de Rufino Blanco, Manuel Páez Xaramillo, Doctor Fleming.. vías clásicas del entramado urbano cuyo estado actual es una auténtica radiografía de la dejadez municipal. Con pasear unos minutos por la zona basta para comprobar como el patrimonio cotidiano languidece ante la indiferencia de quienes gobiernan, que priorizan partidas presupuestarias millonarias para festejos efímeros frente a las necesidades básicas de conservación de nuestras calles del centro.
Y vamos a poner un ejemplo que puede parecer nimio pero que es en sí un símbolo de la dejadez en que se encuentra el barrio: los letreros de las calles de esta zona son tan antiguos y están tan desgastados por el inapelable transitar del tiempo, que en algunos caos cuesta hasta leerlos: letras borradas por el paso inexorable de las décadas, metal carcomido por la oxidación, acumulación de suciedad y una estética general totalmente decadente convierten la señalización de estas calles en una vergüenza para los vecinos que la habitan y para los visitantes que intentan orientarse.
De cara a las próximas citas electorales, este tipo de intervenciones de recuperación patrimonial y mantenimiento urbano deberían ser un punto ineludible y prioritario en cualquier programa político que aspire a gobernar con rigor, recordando que la verdadera gestión municipal se demuestra cuidando el día a día de los vecinos más allá de las promesas de campaña.
Porque aquí, los únicos letreros que lucen nuevos y lustrosos son los de la alteración de los nombres del callejero que hizo el ínclito Alberto Rojo con la supuesta excusa de la Ley de Memoria, algunos de ellos eliminados sin ningún estudio histórico riguroso de lo que estaba haciendo, como casi todo lo que hizo en sus cuatro olvidables años de mandato.
Ante este panorama continuo de parches, propaganda y abandono, cabe preguntarse si el Ayuntamiento piensa destinar algún día una partida seria y rigurosa a renovar la señalética y el callejero histórico de toda la ciudad, o si prefiere seguir dilapidando el dinero público en carrozas y artificios. ¿O no?
El Heraldo del Henares


