viernes , 10 abril 2020

“Antropoceno”, de Thaddeus Philips: «Buscando a Greta, desesperadamente»

Hasta hoy venía siendo habitual al temporalizar la evolución geológica del planeta servirse de los términos Pleistoceno Oligoceno, Mioceno y Oloceno, para dar nombre a las cuatro grandes Épocas dentro del Período Cuaternario de la última de las Eras, la Cenozoica, Era en la que aparecen  los primeros mamíferos sobre la Tierra, hace nada menos que de 66 millones de años. En su reciente best seller Homo Deus, e inspirado en las tesis defendidas por Simon L. Lewis en un polémico artículo publicado en la revista Nature en 2015, Yuval Noah Harari  propone un cambio en la nomenclatura, sugiriendo el nombre de Antropoceno (Época de la humanidad), para denominar un nuevo lapso de tiempo, inaugurado hace unos setenta mil años, porque según él -y otros muchos científicos del clima-, durante estos milenios el Homo sapiens se habría convertido en el agente de cambio más importante en la ecología global.

Fotografía de Ángela Bonadies

De ahí el título de la obra, Antropoceno y el objetivo del montaje: llamar la atención sobre la perniciosa incidencia de la acción humana sobre el ecosistema que ha propiciado el nacimiento de la vida y que ha constituido durante milenios el sustrato nutricio para su evolución y diversificación hasta los niveles de variedad y complejidad que hoy conocemos.  Y aún no compartiendo del todo la premisa mayor, pues es difícil saber a ciencia cierta, -cuando uno piensa en las “mareantes” cifras de miles y millones de años en que se mide la antigüedad del planeta-, cual es el verdadero alcance e importancia de la acción humana sobre el cambio del clima, uno puede disfrutar de un espectáculo que, sustentado en ese debate de fondo sobre la llamada emergencia climática, supera la visión reduccionista, interesadamente catastrofista de una perspectiva política o ideológica para inscribirse en la esfera de lo poético.

Estamos ante un espectáculo eminentemente visual, con un texto reducido casi a un nivel testimonial frente a la fuerza de unas imágenes de innegable belleza plástica; algunas trasnochadas y extemporáneas de un pasado reciente de la historia patria, frente a otras, las más contundentes y evocadoras, que configuran una suerte de distopía futurista fuera de un lugar y tiempo concretos, un mundo colonizado por la tecnología y en el que se verían confirmados nuestros peores temores sobre los efectos del cambio del clima. Y es ahí, en la creación de esa atmósfera entre onírica y naif en que trascurre la acción -mínima, como digo-,  donde se muestra la pericia de Thaddeus Philps, el director del montaje, servido por una espléndida ambientación músical de Fernando Martínez-Careaga.

No menos importante en la creación de ese espacio irreal es el recurso al domo o cúpula geodésica como único elemento de la escenografía por su poderoso valor simbólico, como refugio de los protagonistas y, exteriormente, como representación de nuestro solitario planeta perdido en la inmensidad del cosmos. Excepción hecha de Greta Thumberg, apostol de la nueva religión del ecologismo moderno a la que se invoca en sus apariciones públicas profetizando, cual nueva Casandra, el inminente e inevitable apocalipsis climático o Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, en una conferencia alertando de la nueva era que se abría con el descubrimiento del enorme poder destructivo de la energía atómica, el resto son personajes ficticios. Ana (Almudena Ramos), una experta en temas de ecología y su madre anciana;  una niña (Kateryna Humenyuk), metáfora quizá de la vulnerabilidad del ser humano; un robot, y un excéntrico taxista (Julio Cortázar) de día trasunto del monsieur Hulot, de las películas de Tati, de madrugada émulo del legendario “Loco de la Colina”, que desde su emisora de radio planetaria, lanza a las ondas su música y sus largas peroratas para consumo de noctámbulos e insomnes.

Todos ellos son de alguna manera personajes simbólicos, variantes de un nuevo biotipo humano que nacería, -¿habría nacido ya? al hilo del advenimiento de un nuevo periodo en la evolución geológica y con la transformación del paradigma filosófico y político inducida por los profundos cambios producidos por el hombre sobre el planeta Tierra, una nueva Etapa denominada Antropoceno.

Gordon Craig, 23-II-2020.

Ficha técnico artística:

Idea y dirección: Thaddeus Philips.

Textos: Creación colectiva.

Con: Silvia Acosta, Julio Cortázar, Kateryna Humenyuk y Almudena Ramos.

Espacio escénico: Emilio Valenzuela y Thaddeus Philips.

Iluminación: Paloma Parra.

Vestuario: Eleni Chaidemenaki.

Música original: Fernando Martínez-Careaga Gómez.

Madrid. Teatro de la  Abadía. Hasta el 28 de marzo de 2020.

Acerca de Gordon Craig

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