La Sierra Norte de Guadalajara ha quedado reducida a cenizas. No son las tierras verdes que un día pisamos, no son las tierras de nuestros mayores: es la devastación y la desolación. Ocho días y ocho noches ardiendo y el sector primario ha quedado completamente arruinado.
Pero el Turismo de Catástrofes roza la gloria. Al igual que todos esos cargos o cargas públicas, que solamente aparecen en momentos de mayor gloria y siempre con aires lúdico festivos de autopromoción. Para las emergencias nunca están.
La limitada capacidad de gestión autonómica quedó en evidencia desde el primer momento, ya que tuvo que recibir ayuda de Aragón, Castilla y León, Andalucía y Madrid.
¿Y qué decir de la representante local de la comarca en las Cortes Regionales y presidente de ADEL-Sierra Norte? Porque no se la vio. Aunque, a decir verdad, la mayoría, los que la conocemos, tampoco la esperábamos.
Mientras la Sierra ardía, se convocaba al público a verbenas, conciertos e incluso a las Jornadas del Fino Seguntino. El tan manido dicho de pan y circo, o paella y concierto 2.0, es una premisa de nuestros gobernantes más cercanos, aunque fuera respirando el humo de la tragedia y recibiendo, copa en mano, una lluvia de pavesas.
Ahora llega el momento de promocionar ayudas. Alardearán en redes sociales con sus generosas subvenciones y en la prensa más afecta les difundirán la noticia -¿o es propaganda?- a grandes titulares. Que ya rozamos la precampaña y hay que empezar a salir en las fotos.
Nadie se acordará de los agricultores y ganaderos serranos, completamente desolados y arruinados, pero que aun así tuvieron los relaños suficientes para, junto a sus vecinos sorianos, hacer un cortafuego, exponiendo su vida y su maquinaria, para impedir que el fuego se extendiera aún más y el desastre fuera aún mayor de lo que fue, si cabe. Y aquello fue lo que funcionó.
Pero en las fotos, a partir de ahora, saldrán los que, ausentes durante la tragedia porque estaban entretenidos tomando finos seguntinos, cual Nerón ante las llamas de Roma. Posarán anunciando el reparto de migajas de dinero público como si de un maná milagroso se tratara.
Así hasta el próximo incendio.
El Heraldo del Henares
