Un año más, el crítico de cine de EL HERALDO DEL HENARES, Ramón Bernadó, viaja hasta Málaga por decimocuarto año consecutivo para cubrir una nueva edición del Festival de Cine que esta espléndida capital andaluza celebra cada año y que en esta ocasión se celebra del 6 al 15 de marzo.
En esta sección, se irán publicando las críticas de aquellas películas y eventos varios a los que día a día acuda nuestro enviado especial.

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Hangar rojo – 2026 – Juan Pablo Sallato – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
El chileno Juan Pablo Sallato firma Hangar rojo, una película pequeña en duración, pero bastante grande en impacto.
Del director no hay demasiada información pública ni una filmografía extensa y conocida en el circuito comercial internacional.
Todo apunta a que se mueve sobre todo en el ámbito del cine independiente chileno y de los festivales.
Con Hangar rojo parece dar un salto importante de visibilidad.
Y, visto lo visto, sería buena idea seguirle la pista.
Comentario
La segunda jornada del Festival de Málaga arrancó con una de esas sorpresas que te reconcilian con levantarte temprano para ir al cine.
Porque a veces pasa lo contrario: madrugas, te tragas un café malísimo del festival y luego la película es peor que el café. Pero aquí no.
Hangar rojo es una producción chilena rodada en un blanco y negro precioso, de esos que parecen tallados con cincel.
Dura apenas 81 minutos, lo cual, en tiempos de películas que duran lo mismo que una boda gitana, ya es un alivio.
La historia nos pega literalmente al cogote del capitán Jorge Silva durante las horas previas y posteriores al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile.
Ese día en el que Augusto Pinochet y compañía decidieron que la democracia era un concepto demasiado moderno para ellos y que el presidente Salvador Allende debía desaparecer del mapa.
El capitán es un militar de carrera: disciplinado, serio, responsable. Un tipo que cree en la cadena de mando.
El problema llega cuando la cadena de mando empieza a exigir cosas que chocan de frente con la Constitución y con la conciencia.
Ahí está el corazón de la película: el dilema moral de un hombre atrapado en medio de una maquinaria que empieza a devorar todo lo que toca.
El actor Nicolás Zárate sostiene prácticamente toda la película sobre sus hombros. Y lo hace con una interpretación sobria, contenida y muy inteligente. Apenas necesita gestos grandes: con miradas, silencios y pequeñas tensiones en el rostro transmite perfectamente la inquietud y el conflicto interno del personaje.
La película funciona como thriller político, como drama íntimo y como reconstrucción histórica. Y lo hace sin necesidad de discursos ni de grandes explicaciones. Todo se respira en el ambiente: la tensión, el caos, el miedo, la sensación de que el país se está rompiendo en pedazos.
En apenas hora y veinte consigue transmitir muchísimo.
Es de esas películas que salen pequeñas en presupuesto pero grandes en densidad dramática.
Ahora bien, no todo es perfecto en esta vida. Porque Sallato tiene una fijación preocupante con los planos de cogote. Mucho plano detrás del capitán, siguiendo su nuca como si la película fuera un documental sobre cervicales. Y ya se sabe: el plano-cogote es uno de los pecados capitales del lenguaje cinematográfico.
Aun así, el resultado es soberbio.
Una película seca, tensa, muy bien medida, que te mete dentro de una situación moral imposible.
Y lo mejor: te obliga a preguntarte qué habrías hecho tú.
Que es, probablemente, la pregunta más incómoda que puede provocar una película. Y también la más interesante.
Mi puntuación: 8,77/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Día de caza – 2026 – Pedro Aguilera – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
El director Pedro Aguilera no es precisamente un recién llegado. Este cineasta cordobés lleva años moviéndose en el cine de autor español y en el circuito de festivales.
Debutó con La influencia (2007), presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes, y posteriormente dirigió Demonios tus ojos (2017), un thriller inquietante que pasó por varios festivales internacionales.
También ha trabajado como guionista y ha mantenido siempre una línea de cine bastante personal, más cercana al drama psicológico que al cine comercial.
Con Día de caza, presentada en el Festival de Málaga, Aguilera decide meterse en un terreno peligrosísimo: revisitar uno de los grandes clásicos del cine español.
Comentario
Hay decisiones en la vida que requieren cierta prudencia. Por ejemplo: no discutir con tu suegra, no pedir la última ronda cuando ya llevas cuatro gin-tonics… y **no intentar rehacer una obra maestra de Carlos Saura.
Pues bien, Pedro Aguilera ha decidido saltarse ese último consejo.
En la rueda de prensa posterior a la proyección, el propio director explicó que Día de caza es una especie de revisitación en clave femenina y contemporánea de La caza (1966), la mítica película de Carlos Saura escrita junto a Angelino Fonns y protagonizada por Ismael Merlo, Alfredo Mayo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Caba. Una película que es, ni más ni menos, uno de los grandes clásicos del cine español.
Así que, claro, cuando alguien dice que va a rehacer algo así, uno se pone automáticamente en modo “esto va a acabar regular”.
La nueva versión cambia el grupo masculino por cuatro mujeres: Carmen Machi, Rosy de Palma, Blanca Portillo y la joven Zoe Arnao. Tres amigas —más la sobrina de una de ellas— que se van a una dehesa a cazar.
Lo que parece una jornada campestre termina sacando a la superficie viejos rencores, reproches y tensiones acumuladas.
La intención es clara: igual que La caza era una metáfora feroz de la sociedad española de la posguerra, aquí se intenta hacer un retrato de la sociedad actual. El problema es que la intención no basta.
La película arranca con algunos elementos que recuerdan vagamente al universo berlanguiano —momentos que podrían evocar La escopeta nacional— o incluso ciertos ecos del cine rural español como Los santos inocentes de Mario Camus. Pero son solo destellos aislados, ideas sueltas que nunca terminan de cuajar en un conjunto sólido.
Y luego está el problema de la dirección de actores.
Porque con un reparto así uno espera fuegos artificiales interpretativos. Pero la cosa sale bastante torcida.
Blanca Portillo aparece excesiva, sobreactuada, en un registro que chirría.
Carmen Machi parece hacer básicamente de Carmen Machi, algo que suele funcionar… pero aquí se queda corto.
Zoe Arnao queda un poco perdida en medio del asunto, casi como si estuviera de invitada en la película.
La única que realmente se salva del desastre es Rosy de Palma, que aporta una presencia extraña, magnética, que al menos da algo de personalidad a la función.
Al final, lo que queda es una sensación bastante clara: la película nace de una premisa equivocada. Intentar dialogar con una obra tan gigantesca como La caza exige una humildad enorme o una idea verdaderamente brillante.
Aquí no hay ni lo uno ni lo otro.
Y el resultado es lo que pasa cuando alguien se mete en un berenjenal cinematográfico con demasiada confianza: la realidad termina pasando por encima como una apisonadora.
Mi puntuación: 4,13/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Solos – 2026 – Guillermo Ríos Bordón – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
El director Guillermo Ríos Bordón es un realizador canario que ha trabajado sobre todo en televisión y en el ámbito del audiovisual comercial.
Durante años ha dirigido programas y formatos televisivos y también ha participado en proyectos cinematográficos como director y guionista.
Con Solos se acerca a un terreno muy particular: la adaptación cinematográfica de una novela escrita por Paloma Bravo, que ya había tenido recorrido sobre los escenarios.
El salto del teatro al cine siempre es delicado. A veces sale bien. Otras… pues no tanto.
Comentario
La tercera película del segundo día del Festival de Málaga fue Solos, y el título, hay que reconocerlo, tiene bastante sentido. Porque al final el espectador también se siente bastante solo… sentado en la butaca intentando sobrevivir a lo que ocurre en la pantalla.
La película adapta la obra teatral de Paloma Bravo, y se nota muchísimo su origen escénico.
Todo sucede prácticamente en un apartamento, donde cuatro amigos se reúnen para celebrar sus cumpleaños. Un planteamiento que, en teoría, podría dar bastante juego dramático.
El reparto lo forman Kira Miró, Carlos Santos, Alba Reina y Elia Galera.
Se supone que son personas que han tenido cierto éxito en la vida: profesionales con trabajos bien posicionados, vidas aparentemente encarriladas… bueno, todos menos el personaje que interpreta Alba Reina, que es profesor de instituto. Y ya sabemos que en España dedicarse a la educación suele significar más vocación que sueldo.
La reunión empieza con buen rollo, brindis, recuerdos y sonrisas de compromiso… pero poco a poco van saliendo rencores, reproches y viejas cuentas pendientes. Algo que, en principio, podría funcionar muy bien como retrato de una generación.
El problema es que todo se articula a través de diálogos interminables. Pero interminables de verdad. Conversaciones que parecen escritas a base de frases sacadas de manuales de autoayuda de aeropuerto.
El resultado es una sucesión de discusiones que se hacen pesadas, repetitivas y francamente irritantes.
Los personajes hablan, hablan y vuelven a hablar… pero casi nunca dicen nada que resulte interesante o mínimamente verosímil.
La cámara se obstina en sacar primeros planos y de detalle demostrando que estamos ante un producto meramente televisivo.
Especialmente irritante resulta la exposición sobre la depresión. Irritante y ofensivo.
Y eso que el reparto es competente. Pero cuando el material de base no funciona, ni Kira Miró, ni Carlos Santos, ni Elia Galera pueden hacer milagros.
La película además intenta rematar la función con un final melodramático, muy intenso, muy trascendente… que acaba de coronar el conjunto con una guinda bastante indigesta.
Lo más sorprendente de todo fue la reacción del público en la sala del festival: aplausos bastante entusiastas.
Confieso que aquello me dejó perplejo.
Aunque, pensándolo bien, la explicación más lógica es sencilla: probablemente entre el público habría muchos amigos, familiares y miembros del equipo de la película.
Porque, si no… cuesta entender tanto entusiasmo ante un producto que, sinceramente, resulta un pequeño (gran) desastre cinematográfico.
Mi puntuación: 2,11/10.
Ficha técnica en este enlace.
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9 lunas – 2026 – Patricia Ortega – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
Patricia Ortega es una directora y guionista venezolana nacida en 1977, con una filmografía todavía breve pero bastante visible en el cine de autor reciente.
Su ópera prima fue Yo, imposible (2018), y después firmó Mamacruz (2023), que le dio bastante proyección internacional.
Ahora presenta 9 lunas, escrita junto a Olmo Figueredo González-Quevedo y José Ortuño, y protagonizada por Zack Gómez-Rolls, Jorge Sanz, María León, Sara Sálamo, Fernando Guallar y Kiti Mánver.
Comentario
La cuarta película de este segundo día del Festival de Málaga ha sido 9 lunas, de Patricia Ortega, y la verdad es que plantea un punto de partida potente: un hombre trans que todavía no ha completado su transición se queda embarazado.
La película se mete así en terrenos como la identidad, la maternidad, la transexualidad y la masculinidad, o sea, en un buen jardín.
El protagonista está interpretado por Zack Gómez-Rolls, y su personaje vive una situación personal y social que, sobre el papel, daba para una película áspera, incómoda y con colmillo.
Pero 9 lunas opta casi siempre por un camino mucho más amable, más sentimental y bastante más edulcorado de lo que uno diría que pide una historia así.
Ahí está, para mí, uno de sus problemas gordos: la benevolencia casi general del entorno resulta poco creíble si se compara con una realidad social que sigue siendo bastante menos comprensiva y bastante más cafre.
Esa España tolerante, tan mona, tan civilizada, aparece aquí como si ya estuviéramos todos haciendo un máster en empatía, y no. Ojalá, pero no.
Eso no impide que la película tenga momentos que emocionan. Y emocionan de verdad.
Es fácil entrar en el dolor de alguien que pelea por sostener su identidad frente a un mundo que le va poniendo pegas, etiquetas y miraditas de esas que no pagan alquiler pero ocupan mucho espacio. En ese sentido, la película toca fibras sensibles y algunas las toca bien.
Lo que pasa es que el personaje principal también tiene una deriva que complica la empatía.
En su intento de afirmarse en su nueva identidad masculina, a ratos se pasa de frenada y se convierte en un pequeño machirulo bastante antipático.
Y ahí la conexión con él se resiente, porque una cosa es entender el conflicto y otra muy distinta tener ganas de irse de cañas con el muchacho.
En el reparto secundario hay cosas que sí funcionan. Jorge Sanz está muy bien como ese padre que intenta adaptarse a realidades nuevas sin dejar de ser un señor de otra generación, y lo hace con naturalidad y con una vis cómica muy agradecida.
María León vuelve a demostrar esa capacidad tan suya para transmitir verdad popular, cercanía y humanidad sin esfuerzo aparente.
Y Kiti Mánver, que casi siempre sabe estar donde tiene que estar, compone una abuela comprensiva pero también exigente, sin caer en la caricatura.
En resumen: 9 lunas es una comedia dramática con un tema muy actual y con buenas intenciones, que se ve sin dolor y hasta deja algún momento emotivo, pero que está demasiado azucarada y demasiado pendiente de gustar.
Aprueba, sí, pero con esa nota justita del alumno que cae simpático, participa en clase, pero el examen lo ha hecho regular tirando a normalito.
Mi puntuación: 5,56/10.
Ficha técnica en este enlace.
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XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (I)
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Muchos besos y muchas gracias.
Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media
El Heraldo del Henares







