lunes , 13 abril 2026

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (I)

Un año más, el crítico de cine de EL HERALDO DEL HENARESRamón Bernadó, viaja hasta Málaga por decimocuarto año consecutivo para cubrir una nueva edición del Festival de Cine que esta espléndida capital andaluza celebra cada año y que en esta ocasión se celebra del 6 al 15 de marzo.

En esta sección, se irán publicando las críticas de aquellas películas y eventos varios a los que día a día acuda nuestro enviado especial.

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Calle Málaga – 2025 – Maryam Touzani – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

Maryam Touzani

La directora marroquí Maryam Touzani se ha convertido en una de las voces más interesantes del cine del Magreb en los últimos años.

Antes de ponerse detrás de la cámara fue actriz y guionista, colaborando estrechamente con Nabil Ayouch.

Como directora llamó mucho la atención con Adam (2019), un delicado drama sobre dos mujeres que conviven en Casablanca, y dio un paso más con El caftán azul (The Blue Caftan, 2022), una película elegante y muy celebrada en festivales que incluso fue la candidata de Marruecos a los Óscar.

Su cine suele moverse en territorios íntimos: personajes heridos, emociones contenidas y conflictos domésticos que terminan diciendo mucho sobre la sociedad en la que viven.

No es una directora de grandes aspavientos; lo suyo es la mirada tranquila y la sensibilidad.

Comentario

Calle Málaga llega con una buena carta de presentación: pasó por el Festival de Venecia y además fue la película elegida por Marruecos para representar al país en los Premios Óscar. Pero más allá de ese pedigrí festivalero, lo que realmente sostiene la película es un nombre propio: Carmen Maura.

Aquí interpreta a Mari Ángeles, una señora mayor que vive en Tánger, donde nació, hija de españoles y completamente integrada en el barrio. Su universo es pequeño pero muy reconocible: el tendero de confianza, el verdulero, el paseo por la calle y esa sensación maravillosa de pertenecer a un sitio donde todo el mundo te conoce.

Ese lugar se llama Calle Málaga —sí, existe de verdad— y es su pequeño paraíso cotidiano.

Pero claro, el cine vive de los problemas, no de la felicidad estable.

Y el conflicto llega cuando aparece su hija, interpretada por Marta Etura, que está pasando por un divorcio complicado. Necesita dinero y resulta que la casa donde vive la madre está a su nombre porque el padre la puso así en su día.

Traducido al castellano claro: hay que vender la casa.

Y aquí empieza el drama. Porque Mari Ángeles se encuentra de repente con una decisión brutal encima de la mesa: abandonar la casa de su vida, irse a una residencia o trasladarse a Madrid con su hija a un entorno que no conoce y que probablemente le resulte hostil.

La película juega con un tono muy cálido, casi de caricia emocional.

Touzani no busca el melodrama desatado sino algo más suave: la empatía.

Habla de algo bastante universal, esa curiosa ceguera que a veces tienen los hijos cuando creen que la vida de sus padres mayores ya está prácticamente amortizada.

Pero resulta que no.

Carmen Maura

Porque incluso en la tercera edad se puede seguir viviendo, eligiendo, riendo… e incluso enamorándose. Y eso le ocurre a Mari Ángeles cuando aparece en su vida un anticuario que le devuelve una chispa que parecía apagada.

El ritmo es tranquilo, sosegado, de esos que hoy en día algunos espectadores llaman “lento” y otros llaman “civilizado”.

Es una película tierna, amable y sin demasiadas pretensiones, pero precisamente ahí está su encanto: no intenta epatar, intenta emocionar.

Y lo consigue.

Además, Carmen Maura está magnífica. Tiene esa mezcla de ironía, fragilidad y carácter que hace que el personaje resulte absolutamente creíble.

Después de la proyección en el Festival de Málaga, en la rueda de prensa estuvo encantadora y dejó una frase muy sensata: para ella lo importante es que las películas las vea la gente, porque hacer cine para que nadie lo vea no tiene demasiado sentido.

No le falta razón.

Calle Málaga termina con un final abierto que deja flotando la pregunta sobre qué significa realmente “tener un hogar”.

Y sales del cine con la sensación de haber visto una historia pequeña… pero muy humana.

Ojalá encuentre su público. Porque es de esas películas que no hacen ruido, pero dejan buen sabor de boca.

Y en estos tiempos de explosiones digitales y superhéroes musculados, eso casi se agradece.

Mi puntuación: 7,67/10.

Ficha técnica en este enlace.

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Altas capacidades – 2026 – Víctor García León – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

Víctor García León

El madrileño Víctor García León lleva años moviéndose con bastante soltura en el territorio de la comedia incómoda, esa que mira a la clase media con una mezcla de ironía y mala leche.

Debutó con Más pena que gloria (2001), una película que ya dejaba claro su gusto por los personajes algo perdidos.

Después firmó Selfie (2017), una sátira política muy afilada sobre el hijo pijo de un ministro corrupto que fue muy celebrada en festivales.

También ha trabajado en televisión en series como Vota JuanVamos Juan o Venga Juan, donde volvió a demostrar su habilidad para retratar el ridículo humano sin demasiada piedad.

Su cine suele fijarse en personajes bastante patéticos… lo cual, siendo sinceros, nos incluye a casi todos.

Comentario

Altas capacidades se mueve en el terreno de la comedia social contemporánea, ese territorio en el que uno se ríe… pero también se reconoce un poquito en la pantalla, lo cual siempre da un poco de vergüencilla.

La historia gira alrededor de una pareja interpretada por Marian Álvarez e Israel Elejalde, padres de un niño llamado Fer (Fernando para los documentos oficiales, Fer para el caos cotidiano) que empieza a dar problemas en su colegio público.

La solución que aparece en el horizonte es la típica fantasía aspiracional de cierta clase media: llevar al niño a uno de esos colegios privados carísimos donde, además de educar al crío, parece que también te suben el estatus social automáticamente. Algo así como comprarte un coche de alta gama… pero con uniforme escolar.

En medio de todo este lío aparece el jefe del personaje de Israel Elejalde, interpretado por Juan Diego Botto, que está francamente estupendo haciendo de ese jefe gilipollas que cree que es gracioso. De esos que sueltan bromitas incómodas en la oficina mientras todo el mundo sonríe por compromiso. Cada vez que aparece en pantalla la película gana bastante vida.

Botto demuestra, una vez más, que es un actor magnífico.

La película arranca con una idea bastante potente y con bastante brío.

Parece que va a convertirse en una sátira bastante mordaz sobre el postureo social, esa obsesión moderna por aparentar que tu hijo es un genio, un talento especial o, en el peor de los casos, un incomprendido por el sistema educativo.

Pero poco a poco la cosa se va suavizando. El guion prometía más mala leche de la que finalmente ofrece, y uno se queda con la sensación de que podría haber sido una comedia mucho más afilada.

Lo curioso es que prácticamente todos los personajes son bastante idiotas. No se salva casi nadie. Padres obsesionados con el ascenso social, entornos escolares absurdos, egos inflados… todo el mundo tiene algo de ridículo.

Los únicos personajes que parecen tener algo de sentido común son los padres del personaje de Marián Álvarez, que funcionan como una especie de oasis de cordura dentro del caos.

Y también destaca Natalia Reyes, que interpreta a la viuda de un narco asesinado cuyo hijo, Samu, también estudia en ese mismo colegio. Su personaje aporta un contrapunto curioso y bastante interesante dentro de este microcosmos social.

La película no aburre, avanza con soltura y tiene momentos divertidos.

Pero deja la sensación de que ese guion, que apuntaba maneras muy prometedoras, podría haber dado más de sí.

Eso sí, la idea de fondo está muy bien tirada: vivimos en una sociedad donde el postureo lo invade todo, y donde muchos padres están convencidos de que su hijo es especial, único y extraordinario… aunque a veces lo único extraordinario sea la capacidad de negarse a ver la realidad.

En resumen: Altas capacidades es una comedia simpática y reconocible que se deja ver con agrado, aunque uno sale del cine pensando que podría haber sido bastante más salvaje.

Y quizá también pensando en el grupo de WhatsApp del cole… que da para otra película entera.

Mi puntuación: 5,55/10.

Ficha técnica en este enlace.

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Corredora – 2026 – Laura García Alonso – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

Laura García Alonso

La directora Laura García Alonso firma Corredora, que ha presentado en el Festival de Málaga 2026.

No es una cineasta especialmente conocida todavía y su filmografía es muy breve, por lo que esta película funciona prácticamente como carta de presentación.

En bases de datos de cine apenas aparecen trabajos previos relevantes como largometraje, lo que sitúa a Corredora en el terreno de la ópera prima o del primer trabajo con cierta visibilidad dentro del circuito festivalero.

Comentario

Corredora nos cuenta la historia de Cris, una atleta de élite que vive en un centro de alto rendimiento y cuya especialidad es, básicamente, correr. Correr mucho. Correr siempre. Correr como si le persiguiera algo. Y, en cierto modo, sí: le persigue su propio pasado.

La protagonista está interpretada con bastante naturalidad por Alba Sáez, que da vida a una chica marcada por una tragedia temprana: la muerte de su madre cuando era niña. Desde entonces su vida ha sido una huida constante hacia adelante.

Correr como terapia, correr como anestesia emocional, correr como si el cronómetro pudiera borrar los recuerdos.

Pero el pasado tiene la mala costumbre de volver. Y lo hace en forma de delirios paranoides que se cuelan en su cabeza y que le empujan a comportamientos cada vez más inquietantes.

No estamos ante el típico drama deportivo de superación personal con música épica de fondo. Aquí la carrera es más mental que física.

Alrededor de Cris orbitan dos figuras clave: su hermana, interpretada por Marina Salas, y su padre, al que da vida Álex Brendemühl. Ambos representan esa mezcla de amor, desconcierto y miedo que suele rodear a la enfermedad mental en las familias.

Porque uno de los grandes aciertos de la película es abordar un tema que rara vez se muestra con claridad en el cine: la psicosis y los delirios paranoides.

La película muestra algo muy real: el enfermo muchas veces no reconoce su enfermedad y la sociedad, por su parte, tampoco sabe muy bien qué hacer con ella. A eso se suma otro detalle incómodo pero cierto: los efectos secundarios de la medicación antipsicótica pueden ser muy duros, lo que convierte el tratamiento en una carrera de obstáculos.

Así que Chris sigue corriendo. Corre porque no sabe hacer otra cosa. Corre para intentar dejar atrás una mente que a veces parece ir en su contra.

El resultado es una película interesante, bastante sólida y con un tema de fondo potente.

No es cine de palomitas ni pretende serlo.

Más bien es una historia sobre cómo convivir con una mente que, de vez en cuando, decide jugar en tu contra.

Y sobre lo poco preparada que sigue estando la sociedad para entender algo tan complejo como la enfermedad mental.

En resumen: una película que se ve con interés, que abre un melón incómodo y que recuerda que, a veces, la carrera más dura no es la que se hace en la pista, sino la que ocurre dentro de la cabeza.

Mi puntuación: 7,55/10.

Ficha técnica en este enlace.

***

Muchos besos y muchas gracias.

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

​​Colaborador de Esradio GuadalajaraAlcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media

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Acerca de Ramón Bernadó

Cinéfago compulsivo desde la infancia. Cuando veo una peli no puedo resistir la tentación de escribir una crítica…

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