miércoles , 3 junio 2026

La ‘barraca’, de Vicente Blasco Ibáñez: “Una tragedia rural”

Publicada en la significativa fecha de 1898, La barraca es una de las novelas más celebradas de Blasco Ibáñez. De corte netamente naturalista, esta novela “de la huerta” puede conceptuarse como una tragedia rural, que tiene como protagonista al pueblo, en su acepción más social, a los desheredados que malviven explotados literalmente por el propietario de las tierras que cultivan en régimen de arrendamiento. De cruel realismo, la novela y esta adaptación para la escena que ha hecho Marta Torres, vienen a representar la venganza de los huertanos cuando se sienten atropellados en sus derechos, a la vez que describe con singular verismo sus vicios y virtudes, su bonhomía, pero también su mezquindad, sus bajos instintos y su comportamiento atrabiliario, fruto a la vez de la ignorancia y de la dureza de la vida que arrastran.

La Barraca. Fotografía de Javier Naval. Photo&Design. Teatro Fernán Gómez

La barraca del tío Barret lleva diez años cerrada, desde la tragedia que costó la vida al usurero propietario don Salvador. Los huertanos, haciéndose solidarios de su antiguo ocupante, se niegan a arrendarla. Llega a ella Batiste con su mujer y sus cuatro hijos, y los vecinos capitaneados por el borrachín y matón Pimentó les hacen la vida imposible marginando y zahiriendo de manera inclemente a los pequeños. Las envidias crecen al ver cómo prosperan las tierras por el trabajo y la dedicación de los nuevos arrendatarios y con ellas el odio hacia los recién llegados. Se llega incluso a la denuncia falsa ante el Tribunal de las Aguas por no respetar las horas de riego poniendo a Batiste y a su familia en una situación que por momentos se va haciendo insostenible y llevando la tensión a un punto de no retorno, a un choque que no se produce por los buenos oficios del viejo pastor ciego, el tío Tomba, el único vecino dispuesto o quebrantar el veto impuesto por la comunidad. Tras la muerte de Pascualet, el hijo pequeño de Batiste y Teresa, y el consiguiente remordimiento que cunde entre los responsables ante el cadáver de la víctima inocente, parece iniciarse una tregua, pero el conflicto entre los antagonistas estalla al fin con toda su virulencia en un espantoso ceremonial de sangre y fuego.

Con ser los episódico la esencia de los textos narrativos, y lo son, indudablemente en este caso, no puede negarse que La barraca encierra y desarrolla un conflicto de profundo contenido social susceptible de ser interpretado, o mejor dicho, plasmado en forma dramática, a saber, el de los huertanos como pueblo oprimido frente al opresor, el propietario de la tierra, don Salvador y sus herederos. Con la llegada de un nuevo arrendador será éste quien adquiera el rol de antagonista, aunque esto resulte injusto, puesto que pertenece a la misma clase que el resto de lostrabajadores de la huerta, de ahí que ese empecinado enconamiento entre las partes resulte doblemente trágico.

La Barraca. Fotografía de Javier Naval. Photo&Design. Teatro Fernán Gómez

A primera vista, pues, resulta pertinente, desde el punto de vista artístico, o al menos no parece caprichoso o disparatado emprender la adaptación de la novela, rescatar su dramaticidad intrínseca y potenciar la condición de sátira social del relato de Blasco Ibáñez. La selección de episodios que ha hecho la adaptadora y la configuración de la trama y la opción estética de la directora del montaje, con el recurso a movimientos corales, al ademán ocasionalmente solemne y al halo trágico de unos personajes que parecen juguetes del destino, y hasta el énfasis en la figura del pastor ciego, el tío Tomba -viva imagen del viejo adivino Tiresias-, recordándole a Batiste la maldición de las tierras de Barret y profetizándole su desastrado final, todo está enderezado hacia una puesta en escena con pretensiones de tragedia griega. Se pasa de puntillas por el despertar a la llamada de la naturaleza de los cándidos Tonet (Jaime Riba) y Roseta (Elena Alférez), quizá junto a los niños, los únicos personajes puros de la novela, y la honda conmoción que produce en el vecindario el fallecimiento del desdichado Pascualet, desplazándose el énfasis a la Saturnal que con ocasión de la fiesta de San Juan tiene lugar en la taberna de Copa, con la “porfía” de Pimentó con los hermanos Terrerola, que acaban borrachos como cubas, reducidos a una condición casi animal y con el alcohol como catalizador, de nuevo, del resentimiento y el odio desencadenantes de la tragedia.

La Barraca. Fotografía de Javier Naval. Photo&Design. Teatro Fernán Gómez

El elenco se entrega con entusiasmo a su cometido, con excesos de vehemencia, quizá, en los momentos de cólera, rabia o desesperación recurriendo al grito o al ademán hiperbólico que desborda la contención del gesto. Y sería difícil establecer distinciones en un trabajo por lo general meritorio del conjunto, del que podrían destacarse tal vez los dobletes a cargo de Antonio Sansano (Don Salvador y el tío Tomba) y de Jorge Mayor (el viejo Barret y el maestro Don Joaquín), o la labor de Daniel Albaladejo y Antonio Hortelano, protagonistas, y que tienen una mayor oportunidad de lucimiento, el segundo dando vida al chulesco Pimentó, un jaque pendenciero, malasangre y vengativo, y el primero en el rol del infatigable trabajador Batiste, que representa la nobleza y la hombría de bien, el compañero leal, el padre solícito y recto y el insobornable defensor de su dignidad afrentada.

Una poética escénica, en fin, coherente en lo esencial con sus planteamientos, respaldada por un trabajo actoral muy físico y un calibrado recurso a los símbolos pero con frecuentes escenas coreografiadas que no sé si diluyen o desnaturalizan un tanto la extrema brutalidad de los sucesos evocados y la crudeza de su denuncia.

Gordon Craig. 31-V-2026.

Ficha técnico artística:

Autor: Vicente Blasco Ibáñez.

Versión: Marta Torres.

Con: Daniel Albaladejo, Antonio Hortelano, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Patricia Ros, Beatriz Grimaldos (Claudia Taboada), Elena Alférez y Jaime Riba.

Diseño de escenografía: Curt Allen y Leticia Gañán.

Diseño de vestuario: Rosa García Andújar.

Diseño de iluminación: José Manuel Guerra.

Música: Santi Martínez.

Coreografía: Marta Gómez

Dirección: Magüi Mira.

Madrid. Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa.

Hasta el 21 de junio de 2026.

Acerca de Gordon Craig

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