lunes , 22 junio 2026

‘La escuela de los vicios’ , de Francisco de Quevedo: “La necesidad de la sátira”

Tomo prestado para encabezar este comentario el título de un incisivo artículo de Juan Mayorga (Nueva Revista, Madrid, diciembre de 1999, pp.134-141) en el que, con ocasión de su estreno de Cartas de amor a Stalin, discurría sobre el sentido y alcance de la obra del escritor ruso Mijail Bulgákov, sobre la brutal censura a que fue sometido por el régimen estalinista, sobre la disidencia y sobre la ineludible necesidad de la crítica social y política -que también es una crítica de la cultura-, como único antídoto contra el totalitarismo y la barbarie.

Parecido empeño inspiró tres siglos antes numerosos escritos de Francisco de Quevedo en los que se advierte una crítica abierta, descarnada de la venalidad, hipocresía y afán de poder y riqueza de la clase dirigente de su tiempo y que le puso enfrente a todo el poder de los Austrias y a su capilla de aduladores, arrostrando, incluso, por ello, penas de prisión. Particularmente un extenso repertorio de sonetos, sátiras y discursos políticos que, entreverados con fragmentos de los entremeses de Quiñones de Benavente o de los pasos de Lope de Rueda y ligeros retoques de cosecha propia conforman el corpus textual que trae ahora a las tablas del Cervantes la compañía burgalesa Morfeo Teatro con dramaturgia y dirección de Francisco Negro.

La escuela de los vicios. Imagen de Morfeo Teatro

La obra comienza, en una suerte de espacio onírico, irreal, con una peculiar figura del Diablo encarnado en un maestro de ceremonias circense esperando a dos necios a quienes pretende reclutar para su peculiar “escuela de las vicios” con la intención de instruirles en toda suerte de embelecos y granujerías a fin de mejorar su estatus y ascender en la escala social. Para que nos hagamos una idea de la condición de esta escuela basta con mencionar las titulaciones que oferta: la de bachiller en mentir, la de licenciado en engañar, la de doctor en hurtar y la de catedrático en medrar. Reticentes, en principio, ante este sugestivo programa por ser el mismo diablo su impulsor, la pareja de lerdos Muñoz y Mendoza terminan por acceder de grado a la experiencia, toda vez que no sólo no tienen que pagar por las lecciones, sino que se verán recompensados con un doblón de oro por cada título conseguido.

La escuela de los vicios. Imagen de Morfeo Teatro

Del final, cabe decir que verán recompensado su esfuerzo mucho más allá de sus expectativas, lo que se plasma en unas escenas descacharrantes, donde el afilado bisturí del Quevedo más inclemente, más sarcástico, disecciona con saña y encarnizamiento la infecta y putrefacta cloaca de vicios en la que se han convertido este par de botarates. Y todavía queda una imagen final de un brutal impacto. Una recreación de grandes dimensiones de la goyesca “Romería de San Isidro” desciende del telar -¿imagen en espejo del público de la sala?-, imagen deformante, en todo caso, esperpéntica, bajo la que, a los atronadores acordes del “España cañí”, Muñoz y Mendoza investidos como Ministro y Magistrado van a ejercer sus poderes, a consumar su infamia manipulando como a un pelele a un ciudadano del común, manso, indefenso, convertido en un verdadero despojo humano que no deja de repetir como en un cansino y fatal ritornello: “Antes muerto estaré que escarmentado: / ya no pienso tratar de defenderme, / sino de ser de veras desdichado”.

La escuela de los vicios. Imagen de Morfeo Teatro

Respecto a la poética escénica, estamos ante una farsa grotesca, acre, irreverente, trasgresora que, aliñada con pequeños guiños y alusiones a la realidad del presente, nos interpela con una fuerza de convicción y con una contundencia demoledoras, fruto a partes iguales de la hondura y ponderación de los juicios, de la perspicacia en la valoración de conductas, de la agudeza de las invectivas, del gracejo verbal y de la pericia del elenco para incorporar todo ello en los diferentes personajes que interpretan. Los tres sin excepción son cómicos consumados; destacan en el rigor y la corrección con la que dicen el verso y en la incorporación de la máscara; se desenvuelven con igual pericia con el engolamiento y la verbosidad impostada del bobo, con la elegancia ocasional del burlesque o con la vitalidad desbordante y la insolencia del bufón, haciendo gala de lo que parece ser un inagotable arsenal de recursos de la comicidad más primaria.

Pero volvamos al artículo al que hacía referencia en el inicio de esta reseña. Se preguntaba Mayorga acerca de qué clase de sociedad se estaba construyendo en la era soviética “si no era capaz de nutrirse de la inteligencia de hombres como Bulgákov” (sic). Pues bien, tras concluir anoche la representación de La escuela de los vicios, que todo el mundo interpretó como una crítica de la actualidad socio-política española con su lastre de mentiras, hipocresía y corrupción, se hace ineludible plantear de nuevo esa pregunta:¿Qué sociedad estamos construyendo que no se rebela contra el actual estado de cosas? ¿Tenemos que recurrir ineluctablemente a los textos de un autor de principios del setecientos para canalizar la profunda corriente de indignación que despierta en el fuero interno de muchos ciudadanos el albañal en que se ha convertido la cosa pública? ¿Es que nuestra sociedad no ha encontrado todavía a su satírico? Si así fuera no tendríamos derecho al optimismo desnortado que critica Roger Scruton sino a un pesimismo crítico y al sentimiento de pérdida inherente a una de las formas más lacerantes de orfandad: la orfandad moral.

                                                           Gordon Craig. 21-VI-2026

Ficha técnico artística:

Autor: Francisco de Quevedo.

Morfeo Teatro.

Dramaturgia y dirección: Francisco Negro.

Con: Mayte Bona, Francisco Negro y Felipe Santiago.

Diseño de escenografía: Regue Fernández Mateos.

Diseño de vestuario: Mayte Bona.

Diseño de iluminación: José Antonio Tirado “Pachi”

Pintura de Cartel: Santos Ibáñez.

XXV edición del Festival Iberoamericano del Siglo de Oro “Clasicos en Alcalá”.

Alcalá de Henares. Teatro salón Cervantes. 20 y 21 de Junio de 2026.

Acerca de Gordon Craig

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