Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.
El otro día oí a una mamá que preguntaba a quienes le acompañaban: “¿Habéis apuntado a los niños a la catequesis?”. Si estáis leyendo esta carta es que vuestros padres ya os han apuntado y habéis comenzado las reuniones. Estoy seguro de que venís contentos, porque es muy importante que seáis buenos amigos de Jesús.
A vuestra edad hacéis muchas preguntas. Os interesan muchas cosas y necesitáis que os respondan con atención, con paciencia y con claridad. Entre otros muchos temas, queréis saber cómo vivía Jesús, quiénes fueron sus amigos, qué palabras dijo, qué ejemplos ponía para que la gente sencilla le comprendiese, qué milagros hizo, dónde vivía, cómo rezaba y cuánto quería a los enfermos y necesitados.
Todo esto, y mucho más, lo iréis descubriendo en la catequesis. Vuestros catequistas, que son muy buenas personas y están muy bien preparados, os ayudarán durante varios años para que vaya creciendo vuestra amistad con Jesús y tengáis confianza para hablarle con lo corazón todos los días.
Las oraciones que vais a aprender, o que ya habéis aprendido, os ayudarán a rezar por vuestras familias, por las personas enfermas, por la paz en el mundo y por los niños pobres que no tienen nada y no conocen a Jesús.
Aprenderéis a dar gracias a Dios por el regalo de la vida, por tantas cosas bellas que ha creado (el sol, la luna y las estrellas; los ríos, las montañas, los animales y las plantas; los días, las tardes y las noches; la lluvia, la nieve y el granizo; el calor y el frío). Y también le daréis gracias porque cada día aprendéis algo nuevo, y podéis jugar, correr, leer, pintar, saltar y cantar.
Sabéis que el domingo es el día más importante de la semana. El domingo nos reunimos para rezar, escuchar a Jesús, dar gracias por lo que recibimos, pedir por los que sufren y guardar silencio en algunos momentos.
El papa León XIV ha recordado a los niños que la oración de cada día debe ir acompañada de obras, y les ha dicho: «Nos comprometemos también a ser buenos y a portarnos bien -en casa, en la escuela, en la catequesis, con los padres y al hacer deporte-, porque las oraciones deben ir siempre acompañadas de buenas obras y de gestos de amor».
Jesús os quiere mucho, no os deja nunca solos, os acompaña siempre y quiere que seáis sus amigos.
Rezo mucho por vosotros y por vuestras familias.
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.
Julián Ruiz Martorell, obispo de Sigüenza-Guadalajara
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El Heraldo del Henares
