La ciudad de Guadalajara, una vez más, vuelve a brillar con su Maratón de Cuentos. Nuestro edificio más emblemático acoge a miles de personas para algo tan antiguo como pararse a escuchar la narración de historias. El Papa León, que estos días nos ha alentado a tejer redes también mediante la cultura, nos habla curiosamente en su primera encíclica de saber dedicar tiempo a leer cuentos a los niños. Según esto, podríamos decir que, en estos tiempos de prisas y productividad, Guadalajara es referente en humanidad.

Tejer redes y elevar la mirada han sido los lemas de la visita del Papa, para construir un futuro buscando el encuentro con los demás y no el conflicto. De esto habló también Antonio Banderas en su discurso en torno a la función creativa del arte. Por eso nos entristece que, en estos días, en nuestro palacio, también se exponga un supuesto arte que no teje redes, sino que ofende las creencias y valores íntimos de muchas personas, porque eso nos deshumaniza y socava el fundamento de toda sociedad democrática.
León XIV al inicio de su primera encíclica dice que no quiere abanderar «la posesión de la verdad» sino compartirla, en línea con aquellas otras palabras en España de Juan Pablo II de que «la verdad se propone, no se impone«. Y sabemos que tampoco los cristianos lo han hecho siempre así. Hoy más que nunca, para unos y otros, es la ocasión de hacer brillar la mejor cultura, aquella que no ofende, sino que nos hace más humanos, porque eleva la mirada, porque ayuda a acoger al otro, a veces tan distinto a nosotros. Tenemos ya la experiencia, por nuestra historia, de que el mejor arte provoca en todos admiración, de que la mejor cultura logra integrar a muchos.
Arturo Garralón Blas. Guadalajara
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El Heraldo del Henares