domingo , 26 abril 2026
Fotografía de Cuka Leyre

El ciudadano de a pie pregunta: ‘¿No hay Policía Local de paisano en Guadalajara para pillar in fraganti y sancionar a todos los incívicos que día tras día utilizan las calles como sus vertederos particular de trastos y colchones?’

Guadalajara no es una ciudad sucia por accidente. Lo es por costumbre. Y eso es mucho más preocupante.

Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre. Fotografías de Cuka Leyre

Basta con dar un paseo por cualquier barrio de la ciudad, el de la Llanilla por ejemplo, calle Virgen de la Soledad con Rufino Blanco, para ser más exactos -aunque esto es extensible a cualquier barrio de la ciudad-, y encontrarnos la misma estampa repetida a lo largo de esta semana: contenedores rodeados de enseres, colchones abandonados a plena vista, o muebles desvencijados que alguien decidió dejar donde no debía. No hablamos de un hecho puntual, sino de una conducta reincidente que se ha normalizado hasta formar parte del paisaje urbano.

Fotografía de Cuka Leyre

El caso de los colchones es especialmente sangrante. Aparecen apoyados contra los contenedores, o invadiendo las calles como si alguien hubiera decidido que el espacio público es un vertedero improvisado, y no lo es. Existen servicios municipales de recogida, horarios establecidos y normas básicas de convivencia que, simplemente, se ignoran.

En este punto, resulta inevitable mirar también hacia la concejalía de Seguridad del Ayuntamiento de Guadalajara, con Chema Antón al frente de la misma, porque si los colchones siguen apareciendo una y otra vez en los mismos puntos, y las infracciones no tienen consecuencias visibles, la sensación general es de impunidad, y que algo no está funcionando.

Tristemente, lo que empieza con un colchón mal colocado acaba convirtiéndose en una invitación para que el siguiente deje una silla, una mesa o cualquier otro trasto, como muestran las imágenes.

Fotografía de Cuka Leyre

La gestión no puede limitarse a recoger lo que otros ensucian, debe anticiparse, corregir y, cuando sea necesario, sancionar

El ciudadano de a pie, ante esta situación, se pregunta, si de verdad no hay sanciones para todos estos incívicos que hacen de la calle su particular trastero, ¿para qué sirve gastar medio millón de euros más cada año en más operarios y camiones hidrolimpiadores, como anunció el otro día el edil del ramo, David García, si a la hora de la verdad las calles seguirán estando completamente sucias por estos incívicos y guarros ciudadanos? ¿Nadie controla quién deja estos residuos? ¿No hay servicio de Policía Local de paisano que recorra estas calles para pillar in fraganti a los incívicos y sancionarlos convenientemente? Porque un par de multas bien amplificadas por los canales oficiales del Ayuntamiento, y a más de uno se le quitarían las ganas de intentarlo.

Fotografía de Cuka Leyre

Mantener la ciudad limpia es tarea compartida entre la responsabilidad cívica de los vecinos y la gestión del Ayuntamiento, y hasta que no pongamos de nuestra parte conviviremos en una ciudad donde la limpieza brille por su ausencia, con calles sucias, sensación de abandono y una degradación progresiva del entorno que termina afectando a todos.

Nuestra ciudad podría estar, sin saberlo, en el epicentro de la mayor campaña de marketing encubierta de colchones de empresas como Flex o Pikolin

Porque, admitámoslo, tras esquivar el enésimo colchón en 3 días, como si de una gymkana urbana se tratase, tal como se muestra en las imágenes, uno empieza a plantearse seriamente si el suyo en casa ya ha cumplido su ciclo vital y merece tener compañía en la vía publica. ¿O no?

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