viernes , 3 abril 2026
Bulevar de Clara Campoamor, en Guadalajara. Fotografía de Cuka Leyre

El ciudadano de a pie pregunta: ‘¿Habrá sanciones por parte del Ayuntamiento de Guadalajara o de la Junta de Castilla La Mancha para los dueños del perro que mató a otro en el bulevar de Clara Campoamor?’

Estimados vecinos de Guadalajara, permítannos decirles que hoy nos resulta un poquito más difícil escribirles esta crónica desde esta nuestra sección en EL HERALDO DEL HENARES, por un hecho que tuvo lugar hace unos días y del que todavía no nos hemos repuesto debido al incondicional amor que profesamos por los animales en general y por los perros en particular.

Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre

Lunes, 12 de enero, poco antes de la 9,00 horas de la mañana. No hay derecho que estés paseando tranquilamente con tus perros por un barrio de la capital alcarreña, en el por todos conocido bulevar de Clara Campoamor, y uno de tus perros sea mortalmente atacado por otro, en este caso un ejemplar de raza border collie. Y lo peor es que el ataque tuvo lugar ante la frialdad y pasividad absoluta de sus dueños, que en ningún momento hicieron nada por impedirlo, según nos han confirmado los perjudicados.

No hay derecho que los dueños del perro agresor, que son los responsables legales del mismo, no hayan tomado las medidas pertinentes estos meses atrás para evitar un nuevo ataque, esta vez con consecuencias mortales.

Y es que queremos resaltar que es el segundo ataque de este perro asesino, sí, vamos a llamarle asesino, pues este mismo perro ya atacó a la misma mascota en noviembre del 2024. Mismo agresor, misma víctima, pero esta vez con fatal desenlace.

No hay derecho que los dueños de este perro se paseen impunemente a diario por la calle Margarita Xirgú de la capital, lugar donde tuvo lugar la agresión, mientras otra familia rota y destrozada sufre la pérdida de su mascota por un infortunio que quizá se podía haber evitado si los dueños del perro agresor hubiesen tomado las medidas adecuadas de seguridad.

Calle Margarita Xirgú, en Guadalajara. Fotografía de Cuka Leyre

Creo que es una situación cruel y negligente por parte de los dueños del can, que a pesar de ser un perro catalogado como ‘potencialmente no peligroso’, sí demostró serlo al matar de una mordida al indefenso perro agredido, un can de raza pomerania blanco.

Esta vez el perro agresor, el border collie, iba con correa, y, según nos han contado, desde hacía tan solo dos meses tenía chip y estaba vacunado. Pero sus dueños, conocedores del pasado agresivo del can por el anterior ataque, no han tomado las medidas suficientes para evitar nuevas agresiones, como finalmente ha ocurrido. Y es que, independientemente de la raza, un perro que ha demostrado comportamientos agresivos o con antecedentes de agresión, como es el caso, debe llevar bozal en espacios públicos como medida de precaución para evitar incidentes y proteger a las personas y otros animales. Medidas de precaución que, a la vista está, sus dueños, de forma irresponsable, omitieron.

Creemos que este hecho conlleva las oportunas responsabilidades administrativas, civiles e incluso penales, si no se cumplieron las normas (falta de bozal, correa, vacunas).

Por eso, el ciudadano de a pie se pregunta si, a pesar de cumplir parcialmente con estas normas, la más que posible negligencia de estos dueños debería ser condenada penalmente. Desde un punto de vista emocional, el veredicto es claro. Legalmente veremos qué pasa con las dos denuncias interpuestas en Comisaría de Policía Nacional por las dos agresiones y con el caso puesto ya en manos de un abogado.

Porque, ¿sabemos si este perro agresivo tenía un seguro de responsabilidad civil, que es obligatorio en España para todos los perros con la nueva Ley de Bienestar Animal, independientemente de la raza? ¿Habrá consecuencias administrativas por parte del Ayuntamiento o Comunidad Autónoma, vía sanción, para los dueños de este perro? ¿El ataque mortal de un perro a otro perro, y la reincidencia de los ataques, podría justificar el sacrificio del animal ageresor?

Lo que está claro es que en este caso y en todos similares, los dueños deben ser sancionados por su falta de responsabilidad y negligencia reiterada. Solo así aseguraremos la protección de otros animales y personas, clave para exigir un marco legal más riguroso y un cumplimiento efectivo. Recordemos que la zona del bulevar de Clara Campoamor es una zona residencial muy familiar, donde niños y perros conviven en una supuesta cultura “pet-friendly”, aunque después de estos sucesos permítannos que dudemos de ello.

La lealtad y el amor incondicional de los perros es un regalo que no todos llegan a comprender. Quizá en el fondo, no es que los perros no sean para todo el mundo, sino que no todo el mundo está preparado para recibir un amor tan puro y desinteresado.

La familia que ha perdido injustamente a su perrito es un claro ejemplo de amor incondicional, injustamente arrebatado por otras personas que no pusieron medios para evitarlo.

Por eso, desde aquí esperamos que todo el peso de la ley recaiga sobre todos los dueños negligentes de perros asesinos. ¿O no?

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